domingo 18 de marzo de 2012

Ida y Vuelta entre Talcahuano a Tomé


i

Puede que no me reconozcas;
vengo pisando de otras arenas.
Caminé desde mis propias costas
a sentir tu aire, a oír a tus gaviotas.

Y a tus niños correr,

y a tus cuerdas vibrar.

Un mismo mar nos baña
y una misma luna nos mueve.
Una misma boca mordió
nuestra tierra
saboreando nuestra sal
y nuestras distancias.

Y esa boca nos dio nombres:
Talcahuano, Tomé;
Penco, Lirquén.
Y nos prometió que seríamos únicos,
unidos en una mojada media luna,
cuyas arenas estelares
se derramaron en nuestros pies.

Y aquí estoy. Y allá. Y en el espacio sideral;
No somos iguales, pero somos uno.

ii

Y ya de noche, ya de regreso
tanto oro brilla:
como cristales, como ojos, 
como antorchas de nuestras arenas,
como los colmillos de esa boca que nos mordió
expuestos a la luz de la luna.


Puertos, ciudades costeras,
somos la cuna

de las redes
de las violetas lugas,
y esa suave voz del mar que nos arrulla,
aunque a veces nos consuma, 
es con nuestras arenas, una sola cosa.
Una.

-º-

...(todo por un perrito blanco que olió tres veces mis zapatos)...
 

El Relato de cómo casi me voy al Servicio Militar

Todo comienza con el resquemor de acercarse al Cantón de reclutamiento más cercano, sobre todo si por 4 años seguidos ya te habías sacado el SMO, y que ya ni por si acaso te llamarán. Pero así fue. Las razones psicológicas y emocionales (el ámbito de lo personal) de por qué me anoté voluntario a los 23 años, son irrelevantes en este momento. Lo importante, es el trasfondo sociocultural que pasaré a relatar.

Con cara de incomprensión totalmente comprensible, el encargado del cantón me pregunta ¿qué pasó? ¿no terminaste tus estudios? - Si, si lo hice. Terminé y estoy titulado. Simplemente quiero hacerlo antes que sea imposible. Leí por ahí que se podía hasta los 24 años. - Si, en efecto, aún puedes hacerlo.

De ese paso al siguiente, el contar que tras una irreflexiva decisión, te inscribiste voluntario para hacer el servicio militar, hubieron de pasar varias semanas, tratando de encontrar el mejor momento y los mejores argumentos, seleccionando a quiénes se enterarían primero, y un montón de otras pequeñas decisiones que se relacionarían. Para un sujeto en mi posición, 'realizado' socialmente a través de las posibilidades y del status que brinda un título profesional obtenido tras un exitoso paso por la Universidad (exitoso en tanto 'meta cumplida'), tal decisión y el hecho de 'contar' la misma, representaba una incongruencia en las expectativas culturales que se fijaron en mí. Una pieza que no encajaba con el ideal social.

Porque además, el Servicio Militar en sí, representa según el contexto una gama de sensaciones y expectativas que pueden resultar muy opuestas. Para algunos es igual a una oportunidad: la posibilidad de un 'futuro' estable y seguro puede derivarse del mismo. A otros, les es igual a una solución urbana: la forma más eficaz y la más necesaria para sacar a tanto flaite de las calles. Para otros, una pérdida inútil de tiempo. Todo según el contexto: en este caso, la significación que se le da al sujeto en cuestión.

Y yo como contexto, es claro, le dio al SMO un sentido negativo. La incomprensión se hizo notar en mi entorno directo, pese a que se aceptó en primera instancia la decisión tomada. Sin embargo, frases como 'Mira que ir a perder un año'; '¿y en qué volá te fuiste? ¿'Y para qué'? 'Mira que teniendo pega, irse para allá'; 'Y por eso renunciar'; 'está loco este otro'; y cosas por el estilo.

Cabe mencionar, que hacer el SMO influyó en parte en la decisión de dejar la pega que tenía: 'Voy a disfrutar el verano antes de irme'. Otra frase que yo mismo me decía, dando cuenta en general de la significación particular que genera el SMO.

Por cierto que lo que se dice es tan interesante como lo que no: pienso en concreto en las miradas y los silencios. Cuando se cuenta, lo primero que se nota es esa mirada de 'no entender'. Pero también cuando no lo cuentas, significa mucho más que sólo una acción que facilita la conversación. Es cierto que es más fácil mentir un par de segundos que estar cinco minutos justificándote; pero hay también un peso: yo sabía que no estaba cumpliendo con las expectativas de los demás. Había una sensación vaga de vergüenza, puesto que 'tanta gente sin pega, y él renunciando por una huevada'. Hay mucha gente a la que nunca se lo conté, para evitar los costos sociales de la confesión.

Y así llegó el 5 de marzo, fecha de presentación. Allí, el arrepentimiento ya era una sensación cercana,  pese a que aún mantenía la decisión con algunos argumentos bastante subjetivos.

A las 08.00 de la mañana en el regimiento de Concepción, pude confirmar algo que se suponía: Una gran cantidad de wachiturros, flaites y otras cosas bastante extrañas; jóvenes entre 17 y 24 años (como yo). Yo pensaba que sería rápido el trámite. Pero en realidad era mucha gente. Y hubo mucha tardanza en ciertos puntos - como el rápido manoseo de salud.

Afuera del gimnasio nos ordenaron por lugar de inscripción. Los de Conce los más; los de Talcahuano y Hualpén, el segundo grupo más numeroso. En la entrada del gimnasio donde se hizo todo el proceso de registro y evaluación, había unas galerías. Allí nos entretuvieron mostrándonos un video con las posibilidades que brindaba el ejército. Obviamente, nada negativo que pudiese hacernos desistir.

Una cosa que me llamó la atención, fue que en el proceso de consulta sobre eventuales problemas - previo al examen de salud - se preguntara sobre si 'tenía problemas sexuales'. Yo quedé extrañado y confundido por unos segundos - ¿Cómo? ¿Problemas sexuales? - a lo que el uniformado responde: 'Si te gustan los hombres pues, huevón'. Como a esa altura aún tenía algunas ganas de irme, no quise polemizar ni debatir. A mi lado, había un chico al que le estaban preguntando - Pero, ¿te has intentado suicidar, entonces?

Las cosas de la vida.

Luego de eso, la espera para el testeo médico se hizo insoportable. Una verdadera primera prueba para los 'voluntarios'. Cinco horas aproximadamente tuve que esperar en una larga fila de pie, entre los adolescentes que iban y venían, que salían y entraban, que desordenaban la fila y que olían a muchas cosas. Todo eso minaba el ánimo, el interés y las fuerzas. Antes de pasar a la carpita de los médicos, yo pensaba que ahí era posible que me dejaran afuera, por una eventual desviación de columna o de rodillas. Nada de eso. Fue un manoseo de menos de 30 segundos. Apto. Seguro, y se veía así, los funcionarios del ejército estaban también muy cansados y aburridos de tanta... 'juventud'. Sin mayor rigurosidad, no estaban preocupados de examinar detenidamente a nadie.Y de ahí, a la entrevista social.

Ya eran cerca de las 4 de la tarde. A esa hora, el arrepentimiento total me tenía dominado. Pero ¿Cómo sacármelo ya? Parecía imposible. 15 o 20 minutos después, estaba ya hablando con la asistente social. Estaba dispuesto a decir hasta la mentira más ridícula con tal de que me dejaran fuera. Y fue más fácil de lo que pareció. Por edad y por el maldito crédito universitario (que es ese momento, fue una tremenda bendición). Los 24 años parecían demasiado, pero más efectivo resultó la millonaria deuda que me dejó el estudiar una de las carreras más caras de la Universidad. 'Son entre 12 y 15 millones aproximadamente'. La respuesta la dejó pasmada. Ahí sólo tuve que decirle que ya no quería hacerlo. Más fácil de lo que parecía.

Luego de una mesa más, finalmente, quedé 'disponible': es decir, aún la posibilidad de irme existe, aunque es mínima. Salida del regimiento: 17.15 horas.

Mi última impresión con respecto al SMO: si resulta eso de despejar las calles de wachiturros y flaites. Muchos de ellos si se van. Casi todos.

Lo peor: aún quedaba un número cercano a cien cuando me fui. Creo que mínimo, el proceso cerró cerca de las 19.00 hrs.

Para finalizar, el deseo de haber realizado una completa etnografía al SMO era la razón que más me agradaba. Y por ella, aún añoro la escasa posibilidad de irme. Y por ella, escribí este relato.

jueves 15 de marzo de 2012

Burgueses infiltrados



El día 15 de Marzo de 2012, presencié la que fue la primera marcha por la Educación del año. Varios miles de personas, estudiantes secundarios y universitarios los más, se congregaron por las calles céntricas de Concepción, entre las 12 y 15 horas aproximadamente.

Ahí en Barros Arana fue obvio notar cómo las 'grandes tiendas' cerraban sus cortinas metálicas, debido a un obvio también temor al lumpen social que se abigarra a la movilización social.

Pese a que nada 'malo' nunca pasa por ahí.

La marcha finalizó ahí en la plaza de Tribunales, bien carnavalezca y alegre. De ahí muchos caminamos hacia plaza Perú, muchos ya temiendo un 'algo más': el típico juego a soldados y guerrillas, al corre que te pillo, entre pacos y encapuchados.

Y ahí, alrededor de las 15 horas, vi cómo se confirmaba una vieja teoría que yo tenía: LOS ENCAPUCHADOS SON BURGUESES INFILTRADOS EN LAS MOVILIZACIONES SOCIALES EDUCACIONALES.

Teníamos toda la calle Chacabuco para nosotros. Se había despejado y el tráfico había sido desviado. Era nuestra, de los estudiantes y de todos quienes creemos en la justa lucha por una educación gratuita para todas y todos.  Podríamos haber hecho cualquier cosa: discusión, debates, actuación, deportes incluso! Pero se nos adelantaron los burgueses infiltrados.

Burgueses infiltrados.
Sin ninguna provocación de ningún tipo, de ninguna persona ni institución, estos espías encendieron barricadas: basura, escombros y neumáticos que levantaban un humo negro que intoxicaba tanto como las lacrimógenas del Estado opresor.

(A veces, no dudo que la lucha piedra-luma es necesaria, se justifica cuando son los pacos quienes van a reprimir. Este no fue el caso).

Sin respetar ni siquiera sus propios discursos de solidaridad, quemaban y contaminaban el espacio público que nos pertenece, tanto a libertarios, conservadores, hipócritas, estudiantes, ancianos, mujeres, perros, aves y árboles...

Así mismo es como se comportan los viles dueños del capital, los empresarios cerdos y los fascistas disfrazados de demócratas, sin actuar sin verdadera solidaridad.

Para finalizar, aclarar que son burgueses porque ellos son los que le dan el pan rancio que vende la prensa burguesa; Hacen justificar cada acto de represión del gobierno burgués; reflejan todo el comportamiento de las élites burguesas: inconsecuencia, estafa, destrucción. Así actúa hoy la sociedad anónima burguesa: en conjunto, unida, en corrupta armonía, infiltrada, sin escrúpulos, sin solidaridad.

Y como dice la primera foto: "Somos tantos que no pedimos: EXIGIMOS". Yo exijo que los burgueses infiltrados dejen en paz a los movimientos sociales.

domingo 11 de marzo de 2012

Cipriano Abdul Reginaldo Tercero

Cuento creada en el marco de un voluntariado a Dichato, Febrero de 2012.
Fuente original del cuento. * en color verde, frases de la 2º edición 
LA HISTORIA DE LOS PINOS DE DICHATO 

Cipriano Abdul Reginaldo Tercero.
El más famoso de los pinos chilenos.

Había una vez un gran árbol, un pino llamado Cipriano Abdul Reginaldo Tercero. Era el más fuerte de todos los árboles de la cordillera, y el más querido por todos ellos.
Cipriano en la Cordillera de los Andes















Un día, vino de los Estados Unidos un gringo capitalista a cortar a todos los árboles del bosque - era un hombre malo, muy malo.
El gringo capitalista malvado






Entonces, cuando Cipriano Abdul Reginaldo Tercero se enteró, supo que tendría que hacer algo para ayudar a sus amigos árboles, y a sus amigos los conejos que dormían en sus raíces, y a sus amigos pájaros que vivían en sus ramas.

Fue y conversó con su padrino, el mar de Chile y le pidió que le impidiera al gringo llegar a las playas de Dichato - donde el gringo comenzaría a cortar a los árboles.

Y el mar le dijo: te ayudaré, no permitiré que el gringo llegue a Chile, pero necesito que hagas algo, y así salvarás a tus amigos.

Y Cipriano dijo: Haré lo que me pidas.

Y el mar le respondió:
Tendrás que venir y vivir en la playa, y cuidar a los niños de la aldea Nuevo Amanecer, en Dichato.
Los niños de Dichato en la playa
Los niños de Dichato aprendiendo











Entonces vino Cipriano Abdul Reginaldo Tercero a vivir a Dichato. Y el gringo malo jamás llegó a Chile
Cipriano llega a Dichato

Y ahí en Dichato, Cipriano tuvo muchos, muchos hijos e hijas, los que hasta hoy, viven con los niños de la aldea. Es así como es que hay tantos pinos en Villa Fresia. Y fueron felices por siempre.

Pinos hijos de Cipriano
Niños de Dichato

Pinos hijos de Dichato