lunes, 8 de noviembre de 2010

La Nueva Derecha... y, ¿Qué hay de nuevo, viejo?

(...) "¿Qué queremos? Que el centro-derecha sea fiel a sus convicciones profundas: un compromiso con los tres pilares básicos: primero, un sistema político estable con una democracia de verdad, con Estado de derecho, alternancia en el poder, respeto a los derechos humanos, libertad de expresión. Segundo, una economía de mercado, libre, abierta, competitiva, integrada en el mundo; y tercero, un sistema social en el que el Estado asegure a todos un mínimo consistente con la dignidad humana, y por tanto, que sea el más poderoso aliado en la lucha contra la pobreza y las desigualdades”.
Sin embargo, añade que con lo anterior no basta, porque “en esta sociedad del conocimiento hay que construir cuatro pilares adicionales: una revolución en la calidad del recurso humano, en educación y capacitación; una revolución en inversiones en ciencia y tecnología; una nueva cultura de la innovación y el emprendimiento, y una sociedad flexible para que se pueda adecuar al cambio, que es lo único constante en los tiempos modernos”.   (...)
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Una nueva derecha. Esto es similar a lo que Escalona llamaría 'una nueva Izquierda'. No conozco los fundamentos de la 'nueva izquierda', pero es similar en el sentido de un llamado a una especie de renovación en las bases y estructuras políticas-ideológicas de los tradicionales sectores políticos en que se polariza la vida política. 
Pero, hacia dónde apuntan estas renovaciones?? ¿qué refieren exctamente? ¿Será un intento de escapar de los fundamentalismos políticos más básicos? ¿o 'nuevos' derroteros de fronteras rígidas como las que hasta ahora hemos visto? ¿Son efectivamente cambios políticos, sociales, culturales, o simplemente, discursos que no transforman nada?

Me referiré sólo a la construcción de esta 'nueva derecha' por falta de antecedentes de la otra. Como lo diría Buggs Bunny, "mmm... ¿Qué hay de nuevo, viejo?". Piñera en su discurso habla de 3 pilares básicos: 1. un sistema político estable; 2. una economía de mercado; 3. un sistema social con un Estado protector. A esto, se suman otros 4 pilares: educación 'del recurso humano', inversión en ciencia y tecnología, una 'cultura' de innovación y emprendimiento, y una sociedad flexible al cambio. 

En principio, esta nueva derecha, no tiene nada de nuevo. El discurso coincide con lo vivido y oido incluso por los gobiernos de la concertación (en el caso de que esta última, no sea de derecha). Se trata de un discurso que por un lado, mantiene un statu quo (es decir, mantiene la línea), y por otro, intenta cambiar ciertas variables anexas, con el fin también de mantenerlo. Porque al hablar de 'educación del recurso humano', estoy seguro de que no habla de artistas, deportistas o de microempresarios, sino de un aumento en la división del trabajo a través de la especialización y funcionalización de la sociedad, adaptando los antiguos modelos fordistas o toyotistas (ver http://es.wikipedia.org/wiki/Toyotismo), con sus implicancias y consecuencias. Esto, combinado con su nueva 'cultura de la innovación y el emprendimiento', es claramente un indicador que excluye a ciertas profesiones u oficios, además de ciertas formas de hacer y de ser profesionales. Es un discurso principalmente empresarial, lo que no es malo desde un punto de vista de juicios de valor o de intención, pero sí es excluyente de, por ejemplo, el pequeño artesano (el de verdad), el jardinero que conoce técnicas dadas por el conocimiento y la práctica, y otros, así como discriminar exactamente ese tipo de conocimiento y su difusión por vías informales. Yo no creo que el gremialismo piense en conocimiento adquirido, sino en capacitación formal en institutos acreditados, lo que no es malo si estos últimos son de calidad, pero, como he redundado, esa 'cultura' buscada es excluyente.

1. Sistema político estable. Con esto, al parecer, se refiere a una mantención del centralismo y de un sistema de elecciones que mantenga en el poder a los grupos más poderosos - binominal - además de otras leyes que proscriben movimientos políticos ciudadanos 'sin representación' e impiden su formación formal a través de rígidos requisitos. En ninguna parte, Piñera - o Hinzpeter - hacen referencia al rol que pueda o no cumplir la ciudadanía en el articulado de este sistema, o de los otros pilares; es más, ni siquiera es mencionada. La libertad de expresión, incluida en este sistema (y no en el pilar social) es claramente para la 'nueva derecha' un privilegio político, puesto que, como se sabe, son grandes conglomerados los que manejan la mayoría de los medios de comunicación; los pequeños empresarios, y los regionales, los canales o periódicos, por lo general, no tienen el suficiente impulso legal o financiero para expresarse y llegar a más público.


2. Una economía de mercado. Esto está claro, y me parece que es compartido incluso por la 'nueva izquierda'; esta economía, heredera de las primeras estructuras dejadas por la dictadura militar, y profundizada por la Concertación, ha permitido la depredación de nuestros recursos, y la destrucción de ecosistemas naturales y humanos, por así decirlo.


3. Un sistema social basado en el Estado protector. A todas luces, basado en la asistencia social, o también aparejado, o estrechamente vinculado, con el crecimiento macroeconómico. Es decir, la erradicación de la pobreza y la igualdad de oportunidades en este sistema social, pasan exclusivamente por el buen funcionamiento de la economía de mercado (la que hasta ahora ha funcionado pésimo, desde mi perspectiva), no centrándose en la eliminación de la exclusión, de la discriminación, en la  inclusión de minorías, en la estatización de la educación y su gratuidad, eliminación de los monopolios en servicios sociales de uso público (telecomunicaciones, tecnología, principalmente), o en la democratización de la ciudadanía, eliminando la 'modernización compulsiva' (Bengoa, 1996, la comunidad perdida), por una verdadera modernización social, que permita e impulse un efectivo cambio cultural y social.


En definitiva, la 'nueva derecha', de nuevo, no tiene nada, es más de lo mismo, no representa más que una renovación de un discurso que esconde al mismo sistema en el que aún estamos metidos. 

viernes, 5 de noviembre de 2010

LA COPIA FELIZ DEL EDÉN, O EL GRAN DISFRAZ DEL DIABLO

La Biblia dice clarito: la astucia del diablo es tal, que puede disfrazarse de ángel de Luz, con tal de engañar a los santos (2ª Corintios 11: 13-15). Y puede ser, que tras las bellezas que nuestro Chile nos muestra, se oculte un feroz demonio llamado ‘desigualdad’, el que de una u otra manera, ha poseído nuestra vida social, excluyendo a cualquiera por cualquier motivo, desconocido para la conciencia humana, oculto para la ciencia occidental practicada en el país, conocido sólo por esas esferas demoníacas. Sólo, puede ser. Porque la verdad, es que estoy convencido que NO es un demonio el que genera desigualdades, sino nosotros mismos. Es fácil echarle la culpa a ‘OTRO’, como lo hicieron Adán y Eva. Podríamos decir que es culpa de los políticos: una verdad a medias, porque es lo mismo, es echarle la culpa a una figura desconocida, sin nombres ni apellidos. La desigualdad del país es culpa de todos: todos, usted que lee, y yo que escribo, somos responsables de alguna u otra manera (además claro de los políticos y los demonios, si es que no son lo mismo), de lo que enfrentamos diariamente. Y lo peor es que nos hemos hecho dependientes de un sistema que excluye, que discrimina, que favorece a muy pocos y aplasta sin misericordia a la mayoría. Lo hemos sacralizado – al sistema – a tal punto, que parece que fuese una ley natural (como la gravedad) o una ley divina, algo que no puede ser cambiado ni desecho.

Es que hay que comprender: los sistemas sociales son hechos por humanos; imperfectos y estúpidos, no hay nada que juzgar con respecto a eso. El problema es cuando esos sistemas generan esclavitud, miseria, violencia y exclusión. Y más problemático aún, es la imposibilidad que esos esclavos, esos miserables, esos violentados y esos excluidos puedan darse cuenta de lo obvia que es la realidad. Y lamentablemente, estoy hablando de Chile. Y lamentablemente, también de Talcahuano.

Es que estoy aburrido, hasta el cansancio, de ver a Chile sumido en la injusticia, la desigualdad y la exclusión,  y más aún de ver cómo los ciudadanos no quieren darse cuenta, ni hacer nada por cambiar este sistema de patrones y esclavos. Aburrido de ver cómo, la Concertación y la Alianza por Chile, por años, tras la farsa de la 'vuelta' a la democracia, no hicieron más que convertir a la población en consumidores adictos al dinero, a la mentira, a la desinformación, a la 'modernización compulsiva' de la que nos habla José Bengoa, en tanto esto implica adicción a la materialidad de la modernidad, sin importar las relaciones sociales entre los esclavos. 

No es posible que Chile, un país potencialmente riquísimo (estadísticas indican que podríamos estar dentro de las 10 naciones más ricas del mundo), esté empobrecido porque unos muy pocos ‘compatriotas’ quieren verse favorecidos, entregando nuestros recursos naturales a extranjeros (como el cobre, el agua, o las tierras)

No es posible que en Chile, los recursos financieros se distribuyan a nivel central, impidiendo que las regiones utilicen el dinero que generan por si mismas para su propio desarrollo.

No es posible que en Chile, con la excusa del desarrollo y del bien común (que en realidad, no se busca nunca) se destruyan ecosistemas y se pase por encima de comunidades con derecho a decidir sobre su entorno (como el robo histórico de las tierras mapuche, pero además, hablo de la atrocidad de Hidroaysén en el Sur, de Pascualama en el norte, la pesca de arrastre industrial en el mar)

No es posible que en Chile, las personas estén impedidas de decidir adecuadamente a sus representantes (el sistema electoral binominal es una estafa electoral) y de ejercer adecuadamente su ciudadanía (inexistencia de plebiscitos, inutilidad de juntar firmas para crear o vetar proyectos de ley, imposibilidad de interpelar a parlamentarios malos). Y peor aún: que no podamos saber lo que cada comisión parlamentaria discute al crear proyectos de ley. A algún diputado o senador fascista, apoyado por gente a la que le interesa mantener desinformada a la población, se le ocurrió la grandiosa idea de impedir el acceso público a la información de los argumentos dados en cada instancia legislativa. Y muchos otros, apoyaron la idea.

No es posible que en Chile, haya espacios públicos, a los que la población no puede acudir porque hay gente poderosa que se opone: Hablo de las playas, pero también de muchos otros espacios de los cuales estamos excluidos por lo costoso, entre otros factores.

No es posible que en Chile se tenga sumida a la población en la ignorancia, en la imposibilidad de no entender lo que se lee por causa de un absurdo modelo de educación que privilegia bajos costos, permitiendo lucro excesivo y casi estafador, y mala calidad de la educación, sobre todo, en los sectores más pobres del país.

No es posible que en Chile, no tengamos opción de elegir mejores servicios, que no haya competitividad, y que sólo haya monopolios por todos lados, y que esos monopolios siempre pertenezcan a los mismos, y que la ciudadanía-consumidora  no pueda saber quienes son esos privilegiados, a pesar de ser pocos.

No es posible que estas realidades sean imposibles de cambiar. No es posible que nuestras conciencias no puedan comprenderlas. No es posible que no tengamos el valor para movilizar esas conciencias y sus cuerpos para vencer al sistema que nosotros mismos, paradójicamente, hemos creado y legitimado. 

Quiero un Chile justo, verdaderamente solidario, informado, y con poder ciudadano.