Sobre la funa web
Antes que nada, debo tener cuidado con lo que escriba, ya que podría despertar la ira de las masas rebeldes cómodamente sentadas mientras tuitean, comparten cadenas, o comentan el asco que les produzco.
No es fácil ya navegar, deslizarse por la red. Su increíble función integradora, fortalecida por cada vez mayores facilidades de acceso está tomando giros extraños en los últimos tiempos, conformando hoy por hoy una gama cada vez más concreta de lo que es aceptable, de lo que es moral, de lo que es ético, de lo que es tolerable: un otro tipo de integración, quizá. Y todo aquello que salga de ciertos parámetros, no sólo es rechazado, sino que es brutalmente rechazado. No se trata ya de argumentación, contraargumentación, puntos, debate. Es a todas luces linchamiento, especialmente violento a partir del tipo de lenguaje que se utiliza para hacer ver lo errado de determinada actitud, determinado pensamiento, determinada actuación. Este lenguaje, sumado a la pésima calidad de redacción, ortografía y vocabulario, no hacen más que generar en muchos casos una gritería visual.
El juicio crítico a la forma está hecho. Sin embargo, debo reconocerle un gran mérito a toda esta horda de funas web. Usualmente la gente habla y escribe, opina y se expresa sin ningún tipo de freno. Mucho menos genera una reflexión mínima de las cosas sobre la que opina. Muchas hacen juicios críticos de las actuaciones y palabras de los demás sin hacer una mínima autocrítica a sus propias actuaciones y palabras. Al final, tenemos una masa de gente que no piensa antes de hablar, totalmente hipócrita, totalmente incapaz de tener estándares aceptables de empatía y altura de miras.
En este contexto, cualquier tipo de suceso o práctica, por muy grotesca que sea (si, grotesca como las funas web), que contribuya a que la gente se detenga a pensar un poquito respecto a lo que piensa, opina, expresa: habla o escribe, etc., es completamente positivo.
En este sentido, las funas web son como las alarmas o las cámaras en caso de asaltos. Lo más probable es que ocurran igual, pero los delincuentes lo piensan mejor ante estos elementos disuasivos. Eso es lo que son las funas web: un elemento disuasivo a la inconsistencia e inconsciencia popular de nuestra gente.
¿Son la solución a este grave problema? No, claro que no. Hace falta mucha educación, demasiada quizás como para generar un verdadero cambio a la forma en que, no sólo debatimos, si no que a la forma en que finalmente nos relacionamos y entendemos unos con otros. Por ahora, y pese a las horrendas formas que a veces toma, prefiero asumir que son una contribución a nuestra vida social.
<<... Atrévete, quémame ahora, entra en mi canto, sube por mis venas, sal por mi boca. Ahora sabes que no puedes conmigo: yo te convierto en canto, yo te subo y te bajo, te aprisiono en mis sílabas, te encadeno, te pongo a silbar, a derramarte en trinos, como si fueras un canario enjaulado...>> (Oda al fuego, Pablo Neruda).
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lunes, 6 de agosto de 2018
domingo, 27 de mayo de 2018
Día del patrimonio: Una pregunta sobre el legado heredado y legado por heredar
Este domingo 27 de mayo, y como cada
año desde hace un tiempo en estas fechas, se conmemora el día del
patrimonio cultural en Chile.
Como suele suceder en Chile, la mayor
parte del tiempo se realizan acciones sin mayor reflexión. El año
2017, se estimó la realización de 1080 actividades relacionadas en
el país, y casi dos millones de participantes. Este 2018, se
registraron más de mil quinientas actividades y faltaría ver la
cantidad de personas que participó en total. Sin embargo, acá vale
la pena preguntarse cuánta de esa gente, de esos casi dos millones
de personas realmente logran hacerse una idea de qué es patrimonio.
Menos aún, asumo yo, habrá gente que llegue a problematizar el
concepto.
Hasta aquí, el tratamiento que se le
puede dar tiene que ver con la historia, la antigüedad, los
edificios, los apellidos pioneros, el renombre de algo o alguien. La
UNESCO da una definición asociada a la riqueza no económica de los
pueblos que es heredada y, por ello, acumulada desde antigua data.
Dicho así, es obvio que patrimonio tiene que ver con la Cultura de
una sociedad, es decir, y desde un enfoque semiótico, aquellas
relaciones que dotan de significado al hecho de que un grupo de
personas convivan juntas.
Sin embargo, lo que en estas fechas se
celebra – creo yo – está más relacionado con una cierta
idolatría de aquello que parece adecuadamente antiguo, de aquello
que parece estéticamente apetecible, de eso que tiene un apellido
ilustre, y de aquellas fachadas aristocratizantes. Una cultura de élite
que no exactamente tiene que ver con el significado de convivir
juntos. Cabe destacar aquí que a mí personalmente me gusta la
Historia como disciplina (y como insumo de análisis social), el arte
y la museografía, no tengo nada en contra de todo ello. Pero esta
forma actual de plantear el patrimonio a mi me provoca más bien un
crítica acerca de los alcances y objetivos originales con los cuales
aquellos bienes susceptibles de idolatría se crearon, en primer
lugar.
Siempre me hago la pregunta respecto al
costo social, económico, ambiental y cultural que significó la
construcción de determinado edificio, la llegada de determinado
artefacto, o la primacía de determinado apellido. No pretendo
ponerme odioso al pensar cómo es que muchas armas o cañones que hoy
se exhiben como patrimoniales fueron utilizados para la
'Pacificación' de la Araucanía, o sobre cómo fue que llegaron las
famosas iglesias a la Isla de Chiloé habiendo primero que acabar con
la espiritualidad indígena, o acerca de la riqueza y fama acumulada
por Julio Popper luego del genocidio selknam. Pero la pregunta sobre
el legado que estamos hoy nosotros dejando al futuro es una que al
parecer no tiene trascendencia colectiva. Nada, absolutamente nada
estamos diciendo sobre el resultado de la intensa extracción de
recursos naturales que generan la riqueza y la construcción y
establecimiento del futuro patrimonio: ninguna mención a los bosques
que ya no están, a los ríos secos, a la circulación en el ambiente
de material y residuos radioactivos, o a la gran biomasa (flora,
fauna, tierra fértil, glaciares y reservas de agua dulce) que ha
sido destruida por nuestro ritmo cultural y nuestra forma de darle
significado a la convivencia social basada en el plástico, el
consumo, la comodidad. Estos mismos resquemores los hago presente y
deben funcionar como advertencia al futuro, ya que la actividad
humana es incesante y todos los días se está construyendo un
patrimonio: una herencia cultural cuya idolatría se proyecta a
veinte o treinta años adelante.
Como Bonus especial, dejo acá una nota de El País de España sobre cómo es que hemos afectado nuestro entorno los seres humanos: ¿Qué significa salir del Holoceno y estar en el antropoceno?
martes, 2 de junio de 2015
El Estado Terrorista me ganó
El Estado Terrorista me ganó.
El Estado terrorista infunde miedo a través de sus prácticas cobardes e impunes.
El Estado terrorista me atemorizó lo suficiente como para acatar su orden.
El Estado terrorista me ha amenazado mucho tiempo. No tuve más remedio que someterme
El Estado terrorista me inscribió en la lista de sus hijos normales. Pero me amenaza con borrarme si dejo de obedecer.
El Estado terrorista me dice: "No tienes derecho a sentirte bien sino haces lo que te digo"
El Estado terrorista me ha obligado a soportar horrorosos dolores de espalda y rodilla. Por ser pobre, e independiente, no tengo forma de acudir a los curanderos locales. Antes debo doblar mi bolsillo e inclinarme a sucios dioses de papel y cobre que imponen a la fuerza sus sanguijuelas en mi cuello.
El Estado terrorista me fuerza a regalar el fruto de mi trabajo a esas oscuras sectas: agujeros sin fondo, pútridas y hambrientas. Me quiere dentro de la cueva de Alí y sus cuarenta. Quiere que yo también justifique su cobardía y su impunidad.
Hoy me rendí. Entregué dinero a una Afp. Por fin podré ver un médico que me ayude con este maldito dolor de espalda.
El Estado terrorista amenazó mi bienestar. Me violentó con su ley. Me obliga a rendir tributo y pleitesía a una Afp para poder gozar de un poco de salud, la que además también debo pagar.
No tendría problemas en pagar, con un vago sentido de colaboración, por el sistema de salud público. El problema está en que he justificado con mi acción, basada en el miedo, la alianza mercantil del Estado Terrorista con desconocidos grupos de acumulación de la riqueza. Alianza que disfrazan de necesaria, adecuada, e incluso beneficiosa para mí.
¿Qué pasaría si mañana me accidento? ¿O si me muerde un perro con rabia? ¿O si el hijo de un congresista me atropella? ¿O si me apuñalan por unas chauchas? ¿O si me pega el guanaco? ¿Cómo podría pagar un tratamiento, si estoy "fuera" del "sistema"? ¿Y si le sumo una precariedad laboral absoluta, al menos en mi caso? Terrorismo es el conjunto de aquellas acciones destinadas a infundir temor en la población. Hoy demostré que temo por mi vida. Temo por mi espalda. Por mi integridad física. Ese temor no proviene de mí. Proviene de la amenaza del Estado Terrorista. "Si no das tu plata a la "Administradora", morirás sin remedio".
Hoy me volví un poco más normal. Hoy estoy un paso más cerca de las expectativas de mi sociedad occidental. Hoy veo con un estúpido optimismo el fin al dolor de espalda. Soy un poco más "alguien".
Maldición. También un poco más cobarde. Un poco más absorbido por el miedo que el Estado Terrorista me infunde. Espero valga la pena.
domingo, 31 de mayo de 2015
Asamblea Constituyente: Respuestas a S. Soto y J. Charney.
Asamblea Constituyente: respuestas a Soto y Charney.
Contexto:
2. http://www.elmostrador.cl/opinion/2015/05/15/no-hay-trampa-en-la-asamblea-constituyente/
3. http://www.elmostrador.cl/opinion/2015/05/29/la-trampa-de-la-asamblea-constituyente/
3. http://www.elmostrador.cl/opinion/2015/05/29/la-trampa-de-la-asamblea-constituyente/
He leído recientemente un diálogo abierto entre los
profesores de derecho Sebastián Soto y John Charney, quienes debaten sobre
posibles trampas bajo la consigna AC. Hay dos preguntas que parecen ser
inquietantes para Soto, y que Charney busca responder, aunque no adecuadamente
para mí. Luego, hay otra columna de respuesta desde Soto.
Para comenzar debo decir que soy partidario desde hace mucho
de una AC. Desde que estaba en tercero medio aproximadamente, año 2004, creía
intuir que el problema de Chile era constitucional y que ese cambio debía
solucionar gran parte de nuestras problemáticas sociales. En ese tiempo era un pensamiento
aislado, sin ninguna inscripción a ningún tipo de ideología clara o partido político,
si bien siempre tendí a lo que se conoce como centro izquierda. Hoy milito en el Partido Progresista
Dicho eso como presentación, hay una cosa que concedo a
Sebastián Soto: la izquierda suele tener pensamientos utópicos; pero lo que es
peor, es que esas utopías son pensadas ausentes de complejizaciones. Es decir,
y tal como dice Soto, “sus partidarios la presentan como un ejercicio deliberativo sin contratiempos
en el que todos concurriríamos pacíficamente a expresarnos en libertad”.
Construir una AC será un ejercicio complejo si llega a darse, ya que, si es
como la proponemos, debería ser representativa en extenso. Y Chile es demasiado
diverso en muchos sentidos, y no hay razón para impedir que minorías legítimas
sean parte de esta Asamblea, siendo ello fuente de conflictos y debates que,
eventualmente, impidan alcanzar acuerdos que a mí, como ciudadano adscrito a la
izquierda, me gustaría alcanzar.
Esta
afirmación, es el primer abordaje ante la pregunta del sistema electoral de los representantes
constituyentes. Para integrar la diversidad, me parece que deben asegurarse
cuotas de participación por género, pueblos originarios, juventud, adultos
mayores. Pero más importante, una cuota mayoritaria para ciudadanos sin
militancia política, ya que esta característica es transversal. Según datos de
una nota de emol.com, hasta 2012 sólo poco más del 5% de la población chilena
militaba en un partido político. Esto deriva en que la fórmula para escoger al
cuerpo de una AC debe ser proporcional.
El
problema es que tanto Soto como Charney, asumen que los sistemas propuestos
(proporcional, mayoritario) conocidos como son hasta hoy en día son adecuados.
No podemos volver a lo que fue el binominal; tampoco creo que un sistema de
listas sirva. En definitiva, hay que buscar otra cosa. Otro sistema que cumpla
con el requisito de la representación, sin caer en la anulación de las mayorías
reales.
Cabe
recordar que esta Asamblea debe tener muchas otras restricciones, en la búsqueda
de ser legítima y representativa. Ya que se ha criticado la forma de
construcción de la actual Constitución, la AC no puede convertirse en una
extensión de la élite política y económica. Tiene que surgir de ciudadanos
limpios sin intereses particulares. Ningún representante en esta Asamblea
debería poder ser candidato a ningún cargo de elección popular en el futuro,
incluyendo espacios de representación en gremios o sindicatos. Esto disminuye
la tentación de poder que pueda surgir en un representante de la AC, asegurando
una mayor legitimidad ética.
Respecto
al funcionamiento del Congreso, hay que apuntar que no es necesario esperar una
situación de crisis extrema, de guerra civil o de grave corrupción generalizada
para recrear las reglas democráticas. En Chile lamentablemente es
característico que ocurran reacciones ejecutivas y legislativas ante tragedias:
se espera que pase algo grave para actuar. Esto deriva en leyes ambiguas con
muchas falencias.
En
otras palabras, el Congreso puede funcionar en paralelo. No es la idea entregar
al país a un órgano todopoderoso, sea este ejecutivo o constituyente, como la
última vez en donde un solo órgano gobernaba y legislaba. La única situación en
contra de esto es el costo económico que puede surgir al costear una asamblea
legislativa y una asamblea constituyente. Por esto, el tiempo de funcionamiento
de la AC debe ser limitado.
Se
equivoca Soto al asumir que el Congreso es el espacio adecuado para reformular
la Constitución y las reglas democráticas. Actualmente, éste no representa ni a
la mitad de la población en edad de votar. Su nivel de representación de
mujeres y pueblos originarios es bajísima, y el cuestionamiento ético que tiene
es a todas luces profundo. La única manera de fortalecerlo (como solicita Soto)
es transformándolo en un nuevo espacio democrático, bajo nuevas reglas y bajo
nuevos parámetros éticos, originados bajo un nuevo marco constitucional. A
muchos millares no nos interesa que quienes han estado por más de 20 años en
los sillones del parlamento se perpetúen y consigan apoderarse de la nueva Constitución;
la AC se pide precisamente como espacio de participación para quienes han tenido
pocas instancias de expresión y, lo que es más profundo, de decisión.
Finalmente,
no hay razón para creer que la AC, por tener el sólo nombre la hace especial y excepcionalmente
más democrática que otro mecanismo. Pero tampoco hay razón para creer que una
AC no pueda ser una vía institucional. Ante todo, son las reglas y las
condiciones que se le impriman a la AC las que la harán diferente: legítima y
representativa. Y lamentablemente (a mi parecer) ninguna regla hará del actual Congreso
legítimo y representativo para construir una nueva Constitución.
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miércoles, 20 de mayo de 2015
Chao al 21 de mayo
¿21 de mayo?
El día de las glorias navales es extrañamente simbolizado a
través de una derrota. Esto me hace preguntarme sobre el legado de Prat en el
día de hoy. ¿Qué es lo que se nos ha enseñado? ¿Cuál es el valor que se
reproduce cada 21 de mayo? ¿Patria? ¿Heroísmo? ¿Locura? ¿La mejor de las
derrotas?
La batalla naval de Iquique es parte de la aventura bélica
del pacífico, guerra que nos enfrentó por segunda vez a Perú y Bolivia; esta
vez, disfrazando de patriotismo la manipulación transnacional de ingleses y
norteamericanos sobre el salitre. Quienes disfrutan echando en cara su
fanatismo nacional alegarán que la guerra fue provocada por bolivianos, que
insultaron a Chile, que querían robarnos, que ganamos la guerra, etc., y que
yo, soy un vende patria, traidor, etc.
Sin embargo, mi punto es que en realidad no hay mucho que
celebrar ni conmemorar. Menos para hacer feriado de este día.
Ni como valor patrio ni como gloria naval.
El fanatismo ciego llevó a Prat a sacrificar a un grupo de
marineros sin ninguna posibilidad de nada. Yo comparto las palabras de Sócrates,
cuando dice “preferir la muerte que la esclavitud”, pero lamentablemente en el
caso de la famosa guerra del pacífico, había solo intereses comerciales en
juego. Miles de chilenos, peruanos y bolivianos muertos por el control de los
recursos que beneficiaban a sólo unos pocos. En Chile, cuando surgió un
presidente que buscaba aprovechar bien la riqueza mineral del salitre, terminó
en medio de una guerra civil que fue apoyada por la misma armada que pintamos
tan patriótica. El salitre siguió beneficiando a unos pocos, y esos pocos
continuaron usando a los militares cuando, por ejemplo, hicieron masacrar a los
obreros huelguistas en la Escuela Santa María… ¿de dónde? De Iquique, del mismo
lugar en donde se inscribe la gesta de los esmeraldianos.
¿Cuándo será el día que cambiemos este feriado? Propongo,
por nombrar algunos, el 7 de abril, fecha de nacimiento de Gabriela Mistral; o
el 12 de julio, nacimiento de Pablo Neruda; y qué tal el 10 de diciembre, fecha
que conmemora la entrega de los Nobeles a ambos, en 1945 y en 1971. Esos son
verdaderos triunfos. Ahí hay verdadero patriotismo. Dejemos a Prat en los
billetes azules y olvidémonos del 21 de mayo.
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domingo, 22 de junio de 2014
Defensa Pública a la Estupidez Chilensis
Defensa Pública a la Estupidez Chilensis
A través de este medio quisiera hacer pública la defensa hacia los poco agraciados compatriotas que invadieron el Maracaná, el pasado miércoles 18 de junio, con ocasión del partido de Chile contra España para el mundial de fútbol de Brasil.
La historia y sus consecuencias son conocidas. Conocida es la condena nacional e internacional que se ha generalizado en torno a 88 chilenos delincuentes, cuya vandálica pasión ha ensuciado la imagen de nuestro país. ¿Por qué simplemente no pueden atenerse a comportarse como europeos de primera línea, a sujetos acorde a su capacidad de consumo que les ha permitido llegar hasta las tierras de la samba y el fútbol? ¿Por qué tienen que dejarnos mal parados? ¿Por qué tienen que echarnos al agua a los demás, que hemos sabido aparentar todos nuestros traumas culturales ante los ojos del mundo?
Mucho se ha dicho sobre lo que merecen estos individuos connacionales. Y ya que todos compartimos la condena, me parece que también alguien debe hacer una defensa a la actitud y comportamiento de estos (mal llamados según algunos) hinchas.
De partida: ¿Qué ha influido tan profundamente en estos chilenos que los llevó a estar encerrados en un bus policíaco, con la grave amenaza de podrirse en el sistema carcelario brasileño, tanto o más colapsado que el nuestro? ¿La pasión? ¿Desesperación? ¿Falta de o mala Educación o Cultura? ¿Patriotismo? ¿Agallas? Nada de esto. O tal vez un poco de todo eso. Pero principalmente creo que es un factor que de verdad espero no sea genético: La Estupidez.
La estupidez es un rasgo humano. Está presente históricamente desde que el homo sapiens llegó a la categoría "superior" de 'ser humano'. No importa el alto grado de nuestra ciencia o conocimiento, de nuestra moralidad o solidaridad. La estupidez es propia, ineludible e inseparable de nuestras sociedades.
Pero mucho me llama la atención que en nuestra sociedad chilena esté tan pero tan generalizada y tan a flor de piel. Espero no ofender a mis compatriotas porque, como chileno también, me siento tan solidario y parte - casi complice - de este mismo rasgo.
En primer lugar, y partiendo por lo más básico: ¿ Cómo cresta se te ocurre ir a Brasil sabiendo que la posibilidad de entradas para ver un partido es tan ínfima, que llega a ser más factible sanar de un cáncer terminal?
Lo segundo, ¿Qué te hace pensar que pasarte por la raja el sistema de pago de entrada allá va a ser igual de fácil que no pagar el pasaje del transantiago acá? En este país, muchas conductas delictivas son muy fáciles de superar con éxito y sin mayores consecuencias: conducir ebrio, meter bombas de ruido a los estadios, contribuir a la reducción de objetos robados, vender alcohol o cigarros a menores de edad, destruir las calles y plazas y ventanales con cada marcha, abandonar perros en la calle, lucrar con la Educación, cobrar intereses exorbitantes de forma unilateral, tener malas remuneraciones y horribles condiciones de trabajo, coludirse en los precios de pasajes o fármacos, concentrar los medios de comunicación o la generación de la energía eléctrica o la administración de las pensiones, o la democracia misma, etc. Todas estas conductas delictivas, o casi delictivas, no tienen mayor sanción ni legal ni social: Pero esto NO SIGNIFICA que en otros países sea igual.
Tercero: ¿Qué te hace pensar que la FIFA es distinta a la ANFP? Es cierto, la ANFP ha privatizado al fútbol chileno, con su mierda de canal CDF, sus precios de entrada a eventos deportivos excesivamente caros, y sus sistemas de torneo ultra pencas. Cada una de estas "innovaciones" ha sido aceptada por todos nosotros, pero lo que es peor: ha sido legitimada por nuestra estupidez al comprar la cajita, la conexión y pagando la 'nueva forma de ver el fútbol', como si fuera el manjar de nivel que se muestra los fines de semana, transformando también al deporte rey en un negocio lucrativo.
Y bueno, la Fifa por su parte no es igual a la ANFP. ES INFINÍTAMENTE PEOR... ¿Creíste hincha chileno que te iba a tener consideración a ti, maldito sudaca? Definitivamente eres más estúpido de lo que pensaba.
A todos esos hinchas, a los 88, les digo: debieron haberse quedado a ver el mundial acá en Chile. Acá nos salimos con la nuestra: quemamos buses, le pegamos a los chóferes, ensuciamos las plazas con papeles, vasos plásticos, botellas de vidrio, orina, fecas y semen. La hicimos toda - otra vez.Es que sólo acá, sólo entre nosotros comprendemos y aceptamos la estupidez. Es nuestro mal y nadie lo sabe. Yo sospecho que está en nuestro adn, pero no he hecho ninguna investigación científica para confirmarlo. Sólo constato lo observado: somos muy estúpidos por vivir en este país y aceptar todas las huevadas que hacemos. Es nuestro mal social, nuestro trauma cultural. Es de todos, no únicamente de ustedes. Lo hemos creado y legitimado. Desde hace ya unos 40 años, en donde nos acostumbramos a resolverlo todo con golpes, con violencia, con represión, con lucha, con neumáticos quemados, con amenazas, con dinero, con trampillas, con triquiñuelas y vacíos legales, con capuchas, etc..
Y bueno, para ocultarlo, tuvimos que apuntarlos con el dedo, ya saben, hay que aparentar un poco. Vuelvan pronto, se les extraña, siempre nos hacen falta estúpidos como ustedes. Nunca somos ni seremos suficientes estúpidos en este país.
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miércoles, 14 de mayo de 2014
La cultura como factor en la práctica del aborto
La cultura como factor en la práctica del aborto
El día 13 de mayo nos sorprendió la noticia de la adolescente de 17 años que realizó un aborto clandestino con graves consecuencias médicas para ella. Un empuje a escribir mi posición sobre el aborto.
http://www.biobiochile.cl/2014/05/12/con-riesgo-vital-permanece-una-menor-de-17-anos-a-raiz-de-un-aborto-en-la-reina.shtml
Sin embargo, debo decir que hace tiempo ya quería escribir sobre esto, y un detonante fuerte, fue haber escuchado la entrevista al grupo Acción Familia en la radio. Acá el link de esa entrevista:
http://www.accionfamilia.org/temas-polemicos/aborto/entrevista-accion-familia-responde-cuestiones-sobre-el-aborto/
Esta perspectiva es la base del siguiente escrito.
Mi contexto:
Debo decir además, que he sido criado en una familia de orígenes evangélicos. Por mucho tiempo me sentí muy cristiano, adoptando las posturas, pensamientos, discursos de la fe y valores, muchos de los cuales son similares al grupo Acción Familia. Incluso durante cuatro de los cinco años de universidad, participé activamente en el grupo evangélico universitario Águilas. Por lo tanto, comprendo desde dónde se posiciona Acción Familia, y la población cristiana en general, y respeto aún esa posición, puesto que mis padres aún adscriben a ella.
De hecho, pese a que mi vida, pensamiento, práctica y discurso ha cambiado de manera sustancial, siento que aún muchas veces sigo con ciertas ataduras de pensamiento y prejuicio sobre ciertas materias, como por ejemplo, el aborto.
Y, para ser sincero, pienso aún que el aborto es una práctica de muerte o asesinato, o como quieran llamarlo. Sin embargo, mi posición se ha relativizado por las razones que daré a continuación.
¿Aborto sí?
El aborto como práctica cultural/social/médica, es histórica, entremezclada con la figura del infanticidio, la muerte de los recién nacidos. Como buen ex-cristiano, aún recuerdo las grandes matanzas de niños (abortos + infanticidios) que buscaban acabar con los futuros salvadores Moisés y Jesús. En la actualidad, muchos países han legislado al respecto, y muchos otros no, entre ellos Chile, el cual penaliza esta práctica con años cárcel (como mínimo, una persona podría estar poco menos de año y medio en la cárcel). Si bien existe la interpretación de salvar la vida de una madre embarazada aún cuando el tratamiento conduzca a la muerte del feto, no existe claridad suficiente en la ley.
Concuerdo con los cristianos que están en contra del aborto: La vida es sagrada y hay que defenderla y cuidarla. Este es un valor que se comparte casi universalmente, por muchas religiones e incluso agnósticos y ateos, diría yo, comparten esa visión. Sin embargo eso no es suficiente, ya que día a día, miles y millones son asesinados por diversas razones y a través de diversos medios. La muerte es una realidad de la vida, inevitable; obviamente, no es lo mismo morir de anciano, por enfermedad, por un balazo, o abortado. Y si bien la práctica de asesinar es penada y condenada en todos lados donde hay un código penal, hay algunas excepciones y situaciones que vale la pena considerar.
Ejemplo 1: los fanatismos radicales que concluyen en kamikazes. Los japoneses u orientales que honraban a otros (la familia, la nación) a través de su muerte, o los musulmanes suicidas que creen que sirven a Dios inmolándose por su causa, confiando en eternas recompensas por ello. Ahí no hay accidente ni enfermedad: hay una manipulación cultural en la conciencia particular del kamikaze.
Ejemplo 2: Los fanatismos de santidad. Desconozco si aún se llevan a cabo, pero en la Biblia hay abundante ejemplos que dejan ver que la legislación de la época permitía asesinar a otros si se constataba algún pecado grave. Por supuesto que los judíos no eran los únicos que lo hacían, no me tomen por antisemita, no lo soy. De hecho, árabes e hidúes también han practicado lo mismo, cuando la mujer es "sorprendida en adulterio", o cuando hay sacrilegios al matar una vaca.
Ejemplo 3: La pena de muerte moderna se practica en países como Estados Unidos, en varios estados. Ahí se mata a criminales tanto como en el caso anterior; la diferencia es que el juicio moderno incluye un "debido proceso" y la vía de muerte se ha vuelto un poco más humanitario. Sigue siendo muerte, y sigue siendo asesinato.
Ejemplo 4: La guerra. El caso extremo, que en nombre de la patria, la familia, la causa, etc., permite una nueva manipulación cultural que induce al asesinato masivo del enemigo. Acá caben hechos como las guerras mundiales, la guerra del pacífico, las dictaduras, guerra de guerrillas, guerras de independencia, etc., e involucra a esos "complices pasivos": los financistas, los propagadores, los que defienden la causa, etc.
Ejemplo 5: Este seguramente no les gustará a Acción Familia. Es histórico que el catolicismo se fundó en la buena intención de la salvación universal del ser humano, pero que costó grandes cantidades de sangre. La inquisición y las cruzadas dejaron como mínimo millones de muertes. Todos asesinados por ser infieles, apóstatas, brujas, u otra cosa. Cuantos de esos millones de asesinados eran criminales, y cuántos eran inocentes, cuántos eran verdaderos cristianos (más que esos católicos que los mataron), no lo sabemos. Pero en realidad no importa. La vida es sagrada y cualquier asesinato, no importa la justificación, es un crimen.
(Algunos piensan que esa situación invalida a la Iglesia de hacer algún reclamo, pero yo no voy tan lejos, sólo me interesa que haya al menos un reconocimiento de esto; de lo contrario, podríamos considerar a los católicos de ahora como "complices pasivos").
La condición "natural" del hombre
Una de las razones de los grupos contrarios al aborto es esgrimir que la ley moral y la ley natural del ser humano es completamente contraria a la práctica del aborto. Este argumento es contradictorio, puesto que intenta establecer que el ser humano es un ser propio de la naturaleza y que la naturaleza NO realiza abortos (al menos como regla general). Es obvio que las especies (todas) están en una constante lucha por la sobrevivencia por lo que no abortan. Sin embargo, ese argumento niega que el ser humano no es completamente una especie natural: Es a la vez, como ninguna otra especie, un SER CULTURAL. Incluso ellos lo afirman cuando esgrimen la llamada "ley moral": qué otra cosa puede ser la moral, más que un código cultural de conducta social.
La cultura hace al hombre. Como antropólogo, para mí eso es básico. La cultura ha permitido que el ser humano se alce como la joya de la creación del Señor, impulsándolo a clasificar el mundo y tratar de ordenarlo. A eso se refiere que el ser humano distinga el bien del mal: el animal que es capaz de clasificar, ordenar y justificar su actuar sobre la tierra.
Nada escapa a esa condición. Ni siquiera la muerte. La esperanza de la vida después de la vida, o de por qué debemos matar a otros en determinadas circunstancias, es parte de las diversas variantes que la diversidad cultural permite a los humanos.
El catolicismo justificó el asesinato de millones basándose en la fe, la salvación o la santidad. Los nazis justificaron los asesinatos basándose en teorías de raza y superioridad. Los kamikazes se matan y matan por su nación, su patria. La dictadura pinochetista y sus defensores creían que el asesinato de opositores era por el bien de la patria. Los estados que justifican la pena capital lo hacen basándose en prácticas históricas y como forma de reprimir la criminalidad. Los estados que legislan sobre el aborto lo hacen en base a controlar la natalidad o alegando razones de salud pública.
Toda vez que hablamos de justificaciones, excepciones, razones, teorías, etc., hablamos de cómo la cultura permite normar la conducta humana. EL SER HUMANO ES NATURALMENTE CULTURAL.
La conclusión
El asesinato de fetos o embriones es posible, dependiendo de las razones que podamos esgrimir, por lo que no necesariamente afectan la llamada "ley moral", ya que la cultura es susceptible de ser cambiada dependiendo del contexto social en donde se inserta. En este sentido, cuando la discusión es a nivel país, no hay que negar, soslayar o quitarle valor a ninguna razón ni a ninguna ideología, sea esta marxista, nazi, católica o neoliberal. Lo importante es que esas razones sean compartidas, atendidas y suficientemente aceptadas por, al menos, la gran mayoría.
Cabe mencionar que yo no soy un defensor del aborto. Si creo que es necesario abordar el tema y legislar, "justificar" democráticamente, ciertas excepciones al aborto. En mi caso, defiendo la necesidad de contar con abortos seguros e informados en los casos "terapéuticos": ante violación, inviabilidad o muerte del feto durante la gestación, o en caso de riesgo de muerte para la madre. Creo que existen varias razones para justificar esta práctica:
1. El estado como ente orgánico no es igual a ningún Dios. Ni Cristo, ni Alá, ni Zeus pueden ni deben ser identificados como ese ente orgánico. Por tanto, hay que asegurar la representatividad de todos los ciudadanos que reconoce como suyos a través de las políticas públicas y leyes.
Los grupos contrarios al aborto deberían enfocar sus esfuerzos en convencer a las mujeres embarazadas a no abortar, en vez de enforcarse en que no haya ley de aborto. Un estado serio debe asegurar condiciones mínimas de salud y de decisión a todos sus ciudadanos.
2. No hay razón que justifique nueve meses de embarazo si el feto morirá al nacer por un problema de salud o si está muerto antes de nacer.
3. Nadie debería criar a un bebé que le recuerde a su madre que fue violada.
4. Si yo fuese feto y supiera que mi nacimiento o gestación está poniendo en riesgo la vida de mi madre, aceptaría un aborto.
5. Se dice que la clase alta de este país accede a abortos clandestinos pero seguros en clínicas privadas o que viajan a otros países. De ser así, es una injusticia horrenda con los pobres o clases medias. Acción Familia debería solicitar que se hagan leyes que regulen todo tipo de intervenciones en tales clínicas privadas que suelen permitir un aborto (apendicitis, tumores benignos intrauterinos, etc.).
Nota: por salud mental y porque creo que esto es un debate serio, me abstuve de poner las típicas imágenes de abortos, marchas y asesinatos varios.
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lunes, 12 de mayo de 2014
La Sexualización del Lenguaje y la Hegemonía machista
La Sexualizacion del Lenguaje y la Hegemonía machista
Esta entrada tiene dos tópicos. Uno, refiere a la terminología utilizada para referirse a múltiples ítemes de conversación y que cuyo origen (de la terminología) esta basado en referencias
genitales (como el 'pico', la 'raja', u otras referidas
al coito). El segundo, es una discusión de género y hegemonía cultural que se reproduce a través del lenguaje en general y a través de la sexualización del lenguaje en especial.
Como se sabe,
el lenguaje de un pueblo no sólo es un instrumento
de comunicación, sino que un cúmulo de cultura, significación, transmisión y reproducción sociocultural. Por tanto, no hablo sólo de un proceso de metaforización desde el sexo o los genitales hacia
la vida social, sino de un proceso de profundización del modelo falocéntrico, machista y hasta ahora dominante en la sociedad
occidental (al menos).
I. Terminología
Quién no ha oído las frases "cabro culiao", "toy pal pico", "mala/media raja",
"pico conchetumadre", etc. Todas, frases relacionadas con el sexo pero
referidas a múltiples situaciones y contextos sociales. De aquí se desprenden puntos como temática de conversación y contextualidad.
El punto que me parece más interesante, es la contextualidad de este tipo de lenguaje. Me refiero a que en sí mismas, como signos aislados, tienden a reconocerse o representarse como insultos. No obstante, dependiendo del tipo de relación que exista en los interlocutores, estos pueden convertirse en formas de expresar sorpresa, satisfacción, ironía y humor, admiración, negación, etc. Obviamente, en determinadas circunstancias, tales expresiones resultan en insultos provocadores muy violentos. La palabra más usada es la categoría "culeado" (culiao, para que se entienda), que proviene del verbo culear, es decir, realizar el acto sexual. Pero la connotación es más bien negativa, e indica que el sujeto "culeado" es el sujeto pasivo que recibe el miembro masculino a través de la penetración, que en la práctica lo transforma de sujeto en objeto.
II. La sexualización y la hegemonía
Pese a que resulta obvio, hay que destacar que en este tipo de lenguaje domina la conceptualización del genital masculino como categoría organizadora de las metáforas. La mayoría de estas nociones implican la penetración, en especial, en uno de los garabatos más comunes y con mayor cantidad de articulaciones, tal como "cualio". Como mencioné anteriormente, la palabra más usada en sus distintas variantes, parece ser la categoría "culeado", que refiere directamente a la realización del acto sexual. La connotación indica a dos sujetos, un sujeto penetrador y al sujeto "culeado", el cual es el sujeto pasivo que recibe el miembro masculino a través de la penetración, que en la práctica lo transforma de sujeto en objeto.
III. Conclusión.
En términos de cantidad de temas abordados por todos los estratos etarios (desde los niños, la juventud, adultos y mayores), aunque especialmente por la juventud "popular" (que es el estrato que más conozco), me da la impresión que aquello que se refiere a la sexualidad parece sobreabundar en sus conversaciones, por sobre cualquier otro tema.
El punto que me parece más interesante, es la contextualidad de este tipo de lenguaje. Me refiero a que en sí mismas, como signos aislados, tienden a reconocerse o representarse como insultos. No obstante, dependiendo del tipo de relación que exista en los interlocutores, estos pueden convertirse en formas de expresar sorpresa, satisfacción, ironía y humor, admiración, negación, etc. Obviamente, en determinadas circunstancias, tales expresiones resultan en insultos provocadores muy violentos. La palabra más usada es la categoría "culeado" (culiao, para que se entienda), que proviene del verbo culear, es decir, realizar el acto sexual. Pero la connotación es más bien negativa, e indica que el sujeto "culeado" es el sujeto pasivo que recibe el miembro masculino a través de la penetración, que en la práctica lo transforma de sujeto en objeto.
Sin embargo, pese a esa connotación más bien negativo, he oído la frase para indicar sorpresa (oh, culiao, la media huevá); admiración e incluso como sinónimo de genialidad (oh, las zapatillas culiás bacanes). Es un adjetivo ambiguo, pues también indica inutilidad (puta el computador culiao, ya se quedó pegado). En definitiva, es una palabra de gran carga emocional pero de alguna manera neutra, que se nutre del carácter de la situación que el emisor vive. Misma situación pasa con la palabra "raja" o "huevón" y con casi todos los llamados garabatos. En sí mismas, cada una expresa una gran liberación de energía social, la cual toma su violencia gracias al carácter de tabú que cada una de ellas tiene.
II. La sexualización y la hegemonía
Pese a que resulta obvio, hay que destacar que en este tipo de lenguaje domina la conceptualización del genital masculino como categoría organizadora de las metáforas. La mayoría de estas nociones implican la penetración, en especial, en uno de los garabatos más comunes y con mayor cantidad de articulaciones, tal como "cualio". Como mencioné anteriormente, la palabra más usada en sus distintas variantes, parece ser la categoría "culeado", que refiere directamente a la realización del acto sexual. La connotación indica a dos sujetos, un sujeto penetrador y al sujeto "culeado", el cual es el sujeto pasivo que recibe el miembro masculino a través de la penetración, que en la práctica lo transforma de sujeto en objeto.
La transformación de las personas en objetos es típica de, al menos, esta sociedad occidental. La vida se ha mercantilizado, las personas y los derechos más básicos están sujetos a valores económicos transables y no es inusual conocer casos en que terminamos siendo objetos del capital, mercancías y hasta obstáculos en el desarrollo y el progreso. El caso más dramático se visualiza en la violencia de género, fenómeno a través del cual nuestros cuerpos se transforman, ya sea en el pene o en el objeto donde ese pene se puede introducir. Lo peor es que se asume - de manera inconciente quizá - que ser el objeto pasivo que recibe al pene "merece estar" o peor aún "naturalmente está" en una situación de inferioridad social, consagrando a la mujer (y al homosexual y al transgénero) a un estado de dominación social-político-cultural-económico.
III. Conclusión.
Me da la impresión que nuestra sociedad no sólo padece de un machismo crónico, sino de un severo problema de pervertidismo. Las relaciones entre géneros distintos, entre hombres y mujeres, son en general mediadas por la posibilidad sexual. El frenesí por el placer, quizá en algún tiempo sinónimo de rebeldía y de un carácter contestatario a la sociedad puritana, se ha convertido en un hábito que ha permitido profundizar fenómenos (y realidades) como la sexualización del lenguaje, la hegemonía machista, o la pornografización de las relaciones humanas entre géneros.
lunes, 10 de febrero de 2014
A La Haya nuestro narcisismo
Si el fallo de la corte en La Haya ha sido ajustado a derecho o no, yo no lo sé. Pienso que actuó en base a la buena fe, es imposible creer y argumentar sobre un complot en contra de Chile.
La verdad es que el derecho y los juicios, las pruebas, réplicas, dúplicas, etc., representan instancias y conocimientos que a los ciudadanos normales, ajenos a todo este vocabulario, poco importan, poco atraen y poco se entienden. Por tanto, las lecturas que se hacen del fallo no sólo deben ser a nivel de discusión económica, política, imagen diplomática, etc., sino también hay que hacer una lectura autocrítica, tal vez moral, de lo que ha pasado.
Me refiero al golpe a la soberbia, la que nos ha crecido en el espíritu patrio por el continuo desprecio hacia nuestros vecinos del norte. El seudo orgullo nacional que sentimos y que crece entre fascistas y masas poco críticas tras el fallo, emerge por razones históricas concretas.
Para nadie es un misterio que Chile no es un país
que destaque siempre, ni que esté continuamente
en primera línea del éxito en cualquier ámbito.
Pero tampoco podemos decir que estamos en el
top ten de lo peor de las naciones del mundo.
Así, desde la línea de la mediocridad solemos mirar
por encima del hombro al tercer mundo que creemos
no nos supera, lo cual suaviza en parte nuestros
propios fracasos.
Dos guerras ganadas en el siglo diecinueve que alimentaron
el nacionalismo patriota, un crecimiento económico
neoliberal noventero mediáticamente superior al
capitalismo terrateniente practicado hasta hace unas
décadas en Perú y Bolivia, y hasta un
par de mínimos triunfos deportivos, nos hacen creer que somos
superiores a nuestros vecinos, que esos triunfos nos
dan derecho a despreciarlos y atribuirles un
status valórico menor al que tenemos.
En este sentido, me parece que el fallo fue muy amable con Chile, y no hizo justicia a la histórica mala conducta que yo y mis conciudadanos chilenos hemos sostenido y construido en torno a la relación con peruanos y bolivianos. La caricatura que se hace del indígena aymará o quichua nos muestra sólo nuestros propios odios y prejuicios sobre los pueblos indígenas latinoamericanos, que por cierto, también habitan el Chile que con tanta pasión defienden los seudo patriotas.
La pérdida de soberanía:
Vino Perú con una demanda. Hemos visto lo que pasó. Ahora viene Bolivia y el discurso es el mismo: "no hay nada que hablar". Otro juicio en la Haya y no nos damos cuenta que nuestro narcisismo, la estúpida soberbia basada en prejuicios (y eventualmente algunos hechos menores) es la peor de nuestras mediocridades y fracasos.
Habiendo tantos hechos que han atentado contra nuestra soberanía y nuestros derechos como ciudadanos chilenos, nos arde en el alma el tener que haber cedido 'gratuitamente' a 'seres inferiores' un poco de mar. Estoy seguro que a los neoliberales les dolió haber cedido terreno (mar en este caso) sin haber hecho negocio con él. Se han entregado casi todos los recursos naturales a empresas transnacionales y somos pocos los que nos quejamos con pasión contra quienes lo hacen y contra los poco concientes ciudadanos chilenos.
No es la única perdida y, si seguimos con este tipo de administradores en el Estado y la actitud poco comprometida, poco crítica, poco conciente de nuestros conciudadanos, no será la última.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
¿Y Por qué el 11 de Septiembre lo recuerdo?
EN RESUMEN: mientras no cambie nuestra manera de hacer vida social - un cambio cultural - esa que se relaciona directamente con los productos heredados por la Dictadura, debemos seguir recordando el Once de septiembre amargamente.
.-.
Este día once de septiembre de dos mil doce, ha sido sin duda un día amargo en general, con la muerte del sapito Livingstone y la derrota de la selección por 3-1 ante Colombia. Pues bien, históricamente para Chile ha sido un día amargo de vivir y recordar, al menos, desde 1973.
Algunos dirán con razón "eso ya pasó", "no volvamos al pasado" o "no miremos hacia atrás". Con todo el optimismo del arcoiris, de la Alegría que venía, del crecimiento económico, del disfrute del capitalismo, con las opciones mayores para consumir casi lo que sea por parte de quién sea: totalmente. Es una contradicción total; por un lado, vernos y creernos en los límites de un 'Desarrollo' divinizado, nuestra gran meta. Por otro, tan llenos de insatisfacción, de indiferencia, de agresividad, de deseo... Una sociedad que permite una total psicopatía esquizofrénica, inentendible y angustiante.
Y es cierto, "eso" ya pasó. "Eso", que se llama golpe de Estado; eso que se llama dictadura, eso que se llama violencia. Si, ya pasó. Ya más de 22 años van desde que se acabó. ¿Por qué aún hemos de recordarlo? ¿Por qué hemos aún de quemar neumáticos, escribir columnas, entrar en polémica?
Simple: La Dictadura se ha prolongado a través de las más diversas formas hasta el presente, generando focos de injusticia, violencia, desigualdad, y de perversión cultural, expresada esta última en el miedo al otro, en el hiper consumismo, en el deseo desenfrenado de poseerlo todo, y en una forma agresiva y violenta por demostrar cierto tipo de superioridad.
La Dictadura no nos dejó eso, claro está. Nos dejó un modelo que se decidió en su momento seguir aplicando. En esto, la Concertación debe responder. ¿Era lo más adecuado, para evitar un re-levantamiento de los militares? Sólo especulación. ¿Se podía hacer otra cosa? Tal vez sí, tal vez no. Pero se hizo. El modelo se prolongó. La figura del dictador Pinochet se extendió no como una sombra, sino que como una imagen clara y presente en la vida política y social del país. La famosa libertad aún estaba saliendo del shock, o más bien, seguía entumecida tras años de represión y tortura (dicho esto con el menor prejuicio y resentimiento posible, aunque aún así, con algunas capas de rabia y molestia, lo reconozco). Fue ahí, más o menos, cuando comenzó a abrirse el cascarón de esta nueva cultura en Chile. La entrada masiva de bienes y servicios, los accesos a créditos y la posibilidad del endeudamiento a largo plazo, la posibilidad cierta de 'ser más que los padres', de comprar la deseada coca cola, de conducir un autito, de comunicarse mediante un ladrillos - perdón, celular - etc., marcan un camino mucho más que sólo económico: se transforman en una manera de hacer vida social
Esto es análisis viejo, ya hecho por varios. No estoy dando ni diciendo nada nuevo. Lo importante es que mientras siga habiendo focos de injusticia, desigualdad, violencia y perversión cultural que podamos relacionar con el modelo neo-liberal heredado por la Dictadura - el "eso" - tendremos que seguir recordando amargamente cómo un día fue violentamente implantada una manera de hacer vida social. Una en donde la solidaridad es una fantasía televisiva; una en donde el consumo es la principal razón de nuestros actos; una en que siendo agresivos y violentos podemos hacernos escuchar y vernos superiores que otros; una en donde siempre son 'otros' los que tienen responsabilidades y culpas; una en donde la violencia es justificada como la única y soberana forma de expresión, diálogo y cambio.
Cuando ese cambio cultural se produzca en la sociedad chilena, ese día el 11/09 podrá ser una anécdota más en la historia de Chile. Y es difícil: porque la dificultad está en que Chile, históricamente, desde su nacimiento, ha estado gobernada y dirigida por 'un espíritu de Señor', no por 'un espíritu de ciudadanía'.
.-.
Sobre el cómo recordar.
Definitivamente JAMÁS justificaré ninguna violencia. anteriormente he escrito que TODA VIOLENCIA ES LA MISMA MIERDA, sea de quien venga o hacia quien sea que sea dirigida. Esto no significa que a veces no desee violencia. Es decir, preferiría jamás salir a quemar neumáticos. Y si algún día me veo en esa situación, será más bien por un arranque emocional que por una lógica de protesta. Los focos en los cuales aún la dictadura se nos manifiesta son golpes de violencia que generan por supuesto reacciones de dolor, ira, venganza incluso. Pero esto es sólo análisis, no justificación.
¿Cómo prefiero recordar? Realzando una ética revolucionaria. ¿Qué es eso? Una revolución no es un giro disruptivo y repentino. Yo la pienso como el proceso de transformación. Esta "ética" tiene que ver con el rechazo de todas las enfermizas facetas del sistema capitalista neoliberal: machismo, discriminación, egoísmo, violencia, consumismo, farandulización de la vida social, avaricia por el poder, deseo de superioridad, la ultra transacción de la vida social en los mercados, el avance de los monopolios y del poder transnacional global, la masiva destrucción y/o apropiación privada de los recursos naturales del planeta, la excesiva enrejización de la población, la des-importancia dada a la educación, a la política, a la distribución del ingreso y del poder, etc.
Esta ética no es practicada sólo el once... Es diaria, es un estilo de vida. Una idea que se forja y se fuerza a convertirse en tangible.
Por eso recuerdo el 11. Por eso lo recordaré. Aunque no haya vivido la dictadura, vivo sus consecuencias.
y las quiero transformar
.-.
Este día once de septiembre de dos mil doce, ha sido sin duda un día amargo en general, con la muerte del sapito Livingstone y la derrota de la selección por 3-1 ante Colombia. Pues bien, históricamente para Chile ha sido un día amargo de vivir y recordar, al menos, desde 1973.
Algunos dirán con razón "eso ya pasó", "no volvamos al pasado" o "no miremos hacia atrás". Con todo el optimismo del arcoiris, de la Alegría que venía, del crecimiento económico, del disfrute del capitalismo, con las opciones mayores para consumir casi lo que sea por parte de quién sea: totalmente. Es una contradicción total; por un lado, vernos y creernos en los límites de un 'Desarrollo' divinizado, nuestra gran meta. Por otro, tan llenos de insatisfacción, de indiferencia, de agresividad, de deseo... Una sociedad que permite una total psicopatía esquizofrénica, inentendible y angustiante.
Y es cierto, "eso" ya pasó. "Eso", que se llama golpe de Estado; eso que se llama dictadura, eso que se llama violencia. Si, ya pasó. Ya más de 22 años van desde que se acabó. ¿Por qué aún hemos de recordarlo? ¿Por qué hemos aún de quemar neumáticos, escribir columnas, entrar en polémica?
Simple: La Dictadura se ha prolongado a través de las más diversas formas hasta el presente, generando focos de injusticia, violencia, desigualdad, y de perversión cultural, expresada esta última en el miedo al otro, en el hiper consumismo, en el deseo desenfrenado de poseerlo todo, y en una forma agresiva y violenta por demostrar cierto tipo de superioridad.
La Dictadura no nos dejó eso, claro está. Nos dejó un modelo que se decidió en su momento seguir aplicando. En esto, la Concertación debe responder. ¿Era lo más adecuado, para evitar un re-levantamiento de los militares? Sólo especulación. ¿Se podía hacer otra cosa? Tal vez sí, tal vez no. Pero se hizo. El modelo se prolongó. La figura del dictador Pinochet se extendió no como una sombra, sino que como una imagen clara y presente en la vida política y social del país. La famosa libertad aún estaba saliendo del shock, o más bien, seguía entumecida tras años de represión y tortura (dicho esto con el menor prejuicio y resentimiento posible, aunque aún así, con algunas capas de rabia y molestia, lo reconozco). Fue ahí, más o menos, cuando comenzó a abrirse el cascarón de esta nueva cultura en Chile. La entrada masiva de bienes y servicios, los accesos a créditos y la posibilidad del endeudamiento a largo plazo, la posibilidad cierta de 'ser más que los padres', de comprar la deseada coca cola, de conducir un autito, de comunicarse mediante un ladrillos - perdón, celular - etc., marcan un camino mucho más que sólo económico: se transforman en una manera de hacer vida social
Esto es análisis viejo, ya hecho por varios. No estoy dando ni diciendo nada nuevo. Lo importante es que mientras siga habiendo focos de injusticia, desigualdad, violencia y perversión cultural que podamos relacionar con el modelo neo-liberal heredado por la Dictadura - el "eso" - tendremos que seguir recordando amargamente cómo un día fue violentamente implantada una manera de hacer vida social. Una en donde la solidaridad es una fantasía televisiva; una en donde el consumo es la principal razón de nuestros actos; una en que siendo agresivos y violentos podemos hacernos escuchar y vernos superiores que otros; una en donde siempre son 'otros' los que tienen responsabilidades y culpas; una en donde la violencia es justificada como la única y soberana forma de expresión, diálogo y cambio.
Cuando ese cambio cultural se produzca en la sociedad chilena, ese día el 11/09 podrá ser una anécdota más en la historia de Chile. Y es difícil: porque la dificultad está en que Chile, históricamente, desde su nacimiento, ha estado gobernada y dirigida por 'un espíritu de Señor', no por 'un espíritu de ciudadanía'.
.-.
Sobre el cómo recordar.
Definitivamente JAMÁS justificaré ninguna violencia. anteriormente he escrito que TODA VIOLENCIA ES LA MISMA MIERDA, sea de quien venga o hacia quien sea que sea dirigida. Esto no significa que a veces no desee violencia. Es decir, preferiría jamás salir a quemar neumáticos. Y si algún día me veo en esa situación, será más bien por un arranque emocional que por una lógica de protesta. Los focos en los cuales aún la dictadura se nos manifiesta son golpes de violencia que generan por supuesto reacciones de dolor, ira, venganza incluso. Pero esto es sólo análisis, no justificación.
¿Cómo prefiero recordar? Realzando una ética revolucionaria. ¿Qué es eso? Una revolución no es un giro disruptivo y repentino. Yo la pienso como el proceso de transformación. Esta "ética" tiene que ver con el rechazo de todas las enfermizas facetas del sistema capitalista neoliberal: machismo, discriminación, egoísmo, violencia, consumismo, farandulización de la vida social, avaricia por el poder, deseo de superioridad, la ultra transacción de la vida social en los mercados, el avance de los monopolios y del poder transnacional global, la masiva destrucción y/o apropiación privada de los recursos naturales del planeta, la excesiva enrejización de la población, la des-importancia dada a la educación, a la política, a la distribución del ingreso y del poder, etc.
Esta ética no es practicada sólo el once... Es diaria, es un estilo de vida. Una idea que se forja y se fuerza a convertirse en tangible.
Por eso recuerdo el 11. Por eso lo recordaré. Aunque no haya vivido la dictadura, vivo sus consecuencias.
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viernes, 22 de junio de 2012
Manifiesto político sobre la violencia
(Una antigua reflexión, a propósito de una quema de un bus)
"... La violencia surge como una modalidad irracional de regulación de las desigualdades sociales y de defensa de la propiedad privada, transformándose en algo natural y legitimado en el nuevo orden social..."
(Jorge Rojas, 2001. "Populismo de Mercadoe ilusiones ciudadanas. La participación como entrada tardía a la modernidad." En revista sociológica Sociedad Hoy, años 2000-2001. Concepción, Chile.)
¿Qué te parece la quema de un bus del transantiago? ¿Crees tú que eso (las barricadas, las capuchas, las piedras, la destrucción) es algo bueno? Son preguntas que la gente común hace para iniciar reflexiones, condenas o apoyos a tanto hecho 'vandálico' como se le suele tipificar a lo que sucede tras manifestaciones y marchas públicas. ¿Qué decir? ¿Qué pensar?
¿Qué se busca al preguntar? Ante eso, reflexioné lo siguiente, mi manifiesto sobre la violencia:
Quienes ejercen violencia, creen que son los primeros y/o únicos en creer que sus métodos y su violencia es la más justa. Muchos antes que ellos quemaron, mataron, destruyeron y violentaron creyendo que así construirían patria, libertad, igualdad, justicia o riqueza. Y muchos después de ellos se arrogarán métodos y prácticas de destrucción, muerte y violencia, proclamando que sus guerras y sus violencias son justas o necesarias.
He aquí, TODA VIOLENCIA ES LA MISMA MIERDA.
Incluso esa violencia divina que predican los apocalípticos cristianos
No puedo ni analizar ni condenar la quema de un bus, sino en la medida que puedo manifestar ambas cosas a la vez:
Toda violencia es un reflejo y una legitimación del sistema de mierda que hemos construido todos los chilenos (TODOS). Quien niegue esto está en su derecho de evitar responsabilidades, pero en mi derecho de criticarlo le diría que posee CERO (0) conciencia crítica y autocrítica social y política, y CERO sentido de solidaridad. Todos cargamos con la culpa de un sistema violento, unos con mayor responsabilidad que otros, pero todos igualmente culpables, todos igualmente complices.
Y sobre la quema de buses, me pregunto ¿Por qué nadie hace tanto escándalo cuando nos enteramos de los millones y millones de pesos públicos que se han desperdiciado en un sistema de transporte tan brutal y violento como el Transantiago? ¿Sólo porque no hay humo de por medio? El transantiago no sólo es un derroche de dinero público, sino que es un derroche de violencia pública pura y nadie se da cuenta de ello porque no hay ni humo, ni fuego, ni piedras ni guanacos involucrados.
Aún así, la quema no se justifica, porque ninguna violencia es más justa que otra. Lo que sí existe y hay que decirlo, es que hay violencias más tolerables que otras. Sin perjuicio de esto, TODAS y cada una de nuestras violencias, a todo nivel, ES LA MISMA MIERDA.
Y con mierda quiero decir: brutalmente asqueroso.
He aquí una aproximación a un manifiesto político... he ahí mi posición.
lunes, 9 de abril de 2012
La micro como espacio público sin reglas
¿Quién no ha sido víctima en nuestro sistema público de transporte de extrañas situaciones, de una anarquía temporal, de olores cuestionables, de ruidos molestos, en fin, de violaciones de espacio?
Es la micro uno de los espacios públicos más comunes por excelencia. De los más transitados, necesarios y casi olvidados por etnógrafos urbanos - o al menos, no conozco demasiada literatura al respecto - más allá de las atrocidades que nos presenta el Transantiago.
Siempre me ha llamado la atención los fenómenos sociales que se producen cotidianamente en el espacio social de la micro. Cada una de las situaciones, desde la más obvia hasta las más sorprendente, pasando por lo burdo, lo estresante, lo político, lo artístico, lo ilegal, etc.
Hace poco, me tocó compartir tal espacio con un grupo de aproximadamente 9 pingüinos - es decir, liceanos - que subieron en Talcahuano y se dirigían a Concepción, hacia la marcha del 15 de marzo, por lo que les oí decir. Eran estudiantes de liceo público.
Como suele suceder, grupos demasiado grandes de este tipo de amigos es sinónimo de alto grado de ruido, risotadas, reggetón estridente, piropos y garabatos. De todas maneras, depende siempre del 'tipo': en el caso que describo, los jóvenes pingüinos de liceos públicos siempre estarán aliados a ese determinado tipo de comportamiento dentro de la micro, pese a que reconozco que es un supuesto basado en una generalización esteriotipada. Pero el caso que describo, sí es reflejo fiel de ese 'supuesto'.
Y paso a describir el comportamiento en líneas generales. Se agrupan en la parte de atrás de la micro - si, como buenos estudiantes, o más bien, como acostumbran a hacer los estudiantes en general - y aunque muchos prefieren quedarse de pie, no se desprecian los asientos más ocultos de los extremos. Extrañamente, estos muchachos (todos de sexo masculino) llevaban consigo un peluche de Elmo (el de los muppets), por el cual articularon muchas de sus bromas, la mayoría de doble sentido, aunque algunas bastante explícitas. Este es apunte importante: algunos lo llaman picardía, otros, ordinariez.
Desde el análisis del contexto, prefiero utilizar la categoría de ordinariez, pensando en que la micro como espacio público, privilegia - o más bien, facilita - otro tipo de reglas sociales, como el anonimato, la cortesía, y la reserva (como cualquier otro espacio público en realidad, desde la perspectiva de la teoría urbana). La ordinariez suena en este contexto, como antítesis, como la subversión de las reglas generales. Puede que a muchos las tallas y bromas que se lanzan nos produzcan risa, pero dado a la incomodidad y al rol que jugamos como pasajeros minoritarios (frente al grupo ruidoso), preferimos omitir o reprimir la risotada, ignorando al grupo a través de las tácticas habituales: dormir, mirar por la ventana, leer, ponerse audífonos, etc.
Es la ordinariez uno de los factores de comportamiento que contribuyen a una sensación general - pero reprimida a la vez - de violación del espacio público micrero. A ella, se unen las molestas ruidosas carcajadas, los disruptivos garabatos 'de mala educación', el reggetón o la música wachiturra característicamente 'flaite', y los piropos típicamente machistas y referidos exclusivamente a lo sexual. Ni hablar de los olores adolescentes: el típico sudor pegado, olores a 'crecimiento', a educación física, etc.
Sin embargo, nadie fue capaz de encarar a los cabros, de decirles que no griten tanto, que no vociferen sus garabatos, o que demuestren educación. Esta situación, más que demostrar falta de carácter o de valor, muestra que la mayoría de los pasajeros solitarios (que contrastan con estos pasajeros en grupo), nos aferramos a nuestro rol como anónimos y desconocidos, y nos apegamos irrestrictamente a las reglas culturales y sociales que se suponen obvias y claras dentro de la micro.
No es que los jóvenes pingüinos no conozcan las reglas, o que no las entiendan. Se trata del contexto grupal que les permite un alto grado de subversión de las mismas.
La reserva y la normalidad del espacio volvió una vez que los cabros se bajaron, en O'higgins con Maipú. El silencio fue total, un quiebre hacia lo típico fue evidente. Los motores y el tráfico volvieron a sonar para los pasajeros anónimos. La violación había terminado. Afortunadamente.
domingo, 18 de marzo de 2012
El Relato de cómo casi me voy al Servicio Militar
Todo comienza con el resquemor de acercarse al Cantón de reclutamiento más cercano, sobre todo si por 4 años seguidos ya te habías sacado el SMO, y que ya ni por si acaso te llamarán. Pero así fue. Las razones psicológicas y emocionales (el ámbito de lo personal) de por qué me anoté voluntario a los 23 años, son irrelevantes en este momento. Lo importante, es el trasfondo sociocultural que pasaré a relatar.
Con cara de incomprensión totalmente comprensible, el encargado del cantón me pregunta ¿qué pasó? ¿no terminaste tus estudios? - Si, si lo hice. Terminé y estoy titulado. Simplemente quiero hacerlo antes que sea imposible. Leí por ahí que se podía hasta los 24 años. - Si, en efecto, aún puedes hacerlo.
De ese paso al siguiente, el contar que tras una irreflexiva decisión, te inscribiste voluntario para hacer el servicio militar, hubieron de pasar varias semanas, tratando de encontrar el mejor momento y los mejores argumentos, seleccionando a quiénes se enterarían primero, y un montón de otras pequeñas decisiones que se relacionarían. Para un sujeto en mi posición, 'realizado' socialmente a través de las posibilidades y del status que brinda un título profesional obtenido tras un exitoso paso por la Universidad (exitoso en tanto 'meta cumplida'), tal decisión y el hecho de 'contar' la misma, representaba una incongruencia en las expectativas culturales que se fijaron en mí. Una pieza que no encajaba con el ideal social.
Porque además, el Servicio Militar en sí, representa según el contexto una gama de sensaciones y expectativas que pueden resultar muy opuestas. Para algunos es igual a una oportunidad: la posibilidad de un 'futuro' estable y seguro puede derivarse del mismo. A otros, les es igual a una solución urbana: la forma más eficaz y la más necesaria para sacar a tanto flaite de las calles. Para otros, una pérdida inútil de tiempo. Todo según el contexto: en este caso, la significación que se le da al sujeto en cuestión.
Y yo como contexto, es claro, le dio al SMO un sentido negativo. La incomprensión se hizo notar en mi entorno directo, pese a que se aceptó en primera instancia la decisión tomada. Sin embargo, frases como 'Mira que ir a perder un año'; '¿y en qué volá te fuiste? ¿'Y para qué'? 'Mira que teniendo pega, irse para allá'; 'Y por eso renunciar'; 'está loco este otro'; y cosas por el estilo.
Cabe mencionar, que hacer el SMO influyó en parte en la decisión de dejar la pega que tenía: 'Voy a disfrutar el verano antes de irme'. Otra frase que yo mismo me decía, dando cuenta en general de la significación particular que genera el SMO.
Por cierto que lo que se dice es tan interesante como lo que no: pienso en concreto en las miradas y los silencios. Cuando se cuenta, lo primero que se nota es esa mirada de 'no entender'. Pero también cuando no lo cuentas, significa mucho más que sólo una acción que facilita la conversación. Es cierto que es más fácil mentir un par de segundos que estar cinco minutos justificándote; pero hay también un peso: yo sabía que no estaba cumpliendo con las expectativas de los demás. Había una sensación vaga de vergüenza, puesto que 'tanta gente sin pega, y él renunciando por una huevada'. Hay mucha gente a la que nunca se lo conté, para evitar los costos sociales de la confesión.
Y así llegó el 5 de marzo, fecha de presentación. Allí, el arrepentimiento ya era una sensación cercana, pese a que aún mantenía la decisión con algunos argumentos bastante subjetivos.
A las 08.00 de la mañana en el regimiento de Concepción, pude confirmar algo que se suponía: Una gran cantidad de wachiturros, flaites y otras cosas bastante extrañas; jóvenes entre 17 y 24 años (como yo). Yo pensaba que sería rápido el trámite. Pero en realidad era mucha gente. Y hubo mucha tardanza en ciertos puntos - como el rápido manoseo de salud.
Afuera del gimnasio nos ordenaron por lugar de inscripción. Los de Conce los más; los de Talcahuano y Hualpén, el segundo grupo más numeroso. En la entrada del gimnasio donde se hizo todo el proceso de registro y evaluación, había unas galerías. Allí nos entretuvieron mostrándonos un video con las posibilidades que brindaba el ejército. Obviamente, nada negativo que pudiese hacernos desistir.
Una cosa que me llamó la atención, fue que en el proceso de consulta sobre eventuales problemas - previo al examen de salud - se preguntara sobre si 'tenía problemas sexuales'. Yo quedé extrañado y confundido por unos segundos - ¿Cómo? ¿Problemas sexuales? - a lo que el uniformado responde: 'Si te gustan los hombres pues, huevón'. Como a esa altura aún tenía algunas ganas de irme, no quise polemizar ni debatir. A mi lado, había un chico al que le estaban preguntando - Pero, ¿te has intentado suicidar, entonces?
Las cosas de la vida.
Luego de eso, la espera para el testeo médico se hizo insoportable. Una verdadera primera prueba para los 'voluntarios'. Cinco horas aproximadamente tuve que esperar en una larga fila de pie, entre los adolescentes que iban y venían, que salían y entraban, que desordenaban la fila y que olían a muchas cosas. Todo eso minaba el ánimo, el interés y las fuerzas. Antes de pasar a la carpita de los médicos, yo pensaba que ahí era posible que me dejaran afuera, por una eventual desviación de columna o de rodillas. Nada de eso. Fue un manoseo de menos de 30 segundos. Apto. Seguro, y se veía así, los funcionarios del ejército estaban también muy cansados y aburridos de tanta... 'juventud'. Sin mayor rigurosidad, no estaban preocupados de examinar detenidamente a nadie.Y de ahí, a la entrevista social.
Ya eran cerca de las 4 de la tarde. A esa hora, el arrepentimiento total me tenía dominado. Pero ¿Cómo sacármelo ya? Parecía imposible. 15 o 20 minutos después, estaba ya hablando con la asistente social. Estaba dispuesto a decir hasta la mentira más ridícula con tal de que me dejaran fuera. Y fue más fácil de lo que pareció. Por edad y por el maldito crédito universitario (que es ese momento, fue una tremenda bendición). Los 24 años parecían demasiado, pero más efectivo resultó la millonaria deuda que me dejó el estudiar una de las carreras más caras de la Universidad. 'Son entre 12 y 15 millones aproximadamente'. La respuesta la dejó pasmada. Ahí sólo tuve que decirle que ya no quería hacerlo. Más fácil de lo que parecía.
Luego de una mesa más, finalmente, quedé 'disponible': es decir, aún la posibilidad de irme existe, aunque es mínima. Salida del regimiento: 17.15 horas.
Mi última impresión con respecto al SMO: si resulta eso de despejar las calles de wachiturros y flaites. Muchos de ellos si se van. Casi todos.
Lo peor: aún quedaba un número cercano a cien cuando me fui. Creo que mínimo, el proceso cerró cerca de las 19.00 hrs.
Para finalizar, el deseo de haber realizado una completa etnografía al SMO era la razón que más me agradaba. Y por ella, aún añoro la escasa posibilidad de irme. Y por ella, escribí este relato.
Con cara de incomprensión totalmente comprensible, el encargado del cantón me pregunta ¿qué pasó? ¿no terminaste tus estudios? - Si, si lo hice. Terminé y estoy titulado. Simplemente quiero hacerlo antes que sea imposible. Leí por ahí que se podía hasta los 24 años. - Si, en efecto, aún puedes hacerlo.
De ese paso al siguiente, el contar que tras una irreflexiva decisión, te inscribiste voluntario para hacer el servicio militar, hubieron de pasar varias semanas, tratando de encontrar el mejor momento y los mejores argumentos, seleccionando a quiénes se enterarían primero, y un montón de otras pequeñas decisiones que se relacionarían. Para un sujeto en mi posición, 'realizado' socialmente a través de las posibilidades y del status que brinda un título profesional obtenido tras un exitoso paso por la Universidad (exitoso en tanto 'meta cumplida'), tal decisión y el hecho de 'contar' la misma, representaba una incongruencia en las expectativas culturales que se fijaron en mí. Una pieza que no encajaba con el ideal social.
Porque además, el Servicio Militar en sí, representa según el contexto una gama de sensaciones y expectativas que pueden resultar muy opuestas. Para algunos es igual a una oportunidad: la posibilidad de un 'futuro' estable y seguro puede derivarse del mismo. A otros, les es igual a una solución urbana: la forma más eficaz y la más necesaria para sacar a tanto flaite de las calles. Para otros, una pérdida inútil de tiempo. Todo según el contexto: en este caso, la significación que se le da al sujeto en cuestión.
Y yo como contexto, es claro, le dio al SMO un sentido negativo. La incomprensión se hizo notar en mi entorno directo, pese a que se aceptó en primera instancia la decisión tomada. Sin embargo, frases como 'Mira que ir a perder un año'; '¿y en qué volá te fuiste? ¿'Y para qué'? 'Mira que teniendo pega, irse para allá'; 'Y por eso renunciar'; 'está loco este otro'; y cosas por el estilo.
Cabe mencionar, que hacer el SMO influyó en parte en la decisión de dejar la pega que tenía: 'Voy a disfrutar el verano antes de irme'. Otra frase que yo mismo me decía, dando cuenta en general de la significación particular que genera el SMO.
Por cierto que lo que se dice es tan interesante como lo que no: pienso en concreto en las miradas y los silencios. Cuando se cuenta, lo primero que se nota es esa mirada de 'no entender'. Pero también cuando no lo cuentas, significa mucho más que sólo una acción que facilita la conversación. Es cierto que es más fácil mentir un par de segundos que estar cinco minutos justificándote; pero hay también un peso: yo sabía que no estaba cumpliendo con las expectativas de los demás. Había una sensación vaga de vergüenza, puesto que 'tanta gente sin pega, y él renunciando por una huevada'. Hay mucha gente a la que nunca se lo conté, para evitar los costos sociales de la confesión.
Y así llegó el 5 de marzo, fecha de presentación. Allí, el arrepentimiento ya era una sensación cercana, pese a que aún mantenía la decisión con algunos argumentos bastante subjetivos.
A las 08.00 de la mañana en el regimiento de Concepción, pude confirmar algo que se suponía: Una gran cantidad de wachiturros, flaites y otras cosas bastante extrañas; jóvenes entre 17 y 24 años (como yo). Yo pensaba que sería rápido el trámite. Pero en realidad era mucha gente. Y hubo mucha tardanza en ciertos puntos - como el rápido manoseo de salud.
Afuera del gimnasio nos ordenaron por lugar de inscripción. Los de Conce los más; los de Talcahuano y Hualpén, el segundo grupo más numeroso. En la entrada del gimnasio donde se hizo todo el proceso de registro y evaluación, había unas galerías. Allí nos entretuvieron mostrándonos un video con las posibilidades que brindaba el ejército. Obviamente, nada negativo que pudiese hacernos desistir.
Una cosa que me llamó la atención, fue que en el proceso de consulta sobre eventuales problemas - previo al examen de salud - se preguntara sobre si 'tenía problemas sexuales'. Yo quedé extrañado y confundido por unos segundos - ¿Cómo? ¿Problemas sexuales? - a lo que el uniformado responde: 'Si te gustan los hombres pues, huevón'. Como a esa altura aún tenía algunas ganas de irme, no quise polemizar ni debatir. A mi lado, había un chico al que le estaban preguntando - Pero, ¿te has intentado suicidar, entonces?
Las cosas de la vida.
Luego de eso, la espera para el testeo médico se hizo insoportable. Una verdadera primera prueba para los 'voluntarios'. Cinco horas aproximadamente tuve que esperar en una larga fila de pie, entre los adolescentes que iban y venían, que salían y entraban, que desordenaban la fila y que olían a muchas cosas. Todo eso minaba el ánimo, el interés y las fuerzas. Antes de pasar a la carpita de los médicos, yo pensaba que ahí era posible que me dejaran afuera, por una eventual desviación de columna o de rodillas. Nada de eso. Fue un manoseo de menos de 30 segundos. Apto. Seguro, y se veía así, los funcionarios del ejército estaban también muy cansados y aburridos de tanta... 'juventud'. Sin mayor rigurosidad, no estaban preocupados de examinar detenidamente a nadie.Y de ahí, a la entrevista social.
Ya eran cerca de las 4 de la tarde. A esa hora, el arrepentimiento total me tenía dominado. Pero ¿Cómo sacármelo ya? Parecía imposible. 15 o 20 minutos después, estaba ya hablando con la asistente social. Estaba dispuesto a decir hasta la mentira más ridícula con tal de que me dejaran fuera. Y fue más fácil de lo que pareció. Por edad y por el maldito crédito universitario (que es ese momento, fue una tremenda bendición). Los 24 años parecían demasiado, pero más efectivo resultó la millonaria deuda que me dejó el estudiar una de las carreras más caras de la Universidad. 'Son entre 12 y 15 millones aproximadamente'. La respuesta la dejó pasmada. Ahí sólo tuve que decirle que ya no quería hacerlo. Más fácil de lo que parecía.
Luego de una mesa más, finalmente, quedé 'disponible': es decir, aún la posibilidad de irme existe, aunque es mínima. Salida del regimiento: 17.15 horas.
Mi última impresión con respecto al SMO: si resulta eso de despejar las calles de wachiturros y flaites. Muchos de ellos si se van. Casi todos.
Lo peor: aún quedaba un número cercano a cien cuando me fui. Creo que mínimo, el proceso cerró cerca de las 19.00 hrs.
Para finalizar, el deseo de haber realizado una completa etnografía al SMO era la razón que más me agradaba. Y por ella, aún añoro la escasa posibilidad de irme. Y por ella, escribí este relato.
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