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miércoles, 23 de octubre de 2013

Nuestra historia es una novela

Muchos científicos sociales concordarán conmigo: Son los contextos históricos los que van moldeando esto que llamamos 'presente'. En realidad, es al revés. Yo concuerdo con los científicos quienes ya han sostenido esto desde hace mucho, mucho tiempo atrás.

Esa introducción es suficientemente comprensible para continuar hacia donde quiero ir. Chile: Elecciones presidenciales/parlamentarias/core año 2013. Estoy seguro que muchos ya se han preguntado lo mismo: ¿Qué significa que haya tantas opciones presidenciales, muchas muy similares o de similar tendencia ideológica entre sí?  ¿Cómo podemos explicar a nueve personas que se arrogan la "verdadera representatividad" del pueblo chileno? ¿Acaso hay nueve pueblos distintos?

Hay en Chile una trayectoria histórica. Yo lo defino como una etapa histórica, y la podemos imaginar como una novela construida con distintas escenas que parece acercarse al final. Una etapa muy larga, que parece comenzar hace 50 años aproximadamente. A continuación, un relata de esta novela histórica en tiempo real. Luego, un poco más de discusión y crítica...

Un relato simplificado. Nuestra historia es una novela. 

Podríamos bien comenzar la novela con un "érase una vez", indicando a un pueblo muy lindo; pobre, pero muy lindo y lleno de recursos y potencialidades. Y que este pueblito era disputado por dos fuerzas antágonicas: el bien y el mal, el comunismo y el capitalismo: ¿Cuál era el malo y cuál el bueno? Nadie supo nunca. En ese entonces, aparece una fuerza política que convenció a la gente de ser una alternativa frente a las otras dos fuerzas. Decía de sí misma que representaba lo mejor de cada una. La gente de Chile parecía buscar algunos cambios, buscaba aprender nuevos caminos y mirar otros horizontes. Así que esta nueva alternativa, la DC, llega al poder y comienza, efectivamente a caminar por otras sendas que antes eran tabú para la aristocracia y la nobleza del país. 

Lamentablemente al parecer, la DC no pareció suficiente. O es que tal vez la gente sólo amaba a Frei Montalva y no a la DC. Todo indica que hubo una curiosidad mayor, un deseo de seguir caminando y no estar parando a cada rato. Un grupo de este pueblo inventó entonces una maquinita llamada UP. Era una máquina no muy grande, que no a todos les gustó, puesto que poseía ciertas armas de doble filo. Además de que se parecía mucho mucho a esa cosa llamada comunismo. Sin embargo, fue suficiente para que llegara al poder e iniciara nuevas sendas, buscando otros horizontes en territorios algo oscuros.

La tercera escena comienza violentamente. Es de las partes más tristes de la historia chilena. La maquinita UP terminó siendo destruida, y muchas de sus partes, engranes, tuercas, cables, etc., fueron también reducidas a polvo. Una nueva maquinaria había sido puesta a prueba, mucho más letal y con dobles filos más peligrosos aún. Pero a los operadores de esta otra máquina, muy cercana a esa cosa llamada capitalismo, se les olvidó romper también el manual de la antigua máquina. 

Sin embargo, costó mucho para que algunos trabajadores lograran articular y conseguir los materiales para volverla a construir. En tanto, la maquinaria capitalista puso en marcha un ambicioso plan para evitar que los materiales usados antiguamente fuesen encontrados otra vez, y para que sus propios componentes, manuales y operadores inundaran las ferreterías sociales, ideológicas y políticas del pueblo de Chile.

La cosa les funcionó muy bien en principio: los antiguos materiales no eran encontrados; pero el antiguo manual estaba aún ahí, ya lo estaban entendiendo, y en su desesperación, comenzaron a utilizar materiales alternativos, reciclados, reutilizables, sintéticos, etc. Inventaron una nueva máquina, distinta a la de la UP, pero dijeron, en buen chileno: "es lo que hay". La cosa es que funcionó, la echaron a andar, y lograron llegar al poder y dejar obsoleta a la maquina de la derecha militar. "Concertación", le pusieron. Da inicio la cuarta escena, con la justicia en la medida de lo posible, y la democracia escasa, esa de los acuerdos.

Todo iba bien: la maquina funcionaba; con problemas, pero lo hacía. Permitió llegar a muchas cosas. Se avanzaba incluso con antiguos materiales reciclados y reutilizados de la UP, como eran el PS, el PPD y el PC. De tanto en tanto, la derecha militar rugía, pero ahora podemos decir que eran más bien los últimos sonidos de un motor que ya se echaba a perder y cuyos repuestos estaban descontinuados. La cosa es que el pueblo de Chile, comenzó nuevamente a curiosear por ahí, a mirar los antiguos caminos, a soñar con los otros horizontes, a experimentar con nuevos materiales y construyendo nuevas mini-maquinitas.

La quinta escena comenzó a fines de 2009, en donde los viejos operarios de la maquina llamada Concertación, perdieron el control con su excesiva moderación y su abundancia de trabajadores buenos para sacar la vuelta. Llega un nuevo administrador, uno que si bien se parece a los operarios de la derecha militar, incluso que trabaja con ellos, le gusta la maquina alternativa, o eso es lo que parece. Pero la gente de Chile parece estar arrepentida de colocar a este último administrador, y comenzó a añorar a la jefa anterior. Los anteriores operarios se soban las manos, puesto que saben que podrán volver a tocar los controles de la máquina. Ahora prometen hacer mantención y renovar varias partes de la máquina, ya que de pronto, comenzaron a aparecer materiales nuevos, refinados, muy similares a la cuasi épica UP. Y la gente de Chile se siente feliz, porque añora un cambio, la curiosidad nuevamente la ha llenado y quiere explorar esos nuevos caminos. La anterior jefa les está ofreciendo un camino seguro, con herramientas que evitan todos los peligros y los filos que tenía la UP. A esta maquina la han denominado "Nueva Mayoría", pero de nuevo no tiene mucho, a decir verdad.

Uno entonces se pregunta si el pueblo realmente le satisfará ese camino propuesto, o realmente aman sólo a Bachelet, no a su máquina - tal como lo hicieron con Frei Montalva. La sexta escena está por comenzar, no se puede saber a ciencia cierta si es la última, o si es el preludio para una más. 

El contexto obliga


Desde hace tiempo que cuestiono muy íntimamente a cada proyecto político que declara representar al pueblo de Chile. Si esto es verdad, nuestro pueblo es bastante más heterogéneo que lo que parece, puesto que nueve candidatos declaran lo mismo - al menos en hechos - y esto sin contar con el fantasma de la abstención, que bien puede personificarse como el décimo candidato. 

¿Qué más? Lo otro que sorprende es la similitud de los domicilios políticos de las candidaturas y los proyectos. Podríamos decir que cinco candidatos son de izquierda o de centro izquierda. Pero más allá de esto, parece haber concordancia en muchas otras aristas que desde hace mucho rato rondan en la misma ala política: reforma tributaria, reforma al sistema de pensiones, reforma educacional y de salud con tal de garantizarla como un derecho por parte del estado, nueva constitución, reformas políticas como el binominal, etc. Detrás de todo esto hay un miedo muy visible de sectores conservadores respecto a las posibles consecuencias de estas propuestas, supuestamente basadas en "hechos" y "realidades" internacionales. El colapso de varias economías europeas que exactamente aseguraban estos "derechos fundamentales" a cada ciudadano y ciudadana (e incluso inmigrantes) son ejemplos claros - en palabras de la derecha y aún de la izquierda conservadora - que indican que esas propuestas, liberales, libertarias, riesgosas, radicales, son causales de ese fracaso. 

¿Será cierto? ¿Será que el triunfo del capitalismo es ya absoluto, y que cualquier intento de cambio detonará un conflicto económico y social automático? Me parece que esto último es absurdo. Los conflictos no son automáticos, no se trata de un sistema completamente automatizado; no, hay responsabilidades humanas de tipo políticas claramente que no sólo competen a los Estados de bienestar, sino también a sus opositores.

De todas maneras hay un detalle que los opositores a estas ideas omiten a veces de manera descarada: exactamente, el contexto histórico. Podrán tener toda la razón: tal vez estas ideas sean imposibles en el actual escenario global, y que en sí mismas conllevan el riesgo de la destrucción social, política y económica. Sin embargo, el pasado reencarnado en el presente reclama explorar ese horizonte, transitar por el camino truncado en la tercera escena y experimentar en carne propia los riesgos y las potencialidades benéficas del mismo. Y el futuro parece definir esta tendencia, esta curiosidad social respecto a las posibilidades de una transformación profunda en nuestro territorio. 

Para terminar, una frase de Ortega Y Gasset, de quien se desprende gran parte de este texto: "... La diferencia numérica... es de aquellas diferencias cuantitativas que, según Hegel, se convierten automáticamente en diferencias cualitativas..." (En: La rebelión de las masas: 170). Veremos si la votación de noviembre realmente se volverá en una real expresión de esa necesidad de transitar hacia un nuevo Estado. Veremos si los números de noviembre pueden traducirse en una diferencia cualitativa que nos impulse a llevar a cabo las transformaciones que - todo indica - muchos queremos realizar.






martes, 10 de septiembre de 2013

40 años: un golpe, una dictadura, y una transición sin fin.


Para ser claros...

Para ser claros: NO viví el golpe militar. NO viví en dictadura. NO viví con Allende. NO tengo ninguna conexión con detenidos desaparecidos. Se podría decir que soy hijo de la Democracia, criado en la década de los 90.

No, no he vivido lo que vivieron los viejos y adultos: la represión, las colas, la muerte, el exilio. Y no lo deseo. Pero si puedo decir una cosa, una verdad, una gran verdad: HE VIVIDO BAJO LAS CONSECUENCIAS DE LA DICTADURA.

He vivido todas y cada una de las políticas que se crearon en los 17 años de gobierno militar, esas que han implementado un modelo, un famoso, manoseado, odiado modelo: el neoliberal. Tengo 25 años, y todos ellos han sido bajo el régimen implementado en dictadura y profundizado en democracia. Todo esto: desde una constitución de élite; leyes orgánicas de acero, o más duras, como el binominal o de educación; predisposiciones políticas y económicas a la sacralización del crecimiento económico, a la conceptualización de todo ámbito y/u objeto como fuente de ganancia, y a un cierto desprecio por la equidad.

Para ser claros, durante 23 años nadie ha sido capaz de construir un verdadero proceso de transición que deconstruya el modelo, el cual, por supuesto, es en gran medida un resultado cultural que devino de la imposición de ciertas relaciones sociales. La idea de la individuación, de que cada persona se las arregle como pueda, de que cualquiera - no todos - pueda acceder a niveles más grandes en términos adquisitivos, de que cualquier problema dependerá siempre de una estructura monetaria personal y no de un régimen solidario colectivo, de que cualquier cosa o acción puede transformarse en la ganancia para algunos, obviamente impacta en las formas en que las personas racionalizan y proyectan sus experiencias y sus relaciones sociales con las otras personas, las organizaciones e instituciones.

Estos 40 años de conmemoración del golpe militar, no sólo debemos recordar lo que pasó un día en especial,  sino todo lo que vino después: 17 años de dictadura y 23 años de transición que, por lo que se ve, no tiene un fin cercano.



De la dualidad aceite / agua.

A todos quienes hemos vivido desde la época post segunda guerra mundial se nos ha clasificado como capitalistas o como comunistas. Más allá de la invención del tercer mundo, Chile no ha escapado  a esa dualidad, que se profundizó con el Golpe de Estado. A partir de entonces, 'o con nosotros o contra nosotros'. Obviamente los asesinatos, los odios, las armas, la represión, contribuyen notoriamente a la segregación social, tanto o más que cualquier estructura socioeconómica. Esto se ve aún en nuestra política y en nuestros partidos políticos, en los cuales aún subyacen 'trapitos' que continuamente salen al sol.

Sin embargo, a quienes no vivimos la época, se nos insiste en integrar en la segregación, en la tormentosa mezcla del aceite con el agua, sin importar si las nuevas generaciones queremos insistir en ser parte de algún bando o no. Lo que quiero decir, es que tales bandos se arrogan nuestra representatividad a priori sin hacer ningún esfuerzo en representarnos realmente.

Para ser claros: me considero opositor a una ya pasada dictadura, así como me siento parte de las voces que piden verdad y justicia. Me indignan las torturas, las violaciones, la violencia: las hechas en Chile, o en Siria, o en Ruanda, o en Guantánamo, o en la Araucanía, o en el Tíbet. Pero también me indigna la hipocresía de quienes se hicieron cargo de la transición, quienes hoy pretenden imponerse como el único cuerpo organizado que se opone - como el aceite al agua - a los legítimos inventores del ya mencionado modelo. En especial, cuando ese mismo cuerpo se ha encargado de mantener y profundizar al molesto modelo tantas veces mencionado.

La leyenda de Allende

Y a 40 años de tantos hechos dolorosos, indignantes y polarizantes, surge una figura con muchos matices de leyenda, idealizada, reificada como la máxima expresión de una izquierda marxista a la antigua - en su variante democrática - tanto como la máxima figura de una política realmente opositora al capitalismo. Lamentablemente para él, sus seguidores, y los que se sueñan sus herederos, el problema con Allende es que no fue representativo. Si bien ganó las elecciones legítimamente, lo hizo según las reglas de la época, vale decir, sin la necesidad de ganar por un 50 + 1, sino por mayoría relativa (sistema electoral mayoritario uninominal). Esto definitivamente fue su más grande problema: la poca representatividad de su proyecto.



Demos el salto

Pero, ¿De qué depende dar el salto hacia una nueva etapa histórica? No es fácil. Es necesario realizar acciones políticas, acciones sociales, acciones temporales. De las políticas, una es fundamental: NUEVA CONSTITUCIÓN. La forma y el fondo contribuirán a establecer la velocidad que las acciones sociales se llevarán a cabo. Mientras más representativa y participativa sea esta nueva constitución, mayor velocidad adquirirán las acciones sociales que renovarán las formas de relación entre las personas, entre las colectividades, entre las instituciones. Con mayor calma y mejor armonía transcurrirá el tiempo que también es necesario para dejar atrás esta etapa histórica.

Esta es la principal razón, el mayor porqué de apoyar un proceso de Asamblea Constituyente, y se puede resumir en una sola palabra: Inclusión. ¿Se debe incluir a quienes violaron los derechos humanos y/o a quienes les apoyaron positivamente? Yo diría que no, así como tampoco se incluyen a personas convictas. ¿Deben incluirse gente de la UDI o RN, agrupaciones políticas cercanas al modelo y a los violadores? Yo responderé ¿Por qué no? Una discriminación a priori nos vuelve inmorales y segregacionista. Porque para ser claros, no todos ellos fueron parte de la dictadura. Sin embargo, es difícil distinguir entre quienes apoyaron al régimen militar positiva y activamente y entre quienes se vieron o se sintieron forzados a hacerlo. Es un tema de ética muy complicado, que yo no puedo abordar en toda su magnitud.

Para finalizar, citar alguna frases intelectuales. Ortega y Gasset, en el libro "La rebelión de las masas", da una posición respecto a la idea de nación y de Estado. Este último "... empieza cuando se obliga a convivir a grupos nativamente separados. Esta obligación no es desnuda violencia, sino que supone un proyecto iniciativo, una tarea común que se propone a los grupos dispersos..." (125). La unidad de un estado depende no sólo de una historia, un territorio o un idioma común, todas cosas preexistentes y por así decirlo, pasadas. "No es la comunidad anterior, pretérita, tradicional o inmemorial... la que proporciona título para la convivencia política, sino la comunidad futura en el efectivo hacer. No lo que fuimos ayer, sino lo que vamos a hacer mañana juntos, nos reúne en Estado..." (131). Estas frases son decidoras con respecto a nosotros, herederos de una contaminación de odios e iras, separados aún por 40 años de injusticias, atropellos y escasos esfuerzos de representatividad y democracia participativa.

Una Asamblea Constituyente, hecha de cara a la ciudadanía y a los diversos grupos de población del país, aseguran una participación, un esfuerzo y respeto mutuo, y un sentimiento de pertenencia respecto al Estado, a la diversidad de la nación, y una superación de esta etapa histórica en la que aún vivimos.



viernes, 22 de junio de 2012

La Elección de la ideología y la Ideología de las Elecciones

Y esto pasa siempre. Acá en Chile, cada 4 años. Ya sea por gobierno local (municipales este 2012) o por gobierno nacional (parlamentarias y presidenciales en 2013), el ejercicio democrático del voto - que algunos hallan la máxima expresión de participación - da pie para innumerables otros ejercicios, espectáculos, cálculos, reflexiones, apogeos críticos, derroche de intenciones democráticas, promesas - oh si, promesas - y otros varios.

Y aunque a algunos nos moleste, son las elecciones el lado poco amable - por decir lo menos - de la política, esa tan despreciada, y tan mal comprendida por la ignorancia crónica de la humanidad. Por lo mismo, el periodo electoral está quizá a pocos pasos del autoritarismo. Ya diré por qué.

Es en estas épocas donde pierden importancia las ideologías rectoras de las agrupaciones políticas - esas que podríamos llamar partidos, pero que sin duda trascienden determinado colectivo institucional.  En estas épocas es cuando los cálculos, el pragmatismo conservador, y el pisoteo de las utopías se logran ver con tanta claridad, que el asombro es lo menos que se puede sentir - yo a veces siento un poco de asco.

El sincretismo político, expresado en forma de 'pactos electorales', es una práctica muy vieja que permite agrupar sintonías ideológicas de representación. Como herramienta precisamente de representación, es de hecho útil y hasta necesaria, toda vez que determinada ciudadanía (léase sociedad) no tiene clara las posiciones ideológicas de los candidatos - es decir, el desde dónde proponen, o en torno a qué se agrupan -  y cuyos contextos poco participativos, poco democráticos, poco cívicos (como el chileno) promueven la apatía y la aparición de populismos carismáticos 'preocupados por las necesidades reales de la gente'.

Ese último discurso representa una dualidad de un doble filo muy peligroso. Lo más importante es responder cómo. Ahí es donde las ideologías - desconocidas por casi todos - llenan de contenido las propuestas. Y ahí es donde el sincretismo político - los pactos - tienen la prioridad para modificar, ya sea leve o muy gravemente las ideologías de grupos - partidos - que tal vez  puedan ser afines, pero si o si son diferentes.

Ejemplo de esto tengo dos: Por un lado, la doble lista de candidatos a concejales de la Concertación, en especial, la conformada por los partidos 'chicos': PPD, PRSD y el PC, cuyo fin, entre otros, es 'desplazar a la derecha'. Me queda dando vuelta este objetivo. Me considero un férreo opositor a la derecha política, pero generar un pacto político para lograr esto, me parece una muestra de este sincretismo, que también he llamado 'La ideología de las elecciones'. Vemos acá cómo las utopías y las ideologías políticas de estos tres grupos son desplazadas por un objetivo instrumental que no tiene que ver con lograr establecer un programa - una utopía entendida en sentido amplio -  sino con excluir. Y que esto - es decir, excluir - sea una ideología propia de un partido, lo creo sólo del Partido Comunista.

Es este mismo conglomerado el que, justificándose sólo con la burda excusa de la instrumentalidad, el que más ha pisoteado sus orígenes, sus tendencias y su ideología. No dudo del gran aporte que se realiza a nivel de organizaciones de base y de movimientos sociales: pero precisamente este aporte es el más pisoteado cuando en época de elecciones, se alía con la Concertación, un conglomerado que ha mostrado ser muy poco amigo de ellos en los hechos y en el transcurso histórico de la transición. Y lo han mostrado una y otra vez. El último ejemplo fue el apoyo a Frei en las últimas elecciones, 'el mal menor', quien se mostró muy cercano a continuar el modelo que tanto ha defraudado a la población.

El otro ejemplo, lo muestra el PRO. Las excesivas ganas de darse a conocer, de transformarse en una alternativa al duopolio político, ha sido llevado también al contexto de las urnas. Hay toda una apuesta programática, de ideas y propuestas que quieren ser llevadas adelante y que reflejarían una ideología 'progresista' - concepto muy difuso, al cual no me referiré más que con ese concepto: difuso - y que serían las que 'Chile necesita'. Dentro de los discursos, aparece el tema de la renovación, del manoseado cambio, de la ética, de la inclusión, y otros etcéteras. Conceptos peligrosos por su ambigüedad.

Tanto se ha esforzado en incluir, que en época de elecciones engrosó sus filas con los hambrientos candidatos que tal vez nunca hubiesen tenido opción en sus anteriores contextos políticos. Esto puede representar un enriquecimiento, sino fuera porque aún el PRO no posee una línea ideológica más clara, que le de al concepto rector - progresismo - algo más de sustento y consistencia. Hasta ahora, cada uno considera cosas distintas de lo que eso significa - yo también, puesto que me he involucrado en él - y vemos una gran fauna política, y muy sincrética, todos dispuestos a pisotear los ideales que nos llevaron al PRO con el afán de comenzar a aparecer en las estadísticas oficiales. Muy por el contrario a lo que se ha hecho, el PRO ha sacrificado el periodo de construcción y de elección de ideología, y lo ha reemplazado por la pragmática ideología de las elecciones, muy a tono con los 'otros' conglomerados a los cuales mira como acabadas (aunque no sólo por el tema eleccionario, sino por temas también de ideología).

Como bonus track, tenemos a la derecha, la cual tiene dentro de sí un sector que se autodenomina 'una nueva derecha', cercana al centro, al liberalismo e incluso al humanismo. Pero este sector es aún minoritario, dominado aún por los más conservadores. Sin embargo, sorprende que en estas líneas se haya al menos hablado de reforma tributaria, e incluso de reformas políticas. Y así, se habla y se ha hecho como gobierno muchas cosas que traicionan un posible 'ADN' de la derecha. Vemos a Chadwick, Vocero de Gobierno, arrepentido de participar en el gobierno militar. ¿Con qué fin lo dice? ¿Desde cuándo está arrepentido? ¿Por qué lo dice ahora, en época de elección?

Muchas cosas están pasando hoy por hoy en Chile, en su contexto político. El peor enemigo de la ciudadanía, es la gran ambigüedad con que operan las maquinarias institucionales de los partidos políticos, puesto que lograr un cupo en alguna posición de poder, permite abrir la cancha a cualquier método para conseguir el fin. No importa si nos olvidamos de nosotros mismos, de nuestros discursos, de nuestra ideología; cualquier cosa es transable, esa es la máxima de la ideología de las elecciones.

sábado, 26 de mayo de 2012

Yo si apruebo a Piñera


El contexto de esta entrada son las famosas encuestas nacionales CEP y ADIMARK y su espantosa farandulización mediática, y sus tan proféticos resultados.

Como paréntesis, estas encuestas plantean respuestas estandarizadas, que impiden cualquier indicio de relativismo, mi patrón básico de conducta intelectual. Sólo si y no. Nada de peros, dependes; nada de matices ni análisis. Es un tema que da para otra columna.

Pero si eso es lo que quieren, esta es mi respuesta: Yo Apruebo a Piñera.

Ya he escrito entradas anteriores que muestran una cierta defensa al gobierno (Por ejemplo, esta: http://portalesdefuego.blogspot.com/2011/11/si-vote-por-pinera-y-no-me-arrepiento.html), sin embargo, vuelvo a repetirlo: Odio a la derecha y a toda su ideología política y social, toda la construcción autoritaria y cuasi fascista que han hecho del mundo con su capitalismo.

Pero también soy reflexivo. Como antropólogo, los contextos deben ser considerados en el análisis. Y el análisis político que hago del gobierno incluye la consideración al bloque político que lo respalda y al que representa, una derecha chilena siempre conservadora, ligada a la dictadura y al neoliberalismo que ha explotado a nuestro país por más de ... ¿200 años, quizá?

Una derecha que comenzó a hablar de reforma tributaria y de aumento de impuestos... Más allá que todo análisis serio da cuenta de lo pobre que es en sí la reforma, y que se puede exigir más a los más ricos y a las transnacionales más grandes, esta derecha se atrevió a mencionarlo, exponiéndose a la posibilidad de que una oposición bien organizada pueda profundizarla en el parlamento.

Una derecha que se atrevió a apoyar las recientes leyes antidiscriminación, de rebaja al 7% de salud a los jubilados y de inscripción automática y voto voluntario: avances que no se pudieron lograr en 4 gobiernos aparentemente liberales, de centro izquierda y progresistas.

Ahora bien... eran proyectos que ya habían sido postulados por la concertación. Y el análisis sobre la letra chica es obviamente claro y demoledor. En Educación, las respuestas son poco claras, tal como lo que Bachelet hizo en 2006. Aún así, me queda la sensación que se ha avanzado algo más que ese año.

Sea como sea, esta alternancia ha logrado frutos que podrían ser profundizados en el futuro. Por todo este pequeño comentario, a Piñera yo lo apruebo, pero jamás votaría otra vez por un gobierno de derecha. La tierra está llana y fertil para cosechar un Chile por fin efectivamente democrático está listo. La pregunta final es, ¿Quién podrá cultivar esta semilla?

sábado, 19 de noviembre de 2011

Si. Voté por Piñera y no me arrepiento

Si. Tal como lee. Este tipo con pinta de anarko, criticón, anti-neoliberal, y que odia el dinero y los fachos, votó por Piñera en segunda vuelta.

Las razones fueron el resultado de una lógica: Para mí, como para tantos otros, tanto lo que ofrecía la Concertación como lo que ofrecía la Coalición por el Cambio simbolizaban lo mismo: un sistema y una estructura social conservadora, anti ciudadana, apernada, que formulaba políticas a espaldas del pueblo, vieja, acabada, aferrada al statu quo, heredera (hasta con ganas) de la dictadura militar, cercana a las grandes riquezas, enemiga de los cambios, represiva con los movimientos sociales, asistencialista, etcétera.

La única diferencia que se planteaba entre ambas coaliciones, es que una llevaba 20 años como gobierno y la otra 20 años como oposición. Siguiendo pues, esta lógica, voté en conciencia, creyendo que no muchas cosas cambiarían, que todo seguiría aproximadamente igual.

Pero el tiempo me demostró otra cosa.

Claro, puesto que la salida de la concertación de los organismos públicos y de instancias de poder, sumada a otras circunstancias, ha permitido un clima de agitación y movilización social que ha superado con creces lo realizado por las organizaciones sociales los últimos 20 años. Un clima que no se podría haber logrado con la típica absorción que la concertación hacía de las movilizaciones sociales. Un clima social y político que se articula y fortalece ante la imagen de un gobierno íntimamente relacionado con la dictadura militar.

Un clima así, no se hubiese producido con Frei. A Camila Vallejos ya la habría acallado ese tipo Teiller, porque la concerta ya le hubiese ofrecido un cupo en alguna muni para estas elecciones. A cambio, por cierto, de que la cabra se calmara.

Por Hidroaysén: claro, ninguno de los pseudo ambientalistas de la 'oposición' habría dicho algo. Quizá uno que otro 'díscolo' habría dicho algo, pero rápidamente habría sido acallado por la cúpula respectiva.

Y en cuanto a la Reconstrucción: no sé, tal vez me equivoque. Pero la lentitud se habría dado de la misma manera lo mismo con Frei o con Piñera. Y las múltiples manifestaciones de hastío, y de protesta, si bien no niego que se hayan levantado, estas no tendrían la magnitud que han tenido. Y por la sola razón que hoy las bases de la concertación están en la vereda fuera del poder, allí donde ya no pueden ser absorbidos ni presionados por sus cúpulas partidistas. Hoy tienen esa libertad - o ese rencor - que con Frei no hubiese aparecido.

Existe una - quizá malvada - teoría que dice que mucha gente 'castigó' a la concertación por su amoral comportamiento. Tal vez inconscientemente voté así, buscando un castigo. Pero prefiero creer que fui consecuente votando por Piñera, buscando cambios. Esos cambios no los encontré con Piñera, y nunca en realidad creí que con él se hubiesen efectuado. Simplemente que esos cambios partían por sacar a quienes no ofrecían nada nuevo. Nada. Ni siquiera el candidato. La centro derecha tampoco ofrecía nada nuevo, salvo la posibilidad de una alternancia, la cual, después de tanto tiempo de estancamiento político y social, parecía buena opción.

Hoy, el clima social demuestra lo favorable de esa opción. La llegada de Piñera y la centro derecha al poder ha propiciado algo que podríamos llamar un 'despertar' ciudadano en Chile, un movimiento que está desordenando el mazo y el orden y estado de cosas actual. Algunos lo llaman caos, anarquía, desorden. Unas buenas dosis de subversión, realmente no harán mucho daño. Creo que todo lo contrario: le está dando oxígeno a un 'pueblo'.

Las cosas lamentablemente no suelen cambiar de la noche a la mañana. Ni de un presidente a otro. Pero los procesos son así, y espero que por fin liberemos a este país de tanto facho... con todo respeto...

Así que gracias Piñera, de algo sirvió tu paso por aquí.