<<... Atrévete, quémame ahora, entra en mi canto, sube por mis venas, sal por mi boca. Ahora sabes que no puedes conmigo: yo te convierto en canto, yo te subo y te bajo, te aprisiono en mis sílabas, te encadeno, te pongo a silbar, a derramarte en trinos, como si fueras un canario enjaulado...>> (Oda al fuego, Pablo Neruda).
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jueves, 15 de febrero de 2018
Breve historia de un conflicto que se resuelve siendo masticado
Breve historia de un conflicto que se resuelve siendo masticado
¿Cómo fue que llegaste a esto?
No sé, hueón, no sé.
Te acordai que hasta hace tres meses, nuestra política de la resignación era una ley intransgredible.
Claro que me acuerdo, ¿pa' qué me hacís preguntas obvias?
Es que no te entiendo puh, ahora andai todo loco, desesperado, angustia'o como pasturri por hacerle poemas y huevás.
Y qué querís que haga hueón, si me enamoré po loco. Quiero puro que piense en mí. Y no te hagai, si boh también andai baboso.
Ya, si. Apuesto que tiene mil jotes dando vuelta, boh soi otro pajarraco negro más, hueón.
Pero me dijo que nadie le había escrito antes, ahí tengo una ventaja.
La hueá, hueón. Ahí tenís. La emoción que tanto queríai olvidar. La faquin esperanza. Esa bestia que tenemos encerrá allá atrás.
Si, ya sé. Esa huevá es monstruosa, realmente da miedo. Pero no podía evitarla para siempre. ¿O si?
Yo creo que sí. Es esta maldita obsesión de jugar a lo Bielsa, siempre pa'elante. Adónde, si en la vida hay que jugar a lo pelao Acosta, no queda de otra.
Que exagerao. Igual clasificamos con el pelao, pa' que tan mala onda. Pero con el Loco nos revolucionamos poh, hueón. Esa es la actitud.
Kío, actitud.
Ya, en vez de andar así con el caracho, ayúdame mejor.
Y en qué te voy a ayudar yo hueón, si yo soy tu lado racional, no me metai en problemas.
Puta, el culiao pesao. Ayúdame.
Qué querís que haga.
Háceme la entrevista poh.
Esta idea es muy ridícula, ¿Creís tú que le va a gustar esta hueá?
Puta, yo qué sé. Pero las otras cuestiones que le escribí son muy mamonas. A lo mejor si la hago reír, me va a pescar un poco más.
Faquin esperanza. Ya hueón, trae pa'cá.
–
Ya, míster enamorado, cuénteme. ¿Cómo conoció a su amada?
Fue una situación inesperada. Andábamos buscando una persona para hacer teatro. Igual estábamos angustiados, porque los días pasaban y no íbamos a alcanzar a gastar la plata. Y de pronto la jefa del centro cultural...
Ya pero hácela más corta, ¿pa' qué tanta explicación?
Ya bueno. El tema es que cuando entré a la oficina lo primero que sentí fue una sensación de: “¡Ah chucha!”
Si, [xD] me acuerdo de esa hueá. De dónde salió esta cabra, ni idea. Tenía más pinta de modelo argentina que de profe de teatro...
Oye, la entrevista es a mí.
Chuta, verdá.
Entonces me acuerdo que andábamos terrible de desarreglados ese día. Yo al menos me sentí un patito...
¡Qué patito hueón! Como murciélago inyecta'o, como el tigreso del oriente en la ruina o el gemelo deforme de esqueletor, o peor
Si, no hallaba dónde meterme. Me daba como miedo mirarla a la cara. Tan linda que tiene su carita... A lo mejor supe lo que iba a pasar en ese momento... y por eso quería puro arrancar de ahí.
Buena po, pitoniso. Aunque debiste hacerlo... En fin, ¿qué pasó después?
Después hubo que hacer todo un enredo, porque pa' rematarla, me puse nervioso y dije puras hueás. Un monto de sueldo que nada que ver. Ya, pero al final empezamos con el taller.
En Quino...
Justamente, ese hermoso lugar.
Y bien, Pasión, dígame, ¿Cómo fueron esos días de compartir con ella?
Divertidos. Especiales. Lluviosos. Tenía su cuota de estrés, con el temita del auto, la otra comadre que quería lista de asistencia y no me acuerdo qué otra lesera. El teléfono que no me llegaba señal. Pero bueno. Me gustaba acompañarla. En principio, porque salía de la oficina. Además porque me encanta huear con los cabros chicos. Es entretenido. Y ella le ponía tanto color, tanto entusiasmo. Tanta, tanta alegría. Era como contagioso. O es contagioso. Esa energía que tiene, que cosa más increíble.
Ah, si. Toda la razón.
Además, el viaje era tan largo, aproveché de que me hablara harto
Si, porque a boh no te salen palabras ni a palos
Eso es culpa tuya, que nunca me dejai hablar
Ah, pero si terminai hablando hueás incomprensibles. A veces te paso el whatsap y escribís puras incoherencias
Pero si fuera por ti, no hablamos ni escribimos nada,
Eso se llama sentido de ubicación.
Sale pa'llá, ubicado; andai arratona'o siempre
No me vengai a huear o dejamos esta cuestión hasta acá no más!
¡Te duele porque sabí que es verdá! Además, boh empezaste,
Ya... mira... sigamos mejor
Ya, ya. Sigamos.
¿Qué ha sido lo que más le llamó la atención de esta persona?
Me alegra que lo preguntaras. Quisiera aprovechar la ocasión para aclarar algunas situaciones. Las otras locas con las que trabajai han intentado confundirme, me dicen que ando todo loco porque tiene el medio cuerpo, que es la media mina, que no sé qué con su... sus... caderas... Es necesario aclarar que hice todo el esfuerzo del mundo para mantener mi mirada siempre arriba.
¿Y te resultó?
Si. Bueno, casi siempre. Mmmm... ¿70% del tiempo? Pero, sabes tú por qué yo creo que me resultó?
Dígame usted
Porque la miré mucho a la cara. De a poco fui perdiendo el miedo, y la miré todo lo que pude a esos ojos preciosos como de color de la canela que tiene, que están como en un balcón: sobre esas atractivas bolsitas que tiene debajo. Como no quería mirar para abajo, me concentré en su exquisita sonrisa. En ese cabello ondulado que realmente me mata, en ese cuello alargado y contundente, donde guarda esa voz tan rítmica y amielada...
No logro comprender el punto.
Mire, señor racional. ¿Cómo partió todo? Usted compañero se resistió, cuánto. Cuánto. Un montón. Te negabas a dejarte llevar. Me impediste empezar a escribirle antes. Pero ¿cuál fue la primera idea que se me cruzó por la cabeza?
Su cabello como una selva. Ondulada, aleonada, fresca.
Por tanto mirarlo. ¿Cuánto tiempo la tuve ahí, dando vueltas? Le miraba y le miraba el cabello. La idea nunca se diluyó. Entonces pasó lo mejor. Te convencí que me dejaras escribir ese primer poema. Jajaja, qué risa. ¿Cómo fue que te dije? “Déjame desarrollar la idea, si al final, es sólo un poema. ¿No querís que me convierta en poeta?”
Algo así fue.
Si. Me dejaste. ¡Me dejaste y te cagué, hueón! ¡Guá! ¡In your feiz, madafaca! Después de eso nos fuimos por un tobogán. Derechito al agüita. ¡Splash!
Entonces, me está diciendo... ¿que se enamoró de ella por su cabello? Eso suena un poco ridículo.
No, no creo que haya sido por eso.
A ver, pensemos. Hay mil mujeres en esta ciudad que tienen el mismo tipo de pelo, así, rizado, con chochos y rulos
Si. He hecho poemas generales que hacen alusión a eso. Pero no había hecho jamás un poema a alguien en particular por su cabello.
Ok. Será por su sonrisa entonces.
Pasa lo mismo creo yo. La risa y las sonrisas siempre son atractivas, si bien creo que Gabriela tiene particularmente una sonrisa única.
Entiendo. ¿Sus ojos?
La explicación es la misma, creo. Preciosos, pero no sé. No creo que me haya enamorado por eso
¿Su cuerpo?
Ufff... pero no, tampoco. Acá hay muchas chicas muy atractivas. Pero no me producen esta emoción.
A ver, a ver, a ver. Me estás diciendo que después de todo este rollo, ¿no tienes nada concreto? ¿Ningún argumento? Haaahhh... ¿Cómo cresta me dejé arrastrar hasta acá, dios mío?
Lo que pasa es que no se trata de estos elementos en particular. Es decir, no es por nada de lo que me dijiste, pero al mismo tiempo, es por todo eso.
¡No! ¿Te vai a ir en la bolá filosófica ahora?
Mira, se trata de algo que va más allá. No sé si exista una mejor definición. Pero me enamoré de esa energía que tiene. De esa eterna alegría que mantiene. De esa gracia que se le escurre. De ese poder con el que fluye. De esa electricidad que transmite. De esa luz que emite. Es una huevá demasiado genial que posee y que no sé explicarla. Ni siquiera tú, que eres el científico. Es eso, esa magia, ese cosmo, ese ki, nen, aura, chacra... qué sé yo, no sé cómo llamarla, no quiero ponerme esotérico. Es eso que no puede, o que no sabe contener. O no quiere. ¿Para qué hacerlo? Y se le desborda tan naturalmente y nos contagia a todos. Me enamoré porque ese poder se le escapa por su cabello, por su voz, por su sonrisa, por sus ojos, por sus movimientos, por su respiración agitada que siempre parece que tiene cuando hablo con ella por teléfono. Esa intensa radiación cósmica de la que no te puedes proteger. O por lo menos, de la que yo no pude escapar. Eso amo yo de ella. Y la idea de estar cerca de ella, de verla, de llegar lo más próximo a la fuente de ese impresionante, adorable, enloquecedor poder, me tiene así.
Recuérdame, Pasión: ¿cómo fue que nos decidimos a entregarle ese primer poema?
Dejarse llevar fue el primer paso. Completar el poema, el segundo. Entonces te sugerí que podríamos entregárselo... Ahí hubo pelea.
Claro, me puse firme. Te recordé una y otra vez que necesitábamos estabilidad, que la resignación era el camino, que esas tensiones que se producen no eran necesarias.
Si. Entonces te convencí con el mejor argumento que hasta ahora se me haya ocurrido. Y lo mejor, es que no se trató de un subterfugio, como cuando te convencí de escribir el poema del cabello. Se me cruzó el pensamiento de que si en verdad queremos cambiar el mundo, necesitamos subvertir todos los parámetros, todas las obviedades, todas las ideas. Ir mucho más allá. En ese sentido, esta política de la resignación, el encarcelamiento de la esperanza, hueón, y la insistencia en ni siquiera intentar hacer algo con el amor que nos nace de tanto en tanto, en realidad, era parte de un contrasentido. De una contradicción interna que también – como el capital o el faquin patriarcado – debía ser destruida.
Realmente, ese argumento me mató.
Me creíste. Me creíste porque eso de cambiar al mundo es prácticamente la única huevá en la que estamos de acuerdo.
No. No. Hay otra cosa más. Yo también me enamoré de ella. Pero me cuesta reconocer cosas que no comprendo. Y ahora, recién, ya estoy comprendiéndote.
Me alegra oír eso.
–
Estamos listos con la entrevista, ¿no?
Si... Eh, Razón. Oye, debo confesarte algo.
Qué pasó, compañero
Abrí la jaula. La liberé...
¿Qué?
La llamé el otro día. Yo, eehh... Le dije que iba a... pues, publicar todo esto que le he escrito y que se los iba a enviar...
¿Que hiciste qué?
No te asustes ahora. Pero mira. Allá viene el monstruo.
Maricón, qué hiciste.
Escúchame, si ya reconocimos lo obvio, es hora de hacerle frente. No podemos tener a la esperanza por siempre encerrada. Mírame. Es mi turno de tranquilizarte ahora. Nos va a atacar. Nos va a comer vivos. Creo que mientras nos mastica, volveremos a ser uno, como siempre debimos serlo. Esto de estar separados: eso si que es ridículo, no esto que sentimos. Razón y Pasión no pueden pasársela peleando.
Puta, hueón. Me hacís sentir casi como Kamisama. ¡Y que quede claro que boh soi el piccoro! ... ¿Estái seguro que va a funcionar?
No. Pero no quiero quedarme en nada, como otras veces
...
¿Cómo fue que llegamos a esto, hueón? Va a doler hueón, yo me acuerdo. Yo soy el único que tiene memoria, boh lo olvidai todo. Esos dientes son afiladísimos. Espero que valga el sufrimiento. ¿De qué te reís, hueón?
Te voy a decir lo que siempre me dices tú. No importan los costos cuando algo vale la pena. Y esto vale mil veces la pena.
¿Y... si no resulta nada con ella?
Razón, por favor, piensa. Esto no es un maldito emprendimiento. No es un depósito a plazo. No es una siembra, o un puto crédito. Estos estúpidos resquicios de pensamiento neoliberal que buscan mierdas de ganancias en cualquier huevá se van a quedar en las muelas de esta bestia. ¿me entendís?
Entonces... ¿Por qué hacemos esto?
Dímelo tú. Tú lo sabes tan bien como yo...
…
...
...
'Amar es insurgencia' [♪], hueón. Maldita canción
Exacto. ¿Qué importa si no nos está leyendo? ¿Qué importa si se enoja y no nos vuelve ni a mirar ni a hablar? Le estamos regalando buena parte de lo mejor de nosotros. Y ella lo vale. Una vez hecho, ya no tendremos que arrepentirnos de nada. De nada.
Ahí viene. Cresta. Ya. Ya conchamimaire, hágamoslo no más... puta, no dejo de temblar.
Hay que gritar entonces. Gritar. Gritar fuerte. Más fuerte que el miedo
…
…
¡Grita poh!
No me sale la voz hueón, estoy que me cago...
Grita, grita... ya sé, grita como el Tomi Li Jon en los hombres de negro
¿Cuál?
En la uno...
Ah, ya caché...
OYE, OYE, MONSTRUO CULIAO ¿TENÍS HAMBRE HUEÓN? VEN HUEÓN, AQUÍ ESTAMOS, ¿TE CREÍS CHORO HUEÓN? ¿QUÉ HUEÁ TE CREÍ? ¡VEN HUEÓN! ¡CÓMEME! ¡CÓMEME! ¡CÓMEME CONCHETUMAAAAAAAAAHHHHHHH!!!!!!
...
PD:
<< El amor sólo da de el mismo, y no pretende obtener más que de sí mismo. El amor no posee a nadie ni puede ser poseído. Pues el amor se basta del amor. Cuando ames, no digas 'Dios está en mi corazón'; más bien, di 'Estoy en el corazón de Dios'>>
De: Khalil Gibrán. En: 'El Profeta'.
...
jueves, 20 de diciembre de 2012
Mañana es el fin del mundo
Mañana es el fin del mundo
Mañana es el fin del mundo
I
Oscuridades. Nebulosas certezas.
¿Qué es aquel grito exhausto?
Aquellas voces que oigo, aquellas
semillas de pánico,
de comerciantes;
todos vociferando al mismo tiempo;
una lluvia de barro, nieve y mar,
acercándose, precipitándose,
tentándome.
¿Qué haría usted? ¿Por qué no se
acerca por aquí?
Es su último día... ¡No puede no
hacer nada!
Si, son las voces.
Si, me ofrecen vacaciones familiares,
las mejores comidas, las mejores
filosofías,
las mejores ofertas, la mejor
respuesta.
Y las señales parecen inequívocas:
reyes y reinos caídos;
desde las alturas, como granizo
lo que se nos vendió como paraíso;
ahí viene, en llamas, sufriendo yagas
y dolores,
sin calma,
se precipitan las masas, levantando en
alto sus tickets de entrada,
escapando de un fin siniestro, la
ruinosa inmortalidad parece un sueño.
Es que mañana es el fin del mundo
y tantas cosas quise hacer, ahora jamás
podré. A menos que...
II
Cuesta encontrar paz. El mundo
convulsionado está.
No se haya. Han quebrado los espejos,
nadie quiere verse a sí mismo.
Nadie quiere ver con sus ojos el
abismo,
ese que se cavó con uñas humanas.
Hay dientes allí también;
hay sangre, hay infantes, hay harina,
hay jeringas
raíces secas, biblias, lenguas que aún
palpitan: 'así no'
Y yo levanto la vista; luego giro y
veo:
los ojos están puestos en un pedazo de
papel
que vuela al son del viento.
Y yo presiento que hacia allá está el
abismo,
y aquello a lo que llaman fin.
Y miro abajo, al suelo, y allí está
todo,
todo lo que parecía nuestro: banderas,
monedas, corbatas, crucifijos,
ampolletas.
Y todo está roto, cubierto con sangre
o con heces.
Y el hambre.
Y el ruido de castigo detrás.
Y la sensación de una moral que
desfallece...
III
Acabo de despertar, y con la garganta
seca,
y con un vago recuerdo a sombras.
No sé qué pasó la noche anterior: si
fue sueño o fue real.
Con ardor en mis oídos, y retraído en
mis sábanas
intenté olvidar ese camino, y ese
abismo;
y los dientes y uñas, y la sangre y
las cruces.
El dolor que sentía pronto se extendió
y a la luz del sombrío último día
vi sangre seca en mi almohada.
Y mis dedos sin uñas.
Y mis encías sin algunos dientes.
Y oí de pronto un grito, o creí
hacerlo,
no lo supe exactamente.
Y una vacía soledad cayó sobre mis
hombros,
y vomité.
La sangre y el sudor me recordaron
un sabor salado, una lluvia extraña,
y un bombazo. Y luego me recordé
en medio de un tumulto sin saber qué
hacer.
Y un repentino quejido me sacó de mi
sueño,
y el horror me llevó a saltar por la
ventana.
Salí y corrí, contemplé las ruinas y
el fuego,
pisé lo que parecía ser una mano
humana,
pero lo que me produjo más horror,
fue darme cuenta que ya lo había visto
todo:
la caída de la humanidad,
el pantano y su fondo,
el tiempo sin retorno.
Con lo que parecían lágrimas en mis
ojos,
busqué el camino a lo que parecía ser
mi casa.
Y recordé lo que todos decían:
que nada había como pasar el fin del
mundo en familia;
y que yo tenía una.
Busqué en mis tumultuosos recuerdos la
fantasía de una sonrisa
pero sólo conseguí recordar un grito
a la luz de la luna,
y un reflejo húmedo y rojo de unos
ojos perdidos
Caminé sobre el ripio mirando al
horizonte.
Bruma, humo y luz incandescente
me rodeaban;
pequeño y afligido me sentí;
sudoroso y maloliente.
Añoré entonces el olor a melisa del
jardín:
sólo basura hallé donde se suponía
que estaba.
Dirigí mi vista hacia los boldales,
hacia el cedrón y los rosales:
sólo sangre estancada, y troncos y
tallos secos, sin hojas ni flores.
Sin otro aroma más que a venganza,
sin otro color más que la confusión.
Sin otra certeza más que la
incertidumbre y el dolor.
No hay razón que me parezca lógica;
no hay emoción ninguna que se quede
al margen de una caótica noche de fin
de mundo.
Ninguna lágrima puedo acumular,
ningún sueño, ningún recuerdo dejan
de punzar.
Todo a punto de ebullir,
un volcán de imágenes y sensaciones
y una magmática verdad buscando salir
me quema por dentro;
arden los albores de una conciencia
consumida
por la hipócrita esperanza de la
salvación
Y allá, donde el fuego ya es carbón y
ceniza
surge de esas brasas una risa, una risa
pervertida.
IV
¡¡FUEGO, VEO EL FUEGO!!
Más que un recuerdo: lo vi quemando y
comiendo,
lo vi despidiéndose,
y vi un demonio con barba.
¿Qué? Llevo mi mano a mi boca:
yo también tengo barba.
¿Será posible que...?
No, no puede ser.
Pero allí está: una sombra
sospechosa,
proyectada tras un enrojecido atardecer
y, ¿Qué? ¡Qué son esas imágenes!
Rostros que creo conocer,
rostros que muestran horror,
rostros que pierden expresión,
rostros que exudan sangre,
ojos que reflejan un último haz de
luz, anaranjado y violento.
Y ya no hay allí otra cosa que un
cenicero.
Desorientado, me siento a la deriva.
Volví mi mirada hacia la empedrada,
el ripioso horizonte verde que siempre
creí mi hogar,
hoy no me dice nada, está silente,
pero...
¿Y esas voces? ¿Por qué me dicen que
no?
Que por favor me detenga... ¡Que por
favor me de la vuelta!
Hay aún por aquí pequeñas pistas.
Por acá vivo yo, pero no lo reconozco.
Hay carbón, brasas y cenizas por todos
lados.
Hay sangre en las calles. Y las calles
están en ruinas.
Esta, esta debería ser mi casa: esa,
la ennegrecida y destruida.
Ya no vidrios ni paredes. La oscuridad
se cierne en su interior y,
¡Oh, por Dios! ¿No es mi perro el que
está calcinado y... ¡partido en dos!?
El miedo me invade. La ira, la
impotencia y la venganza.
Por mi mente circula una certeza
pese a que hay sombras en mi cabeza que
ver no me dejan.
Allí está el culpable... ¡Es un
demonio!
Es cierto, hoy acaba el mundo, pero
¿Por qué acabó antes para ellos?
¿Por qué vino el infierno a mi hogar,
y no el cielo?
Oh Dios, qué miedo siento,
creo que el demonio sigue dentro,
esperándome, babeando por un cadaver
más.
Avanzo, el pasillo hacia el interior
ennegrecido por la humedad quemada
y por la amnesia angustiante de oscuro
color.
Mi familia ya no está.
Solo hay bultos negros y rojos.
Son ellos. Y la impotencia llega ya.
Caigo de rodillas al suelo
¿Quién mierda hizo todo esto?
Un frío rugido, casi como una risa
oigo desde el baño,
y levanto mi vista.
Allí debe estar el culpable,
aquel maldito y ruin demonio
que destruyó mi hogar y toda mi calle.
El atardecer anaranjado, por las
fisuras entrando,
me permite ver no un demonio, sino un
espejo trizado.
V
Y todo se vuelve claro.
El fuego, la sangre, los dientes, el
horror,
y esos cadáveres son reclamados por mi
mano.
Y por primera vez las veo:
rasgadas, secas, manchadas, como un
mapa
mostrando mis crímenes, mi demonio
violento.
Y entonces recuerdo, ahora, todo.
Y las lágrimas corren por mis ojos.
Fui yo, quien quemó y mató a mis
vecinos.
Era a mí, que me gritaban 'detente'.
Soy yo el único constructor de ese
horrible abismo.
Y a la mutilación de mi perro se suma
la violación de mi madre y hermana,
y mía es también de mi padre la
tortura.
Lo recuerdo, ahora, todo.
Y las lágrimas corren por mis ojos.
Y de mi bolsillo extraigo un papel
blanco, escrito. Es un recibo:
“Gracias por nuestros servicios
escoger:
Suficiente odio para matar,
suficiente demencia para quemar,
suficiente perversión para violar.
El efecto suministrado por el veneno
del poder
finaliza desde su primer crimen
veinticuatro horas después”
“Usted escogió PODER para cumplir
sus más profundos deseos.
Feliz último día del mundo”
finalizado en marzo de 2012. II Edición, febrero de 2018
domingo, 11 de marzo de 2012
Cipriano Abdul Reginaldo Tercero
Cuento creada en el marco de un voluntariado a Dichato, Febrero de 2012.
Había una vez un gran árbol, un pino llamado Cipriano Abdul Reginaldo Tercero. Era el más fuerte de todos los árboles de la cordillera, y el más querido por todos ellos.
Un día, vino de los Estados Unidos un gringo capitalista a cortar a todos los árboles del bosque - era un hombre malo, muy malo.
Entonces, cuando Cipriano Abdul Reginaldo Tercero se enteró, supo que tendría que hacer algo para ayudar a sus amigos árboles, y a sus amigos los conejos que dormían en sus raíces, y a sus amigos pájaros que vivían en sus ramas.
Fue y conversó con su padrino, el mar de Chile y le pidió que le impidiera al gringo llegar a las playas de Dichato - donde el gringo comenzaría a cortar a los árboles.
Y el mar le dijo: te ayudaré, no permitiré que el gringo llegue a Chile, pero necesito que hagas algo, y así salvarás a tus amigos.
Y Cipriano dijo: Haré lo que me pidas.
Y el mar le respondió: Tendrás que venir y vivir en la playa, y cuidar a los niños de la aldea Nuevo Amanecer, en Dichato.
Entonces vino Cipriano Abdul Reginaldo Tercero a vivir a Dichato. Y el gringo malo jamás llegó a Chile
Y ahí en Dichato, Cipriano tuvo muchos, muchos hijos e hijas, los que hasta hoy, viven con los niños de la aldea. Es así como es que hay tantos pinos en Villa Fresia. Y fueron felices por siempre.
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| Fuente original del cuento. * en color verde, frases de la 2º edición |
LA HISTORIA DE LOS PINOS DE DICHATO
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| Cipriano Abdul Reginaldo Tercero. El más famoso de los pinos chilenos. |
Había una vez un gran árbol, un pino llamado Cipriano Abdul Reginaldo Tercero. Era el más fuerte de todos los árboles de la cordillera, y el más querido por todos ellos.
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| Cipriano en la Cordillera de los Andes |
Un día, vino de los Estados Unidos un gringo capitalista a cortar a todos los árboles del bosque - era un hombre malo, muy malo.
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| El gringo capitalista malvado |
Entonces, cuando Cipriano Abdul Reginaldo Tercero se enteró, supo que tendría que hacer algo para ayudar a sus amigos árboles, y a sus amigos los conejos que dormían en sus raíces, y a sus amigos pájaros que vivían en sus ramas.
Fue y conversó con su padrino, el mar de Chile y le pidió que le impidiera al gringo llegar a las playas de Dichato - donde el gringo comenzaría a cortar a los árboles.
Y el mar le dijo: te ayudaré, no permitiré que el gringo llegue a Chile, pero necesito que hagas algo, y así salvarás a tus amigos.
Y Cipriano dijo: Haré lo que me pidas.
Y el mar le respondió: Tendrás que venir y vivir en la playa, y cuidar a los niños de la aldea Nuevo Amanecer, en Dichato.
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| Los niños de Dichato en la playa |
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| Los niños de Dichato aprendiendo |
Entonces vino Cipriano Abdul Reginaldo Tercero a vivir a Dichato. Y el gringo malo jamás llegó a Chile
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| Cipriano llega a Dichato |
Y ahí en Dichato, Cipriano tuvo muchos, muchos hijos e hijas, los que hasta hoy, viven con los niños de la aldea. Es así como es que hay tantos pinos en Villa Fresia. Y fueron felices por siempre.
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| Pinos hijos de Cipriano |
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| Niños de Dichato |
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| Pinos hijos de Dichato |
sábado, 28 de enero de 2012
Héroe por Accidente
¿Sabes? No es tan cierto eso que dicen, que cuando vas a morir, en ese último instante, logras ver correr como una película, como una diapositiva de fotografías toda tu vida. Al menos, no fue mi caso. El bus perdía el control. La máquina estaba repleta de pasajeros, normales todos. Habían algunos militares, criados más bien para matar que para ser héroes. Y así era, nadie allí estaba destinado a ser héroe. Ni yo, aunque lo he deseado siempre.
Familias, niños y niñas; señoras, ancianos, jóvenes, mujeres, hombres. Profesionales, estudiantes, vagos sin remedio, militares, homosexuales quizá, creyentes es lo más probable, etc. De todo, y en este corto trayecto, muy poco, al fin y al cabo.
Y allí la vi a ella. De pie, tan cerca de mí. Junto a su madre y su hermana, tal vez. ¿10 años? Más o menos. No me crean pervertido, por favor. Solo, y extrañamente, noté su presencia y la destaqué, creo, por entre las demás. Solo un instante. Y sólo unos minutos después, el bus averiado comenzaba su loca carrera hacia el pavimento. ¿Lo raro? No utilizó la pista de descenso habitual, sino que ahorró tiempo lanzándose al vacío por unos 30 metros. O algo así. Lo importante es que la máquina quedaría hecha una retorcijada ensalada de fierros retorcidos y vísceras humanas. Fuego, sangre evaporada, gritos silenciados por un golpe seco y justo al alma y a la vida de esos casi 30 pasajeros.
![]() |
| extraída de la siguiente dirección: http://www.iluminet.com.mx/la-luz-toca-emociones-y-espacios-victor-zapatero/ |
Y allí, unos 15 metros antes del primer choque, entre la máquina y las barreras de contención, lo pensé, pensé las probabilidades de que ocurriera. ¿A dónde huiría? ¿Cómo escaparía de la muerte? ¿Cuál sería mi táctica? No se ocurrió nada útil, en esa fracción de segundos, pues la mitad del tiempo pensé en cómo caería la micro: vertical; ladeada; ¿Se volcaría por el techo o permanecería tras el impacto, en sus cuatro ruedas? ¿Explotaría como en las películas? Por supuesto que no me imaginé el escenario del ileso. Creo que mi afán de sangre le gana a mi afán de héroe.
Y de pronto ahí estábamos los más o menos 30. Las primeras turbulencias, el paso de las ruedas sobre la vereda y su salto expresó la primera idea sobre el fin. El ruido del retorcimiento y la fricción de los metales del parachoques y la barrera desgarró el oído de todas y todos los ya no vivos. La sentencia no fue dictada, pero la supimos justo cuando la sensación de vacío y de caer inundó en conjunto con la adrenalina y el miedo cada pecho reunido en un solo y trágico suspiro.
Yo ya no creo en el destino. Me cuesta tragármelo. Prefiero pensar en coincidencia. Subí de los últimos casi a la micro, y me tocó irme de pie en la parte delantera, entre la puerta de entrada, el chofer y los dos primeros pares de asiento. Otras veces he oído conversaciones entre amigos en otros viajes, en otras micros, donde lo privado y lo público se amalgama como bronce, donde ya nadie es sí, sino que se es por un instante, habitante de una tribu exótica que todo lo comparte, desde los sueños, las miradas, el estrés del chofer, el aire, el sudor, la excitación y el trance. Y oigo lo que se suele: winners, hablando de sus experiencias, de sus triunfos, de las ganadas. De esas conversaciones que sólo me hacían entender lo looser que era. Sin novia, sin suerte, sin dinero, sin atributos ni bellezas, sin nada que se te pueda pasar por la mente que pudiese servir útil en un héroe. Y por eso el deseo intenso de lograr llegar a ser. Héroe. Mesías. Líder.
Y allí iba esa pequeña niñita. Llena de no sé qué, en realidad. Como jugosa y dulce. Ensueño. Ahora que lo pienso, entiendo el por qué los padres quieren por lo general que sus hijos o hijas sean ‘más’ que ellos. Tiene que ver con el heroísmo de alcanzar algo, si no por ti mismo, a través de un discípulo. Proyección. Esperanza. ¡Já! Y eso me pasó. En ese último instante, cuando la vida se me iba irremediablemente, me agarré de la rama de esperanza más cercana. Ella. Y lo único que pude ver, fue toda su vida, la que no iba a tener por no se qué cresta: el destino o la simple fatalidad de ir en una máquina de mierda con un chofer igual. La vi, crecida, a sus quince, con su cabello claro y liso aún. Delgada, pero más curvilínea. La vi estudiando para la PSU, darla, y obtener un puntaje destacado. La vi entre abrazos de regocijo. La vi bajo el campanil de la U de concepción, con sus apuntes a medio estudiar, puesto que lo interesante no estaba en ellos en ese momento, sino en las posibilidades históricas de una revolución. La vi heroína, una mujer maravilla, sentada en panteras negras, arrasando maquinarias oxidadas, rozando el asfalto, construyendo campaniles en Colón y arcos en Carrera. La vi, con el cabello oscurecido, llena de vida, de experiencias, radiante. Bella. Única. La vi en aulas de cristales dorados. La vi creando. Y así, un sinfín de imágenes ciertamente idealizadas, gracias a todos los imaginarios, símbolos y arquetipos que la sociedad occidental implanta desde pequeños a todos sus zombies. La vi bella. Sonriendo, llorando, mirando el horizonte, caminando sobre las arenas de las playas choreras; ¡qué diablos! ¡Si en Talcahuano no hay playas para caminar libremente! Y allí, en medio de las últimas locuras, de los últimos latidos cardiacos, antes que la certidumbre ahogara los últimos jirones de voces ensangrentadas, algo me impulsó a abrazarla. La estúpida y cruel esperanza. Todo lo cree, ingenuamente. La abracé con mi izquierda y con mi derecha sólo me aferré a los fierros de un asiento, el cual desapareció tras el choque. O tal vez mi brazo. Y recuerdo mis últimos suspiros, sus últimas convulsiones dentro de mi brazo, las últimas líneas de fragancia infantil, los últimos gritos aterradores y desgarradoramente desesperados. Y también lo último que pensé. Todo estará bien.
…
<< Buenas tardes, tenemos una noticia de última hora. Un grave accidente mantendrá de luto a la ciudad de Talcahuano por estos días. Un bus de transporte público, de la línea ‘Vía Láctea’, por razones que serán motivo de investigación, cayó por 20 metros en la zona del Tercer acceso a Los Cerros, hoy llamada Avenida del Pescador. Las imágenes hablan por sí solas, es desgarrador ver cómo quedó de destruida la máquina, que sólo cinco minutos después de detenerse estrepitosamente en la acera, comenzó a incendiarse. Para ese instante, personas que pasaban por el lugar prestaron ayuda e intentaron sacar sobrevivientes. Lamentablemente, sólo pudieron sacar a unas 6 personas, 3 de ellas, ya muertas por la violencia del impacto. Dentro de las personas que aún vivían, se cuenta una niña de tan solo 9 años, la que milagrosamente, sólo salió con rasguños. En el momento en que los carros de emergencia se constituyeron al lugar de los hechos, la máquina ya había comenzado a incendiarse, con lo que parecía una micro que viajaba a su máxima capacidad, al menos unas 35 personas. En cualquier momento estaremos informando cualquier aspecto de esta trágica noticia… >>
domingo, 22 de enero de 2012
Ojalá el cielo fuera plausible
plausible: Atendible, admisible, recomendable
Ojalá el cielo fuera plausible,
Ojalá el cielo fuera plausible,
modelable, sin cristales ni metales en sus calles;
sin tanto celeste, ni luminosas huestes de santos enjoyados de jade,
sin incertidumbres,
con las gruesas y livianas vanalidades de la vida diaria,
los ordinarios placeres que te hacen sujetarte aún
de este salvaje y bipolar potro:
algunos le llaman 'vida'.
Si. Paraíso sólo podría llamarse un Edén rectangular
de pasto natural;
un lugar donde las pasiones se transformen en un eterno correr y gritar
y los balones a chutar sean cometas de fuego,
y los postes sean tres pilares de oro con diamantes encrustados,
autografiados por los más grandes de la historia.
Con fair-play innato, y con las estrellas como los fanáticos,
esos que cantan sin descanso, que saltan y brillan como copas
Y no sólo allí pasaría los días eternos.
Me encantaría encontrarme con enormes bibliotecas multimedias,
llenos con los archivos de angélicos cronistas,
desde el Big-bang hasta el apocalipsis final,
la historia, y todas las medidas que la infinita sabiduría creó
en su afán arquitectónico;
los pilares y los extremos angulares del universo,
y de la humanidad original, antes de su hydiana mutación.
Pero el soccer y la biblioteca no serían nada si no hay rock.
Sin cuerdas ni distorsiones, sin estrambóticos gritos;
estridentes y armoniosos relámpagos de luces expelidos hacia
los intersticios fríos sin el sol de la salvación.
Allí, con tanto espacio, los ecos surcarían los océanos,
conmoviendo los antiguos cimientos de la caverna sideral,
provocando a los primeros soles a mover sus aún doradas cabelleras,
y con el envolvente twist, hasta Dios mismo movería sus caderas.
Nada puede ser llamado dulce cielo sin el amargor del lúpulo;
nada puede ser brillante si no hay cada día espumantes crepúsculos;
nada puede ser sagrado si el sudor no chorrea por la frente,
lo cual a veces suele ser delicioso y refrescante.
Si no tenemos astros nocturnos que ver y disfrutar,
si se acaba la posibilidad del cine y la poesía,
y las poéticas y plateadas nubes invernales dejaran de mojar,
todo en ese mundo sería demoníaca decadencia, pura charlatanería.
Y además, no puedo imaginarme un paraíso
con ritualescas objetividades, sin debate ninguno,
en donde todo esté ya aceptado y la discusión y la pasión
condenadas al infierno hayan partido.
¡Con los odiosos fundamentalismos y ortodoxias!
Con las absurdas banderas del fascismo;
ora rojas, ora amarillas: ni izquierdas ni derechas fanáticas y armadas
amantes de la fantasía del poder y del satánico dinero.
Aunque el dolor y la miseria se suponen obvias
fuera de la nueva tierra,
así como cualquier atisbo de odio y envidia,
es mejor asegurarse y soñar
y construir amor en todos y cada uno de sus rincones;
y en sus murallas garabatear alegría,
y de sus límites sacar las alambradas y dejar inconclusiones:
la felicidad estará en el continuar construyendo paraísos...
Y Cerros. Grandes y sinuosos cerros llenos de bosques de colores,
sustanciosos, tropicales y fértiles
cercanos a playas esmeraldas y a valles rubíes.
Cerros vigilantes, unidos a los cielos zafiros profundos,
gratamente inexplicables,
pero humildes y amigables a todos los que
plantados y regados en la tierra del Señor
podrán llamar a este paraíso, Hogar.
Ojalá el cielo fuera plausible.
Pero por cierto, mejor fuera
que lo transformable sea esta tierra,
este presente tan lleno de divinos placeres
y tan compulsivo, lleno también de horribles cadenas
Ojalá el cielo sea como yo quiera.
Ojalá el cielo fuese greda
dispuesta a tomar forma según mis exóticas fantasías.
Sea como sea,
incertidumbre es la palabra clave.
¿Fe? Tal vez.
Pero por nada del mundo
renunciaré a mis fantasías.
Esas que me hacen remar hacia nuevas rocas,
en busca de un Hogar, un paraíso.
** ESTE POEMA TAMBIÉN ESTÁ PRESENTE EN LA OBRA 'CUADERNO ABIERTO' LA CUAL PARTICIPARÁ EN EL CONCURSO DE POESÍA JUVENIL 'ARTHUR RIMBAUD'. TANTO COMO LA OBRA Y EL POEMA, ESTE BLOG ES DE EXCLUSIVA AUTORÍA DE roque atreides. **
domingo, 20 de noviembre de 2011
La Leyenda de las Guerras Lafkenche
La Leyenda de las guerras Lafkenche
El final del viejo león del noroeste
En la época antes de las guerras de arauco, mucho antes que el extranjero pisara la sagrada ñukemapu, cuando el Itata no era Itata, ni el Biobío era Biobío, allí, en los pantanos y bosques de las montañas del noroeste, un pueblo, una casa, un nombre, escribía con estridencia y luminosidad, y con veneno, una historia olvidada y mezclada por los sudores de la conquista.
La guerra de arauco disimuló esta otra guerra. El re-che, el pueblo, sus gentes, se debatían en una intensa lucha interna entre fuerzas venenosas y fuerzas sacras, las cuales precipitaron sobre el mar, sobre las islas, sobre la tierra, los ríos, pantanos, bosques, montes, gentes, bestias; sobre lo amado, sobre lo protegido, sobre lo codiciado, un poder incomprendido, tan grande que resultó espantoso.
El poder desencadenado por ambiciosos deseos y por poderoso rencor, en choque contra las respuestas de incontrolable pasión e intransigente solidaridad, destruyó gran parte de los caminos entre los principales hermanos: Pikun, Lafken, Puel, Huillin. Devastó los bastiones del norte, las murallas infranqueables del viejo león protector. Las consecuencias de la guerra, pues, fueron más allá de lo que pensaron sus guerreros. Y entonces, frente a la propia debilidad de los hijos de Lafken, se alzó un enemigo mucho más tenebroso que la oscuridad del mar.
Y así, los primeros huincas que emergieron por detrás de las murallas y montes del viejo león, en sus barcos y bestias de hierro, vieron cómo la que era apacible, tronaba con una fuerza sobrecogedora. Vieron cómo caían del cielo lo que parecían rayos, iluminando demoníacas reminiscencias de gigantes. Y oyeron cómo tronaba el cielo y sus nubes, y como la tierra gritaba de dolor. Y sintieron cómo vibraba la tierra y la sangre derramada a sus pies. Y pronto supieron que la fuerza del norte había sido desgastada, por la porfía, por el rencor, por la intransigencia y por la fidelidad de los últimos weichafes leales al toqui Tralkanwennu. Pero la tierra ya había decidido castigar a los leones del norte, a sus guerreros, a sus comunidades.
Y el extranjero conquistó. Pero no pudo pasar más allá de las orillas del viejo león, porque los hijos de Huillin supieron ubicar, cuidar y utilizar sus fuerzas.
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