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miércoles, 21 de marzo de 2018

Multi-Piscis

 
Multi-Piscis

De acuerdo a las cartas astrales, soy piscis.
¿Has visto cómo dibujan este signo?
Si. Compuesto por dos peces.
Pues te cuento.
Yo soy cuatro peces.
Más bien, dos híbridos: cuatro pedazos
unidos por macabras y complejas causas;
en un equilibrio frágil,
siempre al borde de una locura radical;
girando y girando, provocando
consecuencias misteriosas,
a veces nefastas.

Pon atención, mírame bien:
verás que soy mitad pescada y mitad tiburón;
mitad róbalo y mitad sirena.

Con un cierto sentido de común y silvestre.
Un huevón como cualquiera.
De venta fácil en los mercados del puerto,
en las esquinas del barrio,
en los puerta a puerta.
El de mayor acceso,
el pez carne de perro
el que se vende por pila para que rinda,
el que aún añejo sirve y cunde.

Y a la vez soy un cartilaginoso peligro.
Feroz y horrenda creatura.
Eventualmente salvaje,
un predador que cuando despierta
lo hace siempre hambriento,
siempre sediento de pulsiones sanguinarias.
Ávido de competencia,
y derrochador de testosterona,
silencioso y brutal,
dueño de la cresta de las olas
y de las simas abismales.

Pero la transformación no termina:
a veces, llego a ser sólo una presa costera.
Tan ingenua, tan fácil de atrapar y embaucar.
El típico triunfo de los pescadores amateurs.
Tan carne de perro como la pescá,
pero nunca tan popular,
ni rendidor,
ni tan útil, ni tan saboreado;
un simple y vulgar 'peor es ná'.

Y por último, mi mitad mitológica,
mi mitad mística, inusual,
emocional.
Bella y atractiva en lejanía;
letal y demoniaca en cercanía.
Musical,
habitante de mares profundos e inexistentes
tan ocasional como recurrente
Crepuscular, nebular;
pregonador de tormentas y tragedias,
así como creador de experiencias únicas e inolvidables.

En resumen, un monstruo.
Víctima y consecuencia,
resultado colateral de la radioactividad:
de las altas emisiones de expectativas,
de los deseos pornográficos de poder incontenibles!
del destructivo huracán emocional!!
de la montaña rusa derruida de experiencias vitales!!!
de las toneladas de la basura biotecnológica de la maldita libertad transnacional!!!!
una miserable parte del plan enfermizo del corazón pervertido de esta sociedad!!!!!

Un completo engendro:
aunque al fin y al cabo posible de domar,
de acariciar,
de consumir,
de admitir,
de vencer.

Pero toma tus recaudos.

viernes, 16 de febrero de 2018

Pronunciarte



Pronunciarte


Me encanta pronunciar tu nombre.
Gabriela.
Cada vez que lo enuncio es como que viajo... a un otro lugar.
Especialmente, si lo pronuncio pensando en ti. Que es lo que suele pasar.

Gabriela. Es casi como una obra de tres actos.

Ga: un desgarro en el silencio y el encierro; un suspiro gutural que rompe la celda oscura y solitaria de mi voz; una overtura musical hacia una eterna primavera;
un portal que me guía a un encuentro con un sol luminoso.

Brie: un potente contacto de labios y de dientes:
un encuentro íntimo de almas,
de sustanciosa agua,
y de deseos palpitantes,
de urgencia por el oxígeno que transpira tu sonrisa

La: una caricia palatina de mi lengua y un suave abrir de boca que deja espacio a la entrada de nuevos oxígenos,
y de nuevos sabores que se derraman de tus mil cabellos y de la idea de tu rostro frente al mío,
y que no existen en ningún otro rincón del multiverso.

Gabriela. Me encanta pronunciar tu nombre.

Es
[inspiro, suspiro]…
casi como ensayar un beso.

Y un beso... sería como viajar a otro universo. Un loop sin fin en el que atrapado me encuentro.

Y del que no quiero salir.


--


PD:
No hay PD.

jueves, 15 de febrero de 2018

Breve historia de un conflicto que se resuelve siendo masticado


Breve historia de un conflicto que se resuelve siendo masticado


¿Cómo fue que llegaste a esto?
No sé, hueón, no sé.
Te acordai que hasta hace tres meses, nuestra política de la resignación era una ley intransgredible.
Claro que me acuerdo, ¿pa' qué me hacís preguntas obvias?
Es que no te entiendo puh, ahora andai todo loco, desesperado, angustia'o como pasturri por hacerle poemas y huevás.  
Y qué querís que haga hueón, si me enamoré po loco. Quiero puro que piense en mí. Y no te hagai, si boh también andai baboso.
Ya, si. Apuesto que tiene mil jotes dando vuelta, boh soi otro pajarraco negro más, hueón.
Pero me dijo que nadie le había escrito antes, ahí tengo una ventaja.
La hueá, hueón. Ahí tenís. La emoción que tanto queríai olvidar. La faquin esperanza. Esa bestia que tenemos encerrá allá atrás.
Si, ya sé. Esa huevá es monstruosa, realmente da miedo. Pero no podía evitarla para siempre. ¿O si?
Yo creo que sí. Es esta maldita obsesión de jugar a lo Bielsa, siempre pa'elante. Adónde, si en la vida hay que jugar a lo pelao Acosta, no queda de otra.
Que exagerao. Igual clasificamos con el pelao, pa' que tan mala onda. Pero con el Loco nos revolucionamos poh, hueón. Esa es la actitud.
Kío, actitud.

Ya, en vez de andar así con el caracho, ayúdame mejor. 
Y en qué te voy a ayudar yo hueón, si yo soy tu lado racional, no me metai en problemas.
Puta, el culiao pesao. Ayúdame.
Qué querís que haga.
Háceme la entrevista poh.
Esta idea es muy ridícula, ¿Creís tú que le va a gustar esta hueá?
Puta, yo qué sé. Pero las otras cuestiones que le escribí son muy mamonas. A lo mejor si la hago reír, me va a pescar un poco más.
Faquin esperanza. Ya hueón, trae pa'cá.
 


Ya, míster enamorado, cuénteme. ¿Cómo conoció a su amada?
Fue una situación inesperada. Andábamos buscando una persona para hacer teatro. Igual estábamos angustiados, porque los días pasaban y no íbamos a alcanzar a gastar la plata. Y de pronto la jefa del centro cultural...
Ya pero hácela más corta, ¿pa' qué tanta explicación?
Ya bueno. El tema es que cuando entré a la oficina lo primero que sentí fue una sensación de: “¡Ah chucha!”
Si, [xD] me acuerdo de esa hueá. De dónde salió esta cabra, ni idea. Tenía más pinta de modelo argentina que de profe de teatro...
Oye, la entrevista es a mí.
Chuta, verdá.
Entonces me acuerdo que andábamos terrible de desarreglados ese día. Yo al menos me sentí un patito...
¡Qué patito hueón! Como murciélago inyecta'o, como el tigreso del oriente en la ruina o el gemelo deforme de esqueletor, o peor
Si, no hallaba dónde meterme. Me daba como miedo mirarla a la cara. Tan linda que tiene su carita... A lo mejor supe lo que iba a pasar en ese momento... y por eso quería puro arrancar de ahí.
Buena po, pitoniso. Aunque debiste hacerlo... En fin, ¿qué pasó después?
Después hubo que hacer todo un enredo, porque pa' rematarla, me puse nervioso y dije puras hueás. Un monto de sueldo que nada que ver. Ya, pero al final empezamos con el taller.
En Quino...
Justamente, ese hermoso lugar.

Y bien, Pasión, dígame, ¿Cómo fueron esos días de compartir con ella?
Divertidos. Especiales. Lluviosos. Tenía su cuota de estrés, con el temita del auto, la otra comadre que quería lista de asistencia y no me acuerdo qué otra lesera. El teléfono que no me llegaba señal. Pero bueno. Me gustaba acompañarla. En principio, porque salía de la oficina. Además porque me encanta huear con los cabros chicos. Es entretenido. Y ella le ponía tanto color, tanto entusiasmo. Tanta, tanta alegría. Era como contagioso. O es contagioso. Esa energía que tiene, que cosa más increíble.
Ah, si. Toda la razón.
Además, el viaje era tan largo, aproveché de que me hablara harto
Si, porque a boh no te salen palabras ni a palos
Eso es culpa tuya, que nunca me dejai hablar
Ah, pero si terminai hablando hueás incomprensibles. A veces te paso el whatsap y escribís puras incoherencias
Pero si fuera por ti, no hablamos ni escribimos nada,
Eso se llama sentido de ubicación.
Sale pa'llá, ubicado; andai arratona'o siempre
No me vengai a huear o dejamos esta cuestión hasta acá no más!
¡Te duele porque sabí que es verdá! Además, boh empezaste,
Ya... mira... sigamos mejor
Ya, ya. Sigamos.

¿Qué ha sido lo que más le llamó la atención de esta persona?
Me alegra que lo preguntaras. Quisiera aprovechar la ocasión para aclarar algunas situaciones. Las otras locas con las que trabajai han intentado confundirme, me dicen que ando todo loco porque tiene el medio cuerpo, que es la media mina, que no sé qué con su... sus... caderas... Es necesario aclarar que hice todo el esfuerzo del mundo para mantener mi mirada siempre arriba.
¿Y te resultó?
Si. Bueno, casi siempre. Mmmm... ¿70% del tiempo? Pero, sabes tú por qué yo creo que me resultó?
Dígame usted
Porque la miré mucho a la cara. De a poco fui perdiendo el miedo, y la miré todo lo que pude a esos ojos preciosos como de color de la canela que tiene, que están como en un balcón: sobre esas atractivas bolsitas que tiene debajo. Como no quería mirar para abajo, me concentré en su exquisita sonrisa. En ese cabello ondulado que realmente me mata, en ese cuello alargado y contundente, donde guarda esa voz tan rítmica y amielada...
No logro comprender el punto.
Mire, señor racional. ¿Cómo partió todo? Usted compañero se resistió, cuánto. Cuánto. Un montón. Te negabas a dejarte llevar. Me impediste empezar a escribirle antes. Pero ¿cuál fue la primera idea que se me cruzó por la cabeza?
Su cabello como una selva. Ondulada, aleonada, fresca.
Por tanto mirarlo. ¿Cuánto tiempo la tuve ahí, dando vueltas? Le miraba y le miraba el cabello. La idea nunca se diluyó. Entonces pasó lo mejor. Te convencí que me dejaras escribir ese primer poema. Jajaja, qué risa. ¿Cómo fue que te dije? “Déjame desarrollar la idea, si al final, es sólo un poema. ¿No querís que me convierta en poeta?”
Algo así fue.
Si. Me dejaste. ¡Me dejaste y te cagué, hueón! ¡Guá! ¡In your feiz, madafaca! Después de eso nos fuimos por un tobogán. Derechito al agüita. ¡Splash!

Entonces, me está diciendo... ¿que se enamoró de ella por su cabello? Eso suena un poco ridículo.
No, no creo que haya sido por eso.
A ver, pensemos. Hay mil mujeres en esta ciudad que tienen el mismo tipo de pelo, así, rizado, con chochos y rulos
Si. He hecho poemas generales que hacen alusión a eso. Pero no había hecho jamás un poema a alguien en particular por su cabello.
Ok. Será por su sonrisa entonces.
Pasa lo mismo creo yo. La risa y las sonrisas siempre son atractivas, si bien creo que Gabriela tiene particularmente una sonrisa única.
Entiendo. ¿Sus ojos?
La explicación es la misma, creo. Preciosos, pero no sé. No creo que me haya enamorado por eso
¿Su cuerpo?
Ufff... pero no, tampoco. Acá hay muchas chicas muy atractivas. Pero no me producen esta emoción.
A ver, a ver, a ver. Me estás diciendo que después de todo este rollo, ¿no tienes nada concreto? ¿Ningún argumento? Haaahhh... ¿Cómo cresta me dejé arrastrar hasta acá, dios mío?
Lo que pasa es que no se trata de estos elementos en particular. Es decir, no es por nada de lo que me dijiste, pero al mismo tiempo, es por todo eso. 

¡No! ¿Te vai a ir en la bolá filosófica ahora?
Mira, se trata de algo que va más allá. No sé si exista una mejor definición. Pero me enamoré de esa energía que tiene. De esa eterna alegría que mantiene. De esa gracia que se le escurre. De ese poder con el que fluye. De esa electricidad que transmite. De esa luz que emite. Es una huevá demasiado genial que posee y que no sé explicarla. Ni siquiera tú, que eres el científico. Es eso, esa magia, ese cosmo, ese ki, nen, aura, chacra... qué sé yo, no sé cómo llamarla, no quiero ponerme esotérico. Es eso que no puede, o que no sabe contener. O no quiere. ¿Para qué hacerlo? Y se le desborda tan naturalmente y nos contagia a todos. Me enamoré porque ese poder se le escapa por su cabello, por su voz, por su sonrisa, por sus ojos, por sus movimientos, por su respiración agitada que siempre parece que tiene cuando hablo con ella por teléfono. Esa intensa radiación cósmica de la que no te puedes proteger. O por lo menos, de la que yo no pude escapar. Eso amo yo de ella. Y la idea de estar cerca de ella, de verla, de llegar lo más próximo a la fuente de ese impresionante, adorable, enloquecedor poder, me tiene así.

Recuérdame, Pasión: ¿cómo fue que nos decidimos a entregarle ese primer poema?
Dejarse llevar fue el primer paso. Completar el poema, el segundo. Entonces te sugerí que podríamos entregárselo... Ahí hubo pelea.
Claro, me puse firme. Te recordé una y otra vez que necesitábamos estabilidad, que la resignación era el camino, que esas tensiones que se producen no eran necesarias.
Si. Entonces te convencí con el mejor argumento que hasta ahora se me haya ocurrido. Y lo mejor, es que no se trató de un subterfugio, como cuando te convencí de escribir el poema del cabello. Se me cruzó el pensamiento de que si en verdad queremos cambiar el mundo, necesitamos subvertir todos los parámetros, todas las obviedades, todas las ideas. Ir mucho más allá. En ese sentido, esta política de la resignación, el encarcelamiento de la esperanza, hueón, y la insistencia en ni siquiera intentar hacer algo con el amor que nos nace de tanto en tanto, en realidad, era parte de un contrasentido. De una contradicción interna que también – como el capital o el faquin patriarcado – debía ser destruida.

Realmente, ese argumento me mató.
Me creíste. Me creíste porque eso de cambiar al mundo es prácticamente la única huevá en la que estamos de acuerdo.
No. No. Hay otra cosa más. Yo también me enamoré de ella. Pero me cuesta reconocer cosas que no comprendo. Y ahora, recién, ya estoy comprendiéndote.
Me alegra oír eso.



Estamos listos con la entrevista, ¿no?
Si... Eh, Razón. Oye, debo confesarte algo.
Qué pasó, compañero
Abrí la jaula. La liberé...
¿Qué?
La llamé el otro día. Yo, eehh... Le dije que iba a... pues, publicar todo esto que le he escrito y que se los iba a enviar...
¿Que hiciste qué?
No te asustes ahora. Pero mira. Allá viene el monstruo.
Maricón, qué hiciste.
Escúchame, si ya reconocimos lo obvio, es hora de hacerle frente. No podemos tener a la esperanza por siempre encerrada. Mírame. Es mi turno de tranquilizarte ahora. Nos va a atacar. Nos va a comer vivos. Creo que mientras nos mastica, volveremos a ser uno, como siempre debimos serlo. Esto de estar separados: eso si que es ridículo, no esto que sentimos. Razón y Pasión no pueden pasársela peleando.
Puta, hueón. Me hacís sentir casi como Kamisama. ¡Y que quede claro que boh soi el piccoro! ... ¿Estái seguro que va a funcionar?
No. Pero no quiero quedarme en nada, como otras veces

...

¿Cómo fue que llegamos a esto, hueón? Va a doler hueón, yo me acuerdo. Yo soy el único que tiene memoria, boh lo olvidai todo. Esos dientes son afiladísimos. Espero que valga el sufrimiento. ¿De qué te reís, hueón?
Te voy a decir lo que siempre me dices tú. No importan los costos cuando algo vale la pena. Y esto vale mil veces la pena.
¿Y... si no resulta nada con ella?
Razón, por favor, piensa. Esto no es un maldito emprendimiento. No es un depósito a plazo. No es una siembra, o un puto crédito. Estos estúpidos resquicios de pensamiento neoliberal que buscan mierdas de ganancias en cualquier huevá se van a quedar en las muelas de esta bestia. ¿me entendís?
Entonces... ¿Por qué hacemos esto?
Dímelo tú. Tú lo sabes tan bien como yo...

...
...
'Amar es insurgencia' [♪], hueón. Maldita canción
Exacto. ¿Qué importa si no nos está leyendo? ¿Qué importa si se enoja y no nos vuelve ni a mirar ni a hablar? Le estamos regalando buena parte de lo mejor de nosotros. Y ella lo vale. Una vez hecho, ya no tendremos que arrepentirnos de nada. De nada.
Ahí viene. Cresta. Ya. Ya conchamimaire, hágamoslo no más... puta, no dejo de temblar.
Hay que gritar entonces. Gritar. Gritar fuerte. Más fuerte que el miedo


¡Grita poh!
No me sale la voz hueón, estoy que me cago...
Grita, grita... ya sé, grita como el Tomi Li Jon en los hombres de negro
¿Cuál?
En la uno...
Ah, ya caché...

OYE, OYE, MONSTRUO CULIAO ¿TENÍS HAMBRE HUEÓN? VEN HUEÓN, AQUÍ ESTAMOS, ¿TE CREÍS CHORO HUEÓN? ¿QUÉ HUEÁ TE CREÍ? ¡VEN HUEÓN! ¡CÓMEME! ¡CÓMEME! ¡CÓMEME CONCHETUMAAAAAAAAAHHHHHHH!!!!!!

...

PD: 
<< El amor sólo da de el mismo, y no pretende obtener más que de sí mismo. El amor no posee a nadie ni puede ser poseído. Pues el amor se basta del amor. Cuando ames, no digas 'Dios está en mi corazón'; más bien, di 'Estoy en el corazón de Dios'>>
De: Khalil Gibrán. En: 'El Profeta'.

...

miércoles, 14 de febrero de 2018

La posibilidad de verte



La posibilidad de verte


La posibilidad de verte me moviliza.
La posibilidad de verte me da ese aire fresco pero tormentoso que lo agita todo.
Un huracán que recolorea todo acá adentro,
pero que entra con tanto poder y con tanto calor que lo deshiela todo,
y provoca de todo.
Debo correr para sostener y contener los mares internos,
o podría perderlo todo.


La posibilidad de verte es el sonido de un baile enloquecido entre tus cabellos y el viento.
La posibilidad de verte hace bombear mi sangre a ritmos que mezclan trash, funk, jazz, rap, punk, folk, metal, doom, death metal; es… es otro rock and roll el que produzco.
Es otra la lírica que brota de mis dedos,
Es otra la mirada que tengo,
Es otra la perspectiva que sostengo.
Es otro el camino que transito.

La posibilidad de verte me subvierte.
La posibilidad de verte me sugiere abolir mi política del miedo al amor.
La realidad se me revuelca
y la mente se me traslada a esas dimensiones creadas por esa esperanza exiliada hace tanto.
O son sueños, o son fantasías.
O son premoniciones, no lo sé.
Pero las solas ganas de verte me hacen navegar sobre trigales rumbo a lunas doradas que brillan con el color de tu mirada, junto a las cuales flotan ballenas rosadas que irrumpen en el fondo azul oscuro de mi universo racional...
que en este momento sucumbe ante el sólo recuerdo de los ecos luminosos de tu extraordinariamente bellísima sonrisa.


Todo los sentidos se desacoplan, y se acoplan, y se desacoplan, y se reacoplan...


Nada queda indiferente.
Tu poder todo lo trastorna.
Todo lo transforma.
Todo lo trastoca.
Todo lo redirige.


Mira lo que hace un pequeño rulo de esperanza
______


PD:

<<♪♪ Las flores se han hartado ya,
de esta soledad
dibujar mariposas hoy
es revolucionar
mis manos se han hartado ya,
de no poder gritar
y así quieran prohibirnos
amarnos sin control,
amar es insurgencia
la insurgencia es el amor...♫>> 





martes, 13 de febrero de 2018

Ya no es un simple viaje


Ya no es un simple viaje

Hoy nuevamente viajé a Quino. Y cada vez que por la ventana miro, nuevamente viajo por mi memoria y sus caminos. Y te encuentro allí.

Surgen mil detalles que reflejan las mil miradas constantes que lancé esperanzado en cosecharlas al final de un verano quemante. El grano surge hoy como poesía en los dedos de un enamorado.

Esta sensación ha de ser por la brisa, la que corre aprisa sobre los campos de largas y estivales espigas, la señal primera que hipnotiza y al tiempo me evoca unos cabellos que trastocan mi presente, y me invitan a quedarme atrapado, mirando esas vibrantes fibras de energía viva.

Esa misma brisa luego se transforma en potente viento, que se cuela veloz y abultado por las orillas de las ventanillas de todos estos autos que me llevan y me traen hacia ti... y hacia Quino, claro. Es casi una voz – como la tuya – gruesa, enérgica, frescamente endulzada en días de calor. Una voz que abarca todos los espacios, todos los rincones, todos los corazones.

Todos los recuerdos.

Pero es imposible no alzar la vista; es imposible para mí que ese amplio horizonte que mi mente registra hacia el oeste no pueda compararse con la amplia sonrisa que, infinita, me acompaña todo el camino que mi alma caminante recorre una vez; mil veces.

Otra vez.

Y justamente, este precioso camino. Esbelto y agradable. Lleno de curvas peligrosas y bellísimas como tu silueta misma que, si no lo recorro atento, puede fácilmente matarme. O por lo menos, enloquecerme.

Si. Me enredé lenta y completamente en todo ese largo andar hacia allá.

Si. Me enamoré. Me enamoré, seguro que como tantos otros tontos que se dejaron llevar
como abejas al precioso néctar. 
Pero te aseguro que sólo yo me enamoré de ti camino a Quino.

...

PD:
<Cuando el amor te de sus señales, síguelo:
aunque sus caminos sean abruptos y escarpados.
Y cuando te envuelva con sus alas,
abandónate a él: aún cuando un dardo acerado
dentro de sus plumas, pueda herirte. 
Y si él te dirige la palabra, créele:
aunque con su voz él pueda arrasar tus sueños
así como el viento del norte devasta los jardines>>
DE: Khalil Gibrán. En: "El Profeta"





jueves, 20 de diciembre de 2012

Mañana es el fin del mundo



Mañana es el fin del mundo


Mañana es el fin del mundo

I

Oscuridades. Nebulosas certezas.
¿Qué es aquel grito exhausto?
Aquellas voces que oigo, aquellas semillas de pánico,
de comerciantes;
todos vociferando al mismo tiempo;
una lluvia de barro, nieve y mar,
acercándose, precipitándose, tentándome.

¿Qué haría usted? ¿Por qué no se acerca por aquí?
Es su último día... ¡No puede no hacer nada!
Si, son las voces.
Si, me ofrecen vacaciones familiares,
las mejores comidas, las mejores filosofías,
las mejores ofertas, la mejor respuesta.

Y las señales parecen inequívocas:
reyes y reinos caídos;
desde las alturas, como granizo
lo que se nos vendió como paraíso;
ahí viene, en llamas, sufriendo yagas y dolores,
sin calma,
se precipitan las masas, levantando en alto sus tickets de entrada,
escapando de un fin siniestro, la ruinosa inmortalidad parece un sueño.

Es que mañana es el fin del mundo
y tantas cosas quise hacer, ahora jamás podré. A menos que...

II

Cuesta encontrar paz. El mundo convulsionado está.
No se haya. Han quebrado los espejos,
nadie quiere verse a sí mismo.
Nadie quiere ver con sus ojos el abismo,
ese que se cavó con uñas humanas.
Hay dientes allí también;
hay sangre, hay infantes, hay harina, hay jeringas
raíces secas, biblias, lenguas que aún palpitan: 'así no'

Y yo levanto la vista; luego giro y veo:
los ojos están puestos en un pedazo de papel
que vuela al son del viento.
Y yo presiento que hacia allá está el abismo,
y aquello a lo que llaman fin.
Y miro abajo, al suelo, y allí está todo,
todo lo que parecía nuestro: banderas,
monedas, corbatas, crucifijos, ampolletas.
Y todo está roto, cubierto con sangre o con heces.

Y el hambre.
Y el ruido de castigo detrás.
Y la sensación de una moral que desfallece...

III

Acabo de despertar, y con la garganta seca,
y con un vago recuerdo a sombras.
No sé qué pasó la noche anterior: si fue sueño o fue real.
Con ardor en mis oídos, y retraído en mis sábanas
intenté olvidar ese camino, y ese abismo;
y los dientes y uñas, y la sangre y las cruces.
El dolor que sentía pronto se extendió
y a la luz del sombrío último día
vi sangre seca en mi almohada.

Y mis dedos sin uñas.
Y mis encías sin algunos dientes.

Y oí de pronto un grito, o creí hacerlo,
no lo supe exactamente.
Y una vacía soledad cayó sobre mis hombros,
y vomité.
La sangre y el sudor me recordaron
un sabor salado, una lluvia extraña,
y un bombazo. Y luego me recordé
en medio de un tumulto sin saber qué hacer.

Y un repentino quejido me sacó de mi sueño,
y el horror me llevó a saltar por la ventana.
Salí y corrí, contemplé las ruinas y el fuego,
pisé lo que parecía ser una mano humana,
pero lo que me produjo más horror,
fue darme cuenta que ya lo había visto todo:
la caída de la humanidad,
el pantano y su fondo,
el tiempo sin retorno.
Con lo que parecían lágrimas en mis ojos,
busqué el camino a lo que parecía ser mi casa.
Y recordé lo que todos decían:
que nada había como pasar el fin del mundo en familia;
y que yo tenía una.
Busqué en mis tumultuosos recuerdos la fantasía de una sonrisa
pero sólo conseguí recordar un grito a la luz de la luna,
y un reflejo húmedo y rojo de unos ojos perdidos

Caminé sobre el ripio mirando al horizonte.
Bruma, humo y luz incandescente
me rodeaban;
pequeño y afligido me sentí;
sudoroso y maloliente.
Añoré entonces el olor a melisa del jardín:
sólo basura hallé donde se suponía que estaba.
Dirigí mi vista hacia los boldales,
hacia el cedrón y los rosales:
sólo sangre estancada, y troncos y tallos secos, sin hojas ni flores.

Sin otro aroma más que a venganza,
sin otro color más que la confusión.
Sin otra certeza más que la incertidumbre y el dolor.
No hay razón que me parezca lógica;
no hay emoción ninguna que se quede
al margen de una caótica noche de fin de mundo.
Ninguna lágrima puedo acumular,
ningún sueño, ningún recuerdo dejan de punzar.
Todo a punto de ebullir,
un volcán de imágenes y sensaciones
y una magmática verdad buscando salir
me quema por dentro;
arden los albores de una conciencia consumida
por la hipócrita esperanza de la salvación
Y allá, donde el fuego ya es carbón y ceniza
surge de esas brasas una risa, una risa pervertida.

IV

¡¡FUEGO, VEO EL FUEGO!!
Más que un recuerdo: lo vi quemando y comiendo,
lo vi despidiéndose,
y vi un demonio con barba.
¿Qué? Llevo mi mano a mi boca:
yo también tengo barba.
¿Será posible que...?
No, no puede ser.

Pero allí está: una sombra sospechosa,
proyectada tras un enrojecido atardecer
y, ¿Qué? ¡Qué son esas imágenes!
Rostros que creo conocer,
rostros que muestran horror,
rostros que pierden expresión,
rostros que exudan sangre,
ojos que reflejan un último haz de luz, anaranjado y violento.

Y ya no hay allí otra cosa que un cenicero.
Desorientado, me siento a la deriva.
Volví mi mirada hacia la empedrada,
el ripioso horizonte verde que siempre creí mi hogar,
hoy no me dice nada, está silente, pero...
¿Y esas voces? ¿Por qué me dicen que no?
Que por favor me detenga... ¡Que por favor me de la vuelta!

Hay aún por aquí pequeñas pistas.
Por acá vivo yo, pero no lo reconozco.
Hay carbón, brasas y cenizas por todos lados.
Hay sangre en las calles. Y las calles están en ruinas.
Esta, esta debería ser mi casa: esa, la ennegrecida y destruida.
Ya no vidrios ni paredes. La oscuridad se cierne en su interior y,
¡Oh, por Dios! ¿No es mi perro el que está calcinado y... ¡partido en dos!?
El miedo me invade. La ira, la impotencia y la venganza.

Por mi mente circula una certeza
pese a que hay sombras en mi cabeza que ver no me dejan.
Allí está el culpable... ¡Es un demonio!
Es cierto, hoy acaba el mundo, pero ¿Por qué acabó antes para ellos?
¿Por qué vino el infierno a mi hogar, y no el cielo?
Oh Dios, qué miedo siento,
creo que el demonio sigue dentro,
esperándome, babeando por un cadaver más.

Avanzo, el pasillo hacia el interior
ennegrecido por la humedad quemada
y por la amnesia angustiante de oscuro color.
Mi familia ya no está.
Solo hay bultos negros y rojos.
Son ellos. Y la impotencia llega ya.
Caigo de rodillas al suelo
¿Quién mierda hizo todo esto?

Un frío rugido, casi como una risa
oigo desde el baño,
y levanto mi vista.
Allí debe estar el culpable,
aquel maldito y ruin demonio
que destruyó mi hogar y toda mi calle.
El atardecer anaranjado, por las fisuras entrando,
me permite ver no un demonio, sino un espejo trizado.

V

Y todo se vuelve claro.
El fuego, la sangre, los dientes, el horror,
y esos cadáveres son reclamados por mi mano.
Y por primera vez las veo:
rasgadas, secas, manchadas, como un mapa
mostrando mis crímenes, mi demonio violento.
Y entonces recuerdo, ahora, todo.
Y las lágrimas corren por mis ojos.

Fui yo, quien quemó y mató a mis vecinos.
Era a mí, que me gritaban 'detente'.
Soy yo el único constructor de ese horrible abismo.
Y a la mutilación de mi perro se suma
la violación de mi madre y hermana,
y mía es también de mi padre la tortura.
Lo recuerdo, ahora, todo.
Y las lágrimas corren por mis ojos.

Y de mi bolsillo extraigo un papel
blanco, escrito. Es un recibo:
“Gracias por nuestros servicios escoger:
Suficiente odio para matar,
suficiente demencia para quemar,
suficiente perversión para violar.
El efecto suministrado por el veneno del poder
finaliza desde su primer crimen veinticuatro horas después”

“Usted escogió PODER para cumplir sus más profundos deseos.

Feliz último día del mundo”

finalizado en marzo de 2012. II Edición,  febrero de 2018

sábado, 6 de octubre de 2012

¡Yo no sé si el mundo puede ser lo que yo quiera que sea! - Carta abierta a Dios



Hoy escribiré desde mi frustración.

Querido Dios

No han sido días fáciles para mi. Me siento cada vez más solo y frustrado que nunca. Quisiera echarte la culpa, pero se que ni en un millón de años la aceptarás, y que, como mártir yo nuevamente la cargaré. Y está bien. No importa. Pero aún así, deseo expresar todo mi odio, mi miedo, la violencia que por años me he comido y contenido, para expresarlo en este maldito papel virtual que casi nadie lee.

Es que, o entendí demasiado bien tu mensaje, o lo entendí demasiado mal. El tema es que ahora creo que no pertenezco a ningún mundo que pueda llamarse colectivo. Ni canuto, ni mundano. Se podría decir que soy demasiado tibio y contenido para ser apto en alguno de ellos. Y así, me he construido un mundo alterno, fantasioso y lleno de resabios y remaches de esos otros mundos más normales. Y es que por mucho tiempo me obligué a ser "un varón de Dios": maduro, espiritual, entregado a tu voluntad. Pero fallé. No pude, nunca cumplir cabalmente. Nunca me sentí verdaderamente útil ni verdaderamente cerca tuyo. Y aunque en ese tiempo lo creía, hoy miro hacia atrás y sé que mis buenas intenciones y la sinceridad no eran suficientes. Una tibieza crónica me seguía y sin darme cuenta, en mi se establecía. Luego, llegó el momento de reconocerlo y comenzar a desmontar toda la maquinaria espiritual. Nuevamente, lo hice a medias. Ahí está, a medio desarmar, sea o no por una maldita esperanza de volver a un mundo que nunca me gustó del todo; porque nunca lo acepté del todo ni tampoco me aceptaba del todo a mi.

Pero fuera de ese mundo hay uno el cual no me entiende ni al cual yo entiendo. La mutua incomprensión me ha dejado fuera, y ahora estoy en un limbo propio, sin nadie más, con sólo ecos de una antigua vida a la cual no creo que pueda volver, y con la mirada puesta en un mundo al cual quizá jamás podré acceder del todo. Desarraigado de las colectividades que circulan – no sé si conscientes o inconscientes – en sus esferas. La condena de los desadaptados, de los soñadores compulsivos que no pueden poner los pies en la tierra, sino que intentan creer que es posible crecer sobre nubes, sobre gases, sobre piedras, sobre aires. El limbo que me oprime, que me recuerda que soñar me llevó ahí, que nacer a un mundo de múltiples y contradictorios pensamientos es condenarme a la soledad.

¿Qué me queda? ¿Volver a empezar? ¿Dónde? Es imposible, siento. Sería inútil, porque los prejuicios son como raíces de maleza que aunque se arranquen una y otra vez, y aunque sobre ellas se siembren otras semillas, volverán a surgir. Los mismos miedos, temores, inseguridades, tristezas; la molestia por tus discursos, tu ortodoxia, a tus propósitos a los que nunca hallé sentido, a las interpretaciones y proclividades al neoliberalismo occidental.

Destruirlo todo, quemarlo todo, es una opción. Aun así me asusto, porque el prejuicio sobre la banalidad del otro mundo es muy grande, tal vez parte de esa maquinaria que no me gusta. Es la otra parte del maldito sistema binario. ¡Yo no sé si el mundo pueda ser lo que yo quiera que sea! Este se construye colectivamente, y ya están hechos. Los pusieron a rodar y nadie los puede parar. ¿Agregados, cambios? De vez en cuando, tal vez, pero muy difícil. Y yo no quiero, no me interesa hacerlo. Sigo sólo en los márgenes, solo y buscando algo o alguien; tal vez alguna cueva menos fría. Tal vez comida. No lo sé. ¡Maldición! No lo sé.

Pero sé que no quiero pedir tu ayuda. Trato de ser recíproco con la gente con la que llego a tener contacto. Y no quiero deberte nada. Los brotes de gratitud son suficientes, creo. Estas cartas, son suficientes, creo.

Colectividad, aceptación, arraigo. ¿Estaré solo en realidad? O es parte este limbo de este maldito juego, y circulo inconsciente en torno a esta esfera junto con muchos más; o estoy solo de verdad. Muy solo.

No sé qué creer. NO sé qué querer. Pero tu maquinaria está obsoleta, querido Dios, y me estorba, me ahoga, me duele; y aunque me recuerda de dónde vine, cómo crecí y quién podría ser… vale, le tomaré una foto y la recordaré. Luego, quemaré la de verdad.

Espero ser capaz.


domingo, 30 de septiembre de 2012

Rebelión



(Antedata: los versos escritos entre paréntesis y en cursivas, conviene imaginarselo como un susurro)


(Rebelión)
 
¿Y para qué quieres seguir viviendo?
Me preguntó la muerte.
Aquí, donde estoy sentado, escribiendo
ayer estaba con un cuchillo en mis manos;
Y su filo besó mi sangre,
helado beso que congeló mi llanto.

- ¡Hazlo! – me susurraba el viento,
- Hazlo ahora que nada te motiva,
ahora que ninguna razón en tus nidos se origina,
ahora que tus manantiales
están cerrados.
Ahora que tus ojos abiertos
por oscuridad están rogando.
Lánzate y fluye hacia mis brazos, hijo mío,
como lo han hecho tantos otros.
Hazlo tú que hoy no quiero moverme,
ir hacia ti me es agotador,
por favor, házmelo fácil.

Todo hasta ahí estaba frío.
La frustración y el hastío
me habían envenenado,
así como a otros, a esos otros
que ya han saltado al río.

Pero la fractura era inevitable,
y como un iceberg, me desprendí
de los hielos insondables e infernales.
Una chispa, horrible, un resorte que
intenta volver a su origen;
y fue más que una violenta reacción
tras un letargo largo,
más que el manotazo sobre el despertador,
y se resume en una pregunta:
¿Por qué como otros?

Ni me preocupé siquiera del daño causado;
sólo insistí en la tormentosa pregunta,
mientras las punzadas giraban a mi alrededor.
Mientras hormigas recorrían mi columna
haciéndome tambalear;
mientras cavilaba en mi conciencia
con la calumnia de la inocencia
acumulándose en mi nuca.

¡Dime! Viento-muerte-beso,
¿por qué he de hacerlo
como otros?
¿Por qué he de terminar
como otros?
¿Por qué no puedes venir por mí?
¿Tan poco soy también para ti? 

– Sólo otro pedazo de carne
– ¿ah, sí?
– Tarde o temprano me alimentaré de ti.
¡Óyeme! Es cuestión de tiempo.
Tarde o temprano mi beso te dormirá para siempre, 
                                                                                      (si es que no te convenzo primero).
No quieras presumir diferencia;
eres carne como todos los demás
 – Tal vez…
 – Lo eres, y lo son los decrépitos desteñidos,
cuyas arrugas babean por volver a ser rígidas:
a ellos les cumplo su deseo.

Son sólo carne las blandas y dulces avellanitas
que caen, rojos y calentitos, y que nunca alcanzan
a saborear otro hogar,
porque yo los saboreo primero.
Los son
                      (caaarrne)
las flores modernas y juveniles
cuyos colores son más brillantes
y muchos más que los que hay
en un arcoíris
– Qué sabes tú de arcoíris
– Sé mucho más de la vida que tú, niñito.
La he visto aparecer, crecer, madurar,
extinguirse, morir, renacer.
Apagarse y re encenderse.
No me vengas con lecciones.
Tú, que ni siquiera has aprendido a vivir.
Tú que ni siquiera logras darle
un valor a tu existencia.
Tú que no le hayas motivo a respirar.
Tú que me esperas cada noche,
que me deseas esperanzado cada vez
que retornas a tu almohada.
¡ÓYEME, QUE NO ERES NADA!
¡NO ME SUPONES NINGUNA DIFERENCIA!
Óyeme, que te amo más de lo que
amas tu mismo.
Ven a mis brazos, hijo mío…

– Si
– Sí, Ven
– Sí, tienes razón
– así es
– No soy nadie
– Claro que no
– Sólo carne; carne humana
                                                 (Ven)
– Terca, rebelde, impulsiva, indiferente…

Levanté entonces mi vista,
pero ya no oí a nadie.
Solté el cuchillo y lo cambié por un lápiz;
Dejé mi piel
y adopté esta hoja de papel.

Desde ayer.

                                                (como otros también lo han hecho)