Mostrando entradas con la etiqueta Cartas a Dios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cartas a Dios. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de marzo de 2015

Sexta carta abierta a Dios: bombardeado

Sexta carta abierta a Dios. Bombardeado

Querido Dios:

Hoy tuve la oportunidad de ver cómo nuevamente he sido subvalorado. De sentir nuevamente y en carne propia el dolor de ser bombardeado por la cultura neoliberal que has permitido crezca y fluya con total libertad.

Quiero decirte que estoy cansado. Tanto ataque me tiene desmoronado. Este mundo no me gusta. No me gusta su excesivo deseo y exacerbada necesidad por lo material. Estoy en constante crisis por no poder cumplir las expectativas culturales de mi sociedad. Estoy harto de tener que autojustificarme delante de mis espejos respecto a los logros que he conseguido a lo largo de estos años. Porque nadie, nadie lo comprende.

Sólo en los últimos años he podido crear. He podido embellecer. He podido darle brillos y matices distintos a mi territorio. Estuve involucrado en doce murales, en la creación de una batucada. Estuve involucrado en el rescate patrimonial de un cementerio simbólico y puse luces de apoyo a la seguridad de dos barrios. Puse en la vista de autoridades barrios a los cuales nunca habían ido ni sabían de su existencia. Y me he sentido orgulloso de eso...

Pero quizá ya no.

Nadie en su sano juicio se atrevería a enorgullecerse de este tipo de huevadas. No, son otro tipo de cosas por las que la gente normal se enorgullece. Su auto, su casa, sus títulos, sus cargos, sus sueldos cercanos al millón, su ropa elegante, su smartphone, su led de 40 pulgadas. Son esas las cosas a las que debo aspirar. Son esos los elementos de la normalidad cultural. Por mucho tiempo pensé que las personas que se preocupaban de eso estaban locas. Pero resulta que ahora me doy cuenta de lo contrario.

El único trastornado aquí soy yo.

Me queda poco. Poco ánimo para continuar con mi locura. Poca fuerza para darle la espalda a ese mundo del que he intentado escapar. Poco deseo de ser un eterno loco. Pronto, espero, volveré a la normalidad. Cumpliré fielmente los mandatos de mi sociedad. Dejaré los caminos del activismo, de la reaccionaria vida de los austeros y anti materialistas. Me convertiré en un servidor del progreso: un consumidor hecho y derecho, una persona racional, con frutos y logros racionales: un auto, una casa, una esposa flaca, un sueldo envidiable... Tal vez incluso vuelva a la iglesia, para vivir la felicidad dominical de la vida religiosa. Eso es lo que quiere mi sociedad de mi.

Eso es lo que incluso tú, Dios, quieras de mi.





sábado, 23 de agosto de 2014

Quinta Carta abierta a Dios: la solución a tus problemas

QUINTA  CARTA ABIERTA A DIOS: la solución a tus problemas


Estimado Dios, si estás ahí, acá te tengo la solución a todos tus problemas en el planeta:

Mátanos... mátanos a todos...

miércoles, 14 de mayo de 2014

La cultura como factor en la práctica del aborto

La cultura como factor en la práctica del aborto

El día 13 de mayo nos sorprendió la noticia de la adolescente de 17 años que realizó un aborto clandestino con graves consecuencias médicas para ella. Un empuje a escribir mi posición sobre el aborto.

http://www.biobiochile.cl/2014/05/12/con-riesgo-vital-permanece-una-menor-de-17-anos-a-raiz-de-un-aborto-en-la-reina.shtml

Sin embargo, debo decir que hace tiempo ya quería escribir sobre esto, y un detonante fuerte, fue haber escuchado la entrevista al grupo Acción Familia en la radio. Acá el link de esa entrevista: 

http://www.accionfamilia.org/temas-polemicos/aborto/entrevista-accion-familia-responde-cuestiones-sobre-el-aborto/

Esta perspectiva es la base del siguiente escrito.

Mi contexto:

Debo decir además, que he sido criado en una familia de orígenes evangélicos. Por mucho tiempo me sentí muy cristiano, adoptando las posturas, pensamientos, discursos de la fe y valores, muchos de los cuales son similares al grupo Acción Familia. Incluso durante cuatro de los cinco años de universidad, participé activamente en el grupo evangélico universitario Águilas. Por lo tanto, comprendo desde dónde se posiciona Acción Familia, y la población cristiana en general, y respeto aún esa posición, puesto que mis padres aún adscriben a ella.

De hecho, pese a que mi vida, pensamiento, práctica y discurso ha cambiado de manera sustancial, siento que aún muchas veces sigo con ciertas ataduras de pensamiento y prejuicio sobre ciertas materias, como por ejemplo, el aborto.

Y, para ser sincero, pienso aún que el aborto es una práctica de muerte o asesinato, o como quieran llamarlo. Sin embargo, mi posición se ha relativizado por las razones que daré a continuación.

¿Aborto sí?

El aborto como práctica cultural/social/médica, es histórica, entremezclada con la figura del infanticidio, la muerte de los recién nacidos. Como buen ex-cristiano, aún recuerdo las grandes matanzas de niños (abortos + infanticidios) que buscaban acabar con los futuros salvadores Moisés y Jesús. En la actualidad, muchos países han legislado al respecto, y muchos otros no, entre ellos Chile, el cual penaliza esta práctica con años cárcel (como mínimo, una persona podría estar poco menos de año y medio en la cárcel). Si bien existe la interpretación de salvar la vida de una madre embarazada aún cuando el tratamiento conduzca a la muerte del feto, no existe claridad suficiente en la ley.

Concuerdo con los cristianos que están en contra del aborto: La vida es sagrada y hay que defenderla y cuidarla. Este es un valor que se comparte casi universalmente, por muchas religiones e incluso agnósticos y ateos, diría yo, comparten esa visión. Sin embargo eso no es suficiente, ya que día a día, miles y millones son asesinados por diversas razones y a través de diversos medios. La muerte es una realidad de la vida, inevitable; obviamente, no es lo mismo morir de anciano, por enfermedad, por un balazo, o abortado. Y si bien la práctica de asesinar es penada y condenada en todos lados donde hay un código penal, hay algunas excepciones y situaciones que vale la pena considerar. 

Ejemplo 1: los fanatismos radicales que concluyen en kamikazes. Los japoneses u orientales que honraban a otros (la familia, la nación) a través de su muerte, o los musulmanes suicidas que creen que sirven a Dios inmolándose por su causa, confiando en eternas recompensas por ello. Ahí no hay accidente ni enfermedad: hay una manipulación cultural en la conciencia particular del kamikaze.

Ejemplo 2: Los fanatismos de santidad. Desconozco si aún se llevan a cabo, pero en la Biblia hay abundante ejemplos que dejan ver que la legislación de la época permitía asesinar a otros si se constataba algún pecado grave. Por supuesto que los judíos no eran los únicos que lo hacían, no me tomen por antisemita, no lo soy. De hecho, árabes e hidúes también han practicado lo mismo, cuando la mujer es "sorprendida en adulterio", o cuando hay sacrilegios al matar una vaca.

Ejemplo 3: La pena de muerte moderna se practica en países como Estados Unidos, en varios estados. Ahí se mata a criminales tanto como en el caso anterior; la diferencia es que el juicio moderno incluye un "debido proceso" y la vía de muerte se ha vuelto un poco más humanitario. Sigue siendo muerte, y sigue siendo asesinato.

Ejemplo 4: La guerra. El caso extremo, que en nombre de la patria, la familia, la causa, etc., permite una nueva manipulación cultural que induce al asesinato masivo del enemigo. Acá caben hechos como las guerras mundiales, la guerra del pacífico, las dictaduras, guerra de guerrillas, guerras de independencia, etc., e involucra a esos "complices pasivos": los financistas, los propagadores, los que defienden la causa, etc.

Ejemplo 5: Este seguramente no les gustará a Acción Familia. Es histórico que el catolicismo se fundó en la buena intención de la salvación universal del ser humano, pero que costó grandes cantidades de sangre. La inquisición y las cruzadas dejaron como mínimo millones de muertes. Todos asesinados por ser infieles, apóstatas, brujas, u otra cosa. Cuantos de esos millones de asesinados eran criminales, y cuántos eran inocentes, cuántos eran verdaderos cristianos (más que esos católicos que los mataron), no lo sabemos. Pero en realidad no importa. La vida es sagrada y cualquier asesinato, no importa la justificación, es un crimen. 

(Algunos piensan que esa situación invalida a la Iglesia de hacer algún reclamo, pero yo no voy tan lejos, sólo me interesa que haya al menos un reconocimiento de esto; de lo contrario, podríamos considerar a los católicos de ahora como "complices pasivos").

La condición "natural" del hombre

Una de las razones de los grupos contrarios al aborto es esgrimir que la ley moral y la ley natural del ser humano es completamente contraria a la práctica del aborto. Este argumento es contradictorio, puesto que intenta establecer que el ser humano es un ser propio de la naturaleza y que la naturaleza NO realiza abortos (al menos como regla general). Es obvio que las especies (todas) están en una constante lucha por la sobrevivencia por lo que no abortan. Sin embargo, ese argumento niega que el ser humano no es completamente una especie natural: Es a la vez, como ninguna otra especie, un SER CULTURAL. Incluso ellos lo afirman cuando esgrimen la llamada "ley moral": qué otra cosa puede ser la moral, más que un código cultural de conducta social. 

La cultura hace al hombre. Como antropólogo, para mí eso es básico. La cultura ha permitido que el ser humano se alce como la joya de la creación del Señor, impulsándolo a clasificar el mundo y tratar de ordenarlo. A eso se refiere que el ser humano distinga el bien del mal: el animal que es capaz de clasificar, ordenar y justificar su actuar sobre la tierra.

Nada escapa a esa condición. Ni siquiera la muerte. La esperanza de la vida después de la vida, o de por qué debemos matar a otros en determinadas circunstancias, es parte de las diversas variantes que la diversidad cultural permite a los humanos. 

El catolicismo justificó el asesinato de millones basándose en la fe, la salvación o la santidad. Los nazis justificaron los asesinatos basándose en teorías de raza y superioridad. Los kamikazes se matan y matan por su nación, su patria. La dictadura pinochetista y sus defensores creían que el asesinato de opositores era por el bien de la patria. Los estados que justifican la pena capital lo hacen basándose en prácticas históricas y como forma de reprimir la criminalidad. Los estados que legislan sobre el aborto lo hacen en base a controlar la natalidad o alegando razones de salud pública.  

Toda vez que hablamos de justificaciones, excepciones, razones, teorías, etc., hablamos de cómo la cultura permite normar la conducta humana. EL SER HUMANO ES NATURALMENTE CULTURAL.

La conclusión

El asesinato de fetos o embriones es posible, dependiendo de las razones que podamos esgrimir, por lo que no necesariamente afectan la llamada "ley moral", ya que la cultura es susceptible de ser cambiada dependiendo del contexto social en donde se inserta. En este sentido, cuando la discusión es a nivel país, no hay que negar, soslayar o quitarle valor a ninguna razón ni a ninguna ideología, sea esta marxista, nazi, católica o neoliberal. Lo importante es que esas razones sean compartidas, atendidas y suficientemente aceptadas por, al menos, la gran mayoría. 

Cabe mencionar que yo no soy un defensor del aborto. Si creo que es necesario abordar el tema y legislar, "justificar" democráticamente, ciertas excepciones al aborto. En mi caso, defiendo la necesidad de contar con abortos seguros e informados en los casos "terapéuticos": ante violación, inviabilidad o muerte del feto durante la gestación, o en caso de riesgo de muerte para la madre. Creo que existen varias razones para justificar esta práctica:

1. El estado como ente orgánico no es igual a ningún Dios. Ni Cristo, ni Alá, ni Zeus pueden ni deben ser identificados como ese ente orgánico. Por tanto, hay que asegurar la representatividad de todos los ciudadanos que reconoce como suyos a través de las políticas públicas y leyes. 

Los grupos contrarios al aborto deberían enfocar sus esfuerzos en convencer a las mujeres embarazadas a no abortar, en vez de enforcarse en que no haya ley de aborto. Un estado serio debe asegurar condiciones mínimas de salud y de decisión a todos sus ciudadanos.

2. No hay razón que justifique nueve meses de embarazo si el feto morirá al nacer por un problema de salud o si está muerto antes de nacer.
3. Nadie debería criar a un bebé que le recuerde a su madre que fue violada.
4. Si yo fuese feto y supiera que mi nacimiento o gestación está poniendo en riesgo la vida de mi madre, aceptaría un aborto.
5. Se dice que la clase alta de este país accede a abortos clandestinos pero seguros en clínicas privadas o que viajan a otros países. De ser así, es una injusticia horrenda con los pobres o clases medias. Acción Familia debería solicitar que se hagan leyes que regulen todo tipo de intervenciones en tales clínicas privadas que suelen permitir un aborto (apendicitis, tumores benignos intrauterinos, etc.).


Nota: por salud mental y porque creo que esto es un debate serio, me abstuve de poner las típicas imágenes de abortos, marchas y asesinatos varios. 


miércoles, 23 de octubre de 2013

sábado, 6 de octubre de 2012

¡Yo no sé si el mundo puede ser lo que yo quiera que sea! - Carta abierta a Dios



Hoy escribiré desde mi frustración.

Querido Dios

No han sido días fáciles para mi. Me siento cada vez más solo y frustrado que nunca. Quisiera echarte la culpa, pero se que ni en un millón de años la aceptarás, y que, como mártir yo nuevamente la cargaré. Y está bien. No importa. Pero aún así, deseo expresar todo mi odio, mi miedo, la violencia que por años me he comido y contenido, para expresarlo en este maldito papel virtual que casi nadie lee.

Es que, o entendí demasiado bien tu mensaje, o lo entendí demasiado mal. El tema es que ahora creo que no pertenezco a ningún mundo que pueda llamarse colectivo. Ni canuto, ni mundano. Se podría decir que soy demasiado tibio y contenido para ser apto en alguno de ellos. Y así, me he construido un mundo alterno, fantasioso y lleno de resabios y remaches de esos otros mundos más normales. Y es que por mucho tiempo me obligué a ser "un varón de Dios": maduro, espiritual, entregado a tu voluntad. Pero fallé. No pude, nunca cumplir cabalmente. Nunca me sentí verdaderamente útil ni verdaderamente cerca tuyo. Y aunque en ese tiempo lo creía, hoy miro hacia atrás y sé que mis buenas intenciones y la sinceridad no eran suficientes. Una tibieza crónica me seguía y sin darme cuenta, en mi se establecía. Luego, llegó el momento de reconocerlo y comenzar a desmontar toda la maquinaria espiritual. Nuevamente, lo hice a medias. Ahí está, a medio desarmar, sea o no por una maldita esperanza de volver a un mundo que nunca me gustó del todo; porque nunca lo acepté del todo ni tampoco me aceptaba del todo a mi.

Pero fuera de ese mundo hay uno el cual no me entiende ni al cual yo entiendo. La mutua incomprensión me ha dejado fuera, y ahora estoy en un limbo propio, sin nadie más, con sólo ecos de una antigua vida a la cual no creo que pueda volver, y con la mirada puesta en un mundo al cual quizá jamás podré acceder del todo. Desarraigado de las colectividades que circulan – no sé si conscientes o inconscientes – en sus esferas. La condena de los desadaptados, de los soñadores compulsivos que no pueden poner los pies en la tierra, sino que intentan creer que es posible crecer sobre nubes, sobre gases, sobre piedras, sobre aires. El limbo que me oprime, que me recuerda que soñar me llevó ahí, que nacer a un mundo de múltiples y contradictorios pensamientos es condenarme a la soledad.

¿Qué me queda? ¿Volver a empezar? ¿Dónde? Es imposible, siento. Sería inútil, porque los prejuicios son como raíces de maleza que aunque se arranquen una y otra vez, y aunque sobre ellas se siembren otras semillas, volverán a surgir. Los mismos miedos, temores, inseguridades, tristezas; la molestia por tus discursos, tu ortodoxia, a tus propósitos a los que nunca hallé sentido, a las interpretaciones y proclividades al neoliberalismo occidental.

Destruirlo todo, quemarlo todo, es una opción. Aun así me asusto, porque el prejuicio sobre la banalidad del otro mundo es muy grande, tal vez parte de esa maquinaria que no me gusta. Es la otra parte del maldito sistema binario. ¡Yo no sé si el mundo pueda ser lo que yo quiera que sea! Este se construye colectivamente, y ya están hechos. Los pusieron a rodar y nadie los puede parar. ¿Agregados, cambios? De vez en cuando, tal vez, pero muy difícil. Y yo no quiero, no me interesa hacerlo. Sigo sólo en los márgenes, solo y buscando algo o alguien; tal vez alguna cueva menos fría. Tal vez comida. No lo sé. ¡Maldición! No lo sé.

Pero sé que no quiero pedir tu ayuda. Trato de ser recíproco con la gente con la que llego a tener contacto. Y no quiero deberte nada. Los brotes de gratitud son suficientes, creo. Estas cartas, son suficientes, creo.

Colectividad, aceptación, arraigo. ¿Estaré solo en realidad? O es parte este limbo de este maldito juego, y circulo inconsciente en torno a esta esfera junto con muchos más; o estoy solo de verdad. Muy solo.

No sé qué creer. NO sé qué querer. Pero tu maquinaria está obsoleta, querido Dios, y me estorba, me ahoga, me duele; y aunque me recuerda de dónde vine, cómo crecí y quién podría ser… vale, le tomaré una foto y la recordaré. Luego, quemaré la de verdad.

Espero ser capaz.


sábado, 24 de marzo de 2012

Caída y Huida. Segunda Carta Abierta a Dios

Querido Dios:

Tal como finalicé en la última carta, tengo aún muchas cosas que decirte. Por ahora, quisiera escribir sobre mis últimos meses que viví cerca tuyo, en 2009, El cómo caí y cómo me levanté para huir. Aunque no sé bien cómo abordarlos.

Creo que partiré refiriéndome a ese periodo desde más o menos el 2005. Fue un ciclo de gran explosión espiritual, y de hecho es por aquel periodo que no puedo negar tu gracia ni tu existencia, más allá que alguien pueda argumentar que todo se trataba de una manipulación emocional a niveles psicológicos. Y tal vez tenga razón, no lo sé. Sólo sé que yo lo procesé - y lo recuerdo así - como experiencias valiosas de una manifestación cierta de una presencia mayor. Vi cosas que no muchos podrían explicar, que ni siquiera yo puedo, pero las vi, las oí, las sentí, las viví. Y no puedo desecharlas así como si nada. Es un punto obviamente a tu favor.

Sin embargo, cometimos el error de hacernos adictos, como congregación, a la búsqueda de ese tipo de relación. Sin lágrimas, sin saltos, sin que el servicio dominical se extendiera cuatro horas creíamos que algo andaba mal. Si, ahora creo que en realidad, nuestra relación contigo se definía por aspectos netamente emocionales, y por mucho tiempo creíamos que sólo así teníamos una verdadera relación. No obstante, el discurso era de buscar una relación espíritu-Espíritu.

Pero al mismo tiempo, debo reconocer, que intenté negar mis emociones. Desde el coro de la iglesia, y particularmente desde la batería, no se 'disfrutaba' mucho: no era mucho lo que podía sentir o llorar.Y las reprimía, pensando que así podría ser más 'espiritual y maduro', negando lamentablemente todo lo emocional que soy por 'naturaleza'. PRIMER craso error que me costaría más tarde mucho. Más de lo que hubiese querido.

Nunca tuvimos realmente, una escuela sobre eso.

Ni tampoco, sobre lo que realmente es santidad y lo que es la relación con el 'mundo'. Mi única defensa, siempre, fue el aislamiento (SEGUNDO craso error). Porque, ¿para qué quería relacionarme con la gente perversa y pecadora de allá, si acá tenía toda una familia que me amaba y que yo amaba? En sí, parecía perfecta tal lógica. Nunca consideré que esa familia se desintegraba por dentro sin que yo jamás lo advirtiera. Nunca, hasta que fue tan obvio, y tan tarde como para hacer algo.

Desde mi punto de vista, totalmente sesgado por lo demás, el culto emocional terminó destruyéndonos a todos... o a casi todos. Era muy bonito el domingo, pero el lunes siempre había que volver a la 'triste realidad': vidas no realizadas, sueños que no se cumplían, promesas que no llegaban.

Y el sermón. Monopolizado por un sólo hombre. Hilado alrededor de una noción tan capitalista de los sueños y las oportunidades. Max Weber tenía razón: el espíritu capitalista fue construido por la ética del protestante, aunque hoy bien podríamos decir que ese espíritu controla nuestra ética. Lástima que Weber no vivió para escribirlo.

Son muchos otros los factores que determinaron el que yo me fuera y me alejara de ti, pese a aquellos hermosos momentos. Particularmente, mi llegada a la universidad, fue una bomba de tiempo en mi espíritu, que lentamente fue influyendo, cada vez de manera más radical. Mi fe hasta entonces, se basaba en un fundamentalismo ciego: el cero cuestionamiento a las prácticas y a las prédicas; la obediencia irrestricta, sin una debida comprensión ni racional ni espiritual; y el necio chauvinismo etnocentrista que pretendía ser dueño de una única verdad sin la cual los demás 'estaban perdidos'. Fue entonces cuando conocí al relativismo, a quien he hecho mi compañero hasta ahora. Pensé que era posible abrirse al racionalismo científico, a eso que con tanto odio  llamé tantas veces 'la lógica humana' - como si la fe no fuese un tipo especial de lógica, ¡cómo si la fe no fuese un producto simbólico humano, el proceso mediante el cual resolvemos y asimilamos la experiencia con Dios! Tal vez me equivoque, como casi siempre lo hago. Pero me abrí hacia otras lógicas en un contexto que sanciona de manera a veces cruel tales conductas. Una caja de pandora.

Y en mi estúpido idealismo, pensé que era posible transitar por los límites de lo mundano, escuchando rock muy pesado (a lo que muchos por mucho tiempo me decían 'todavía escuchas eso', lo que yo traducía como 'cuándo comenzarás a ser un buen cristiano') , cuestionando Tus intenciones, incluso a la propia Biblia, acercándome a la tan diabólica política - y en particular, a la demoníaca izquierda - , asumiendo posturas políticas ¡que un buen cristiano jamás tendría! Eso me valió muchos roces. Eso me sirvió para darme cuenta lo sordos que son (yo también lo fui) en general los cristianos: nadie jamás quiso escuchar mis argumentos... alguien me dijo 'yo prefiero la oración' cuando le pregunté si estaba dispuesta a escuchar mis argumentos. En la otra carta abierta, alguien dijo 'no quiero debatir'. ¿Por qué? Porque la ética evangélica es la de entregar un mensaje, y más allá si se escucha o no, es Dios quien convence, negando así el enorme potencial que tiene la humanidad para convencer y demostrar el amor, tan sólo escuchando, tan sólo dialogando.

Es cierto, sin ninguna otra intencionalidad que agradarte...

Pensé que era posible hacer eso. Que era capaz de ser radical 'para Cristo'. Pero no pude. No lo fui. Porque además, comencé a sufrir de una tibieza crónica. Que comenzó levemente, pero de a poco se fue haciendo más y más obvia. El cansancio y el agotamiento espiritual y emocional. La continua negación de mi emocionalidad. Mi estúpido aislamiento incluso de otros cristianos. Mi inútil obsesión por lo que es 'maduro' y 'espiritual' y por ser 'distinto'. El drama de la pornografía y de las crecientes tensiones y deseos sexuales - reprimidos, prohibidos y censurables, pero presentes, muy presentes. El dolor a la incomprensión. Mi falta de entrega. Y no lo niego: es en concreto mi responsabilidad. No puedo desconocer las condiciones del entorno y las circunstancias, pero asumo la mayor de las responsabilidades en la decisión - si, decisión - de dejarte, finalmente. Este estúpido afán por ser responsable y 'maduro' (distinto) no me deja otra opción.

Y mi familia. La familia que lentamente me fue abandonando (y que posteriormente yo abandonaría también). No a mí, por cierto, no todo tiene que ver conmigo. Y hablo de la congregación de 'fieles' (¿qué irónico, no?). Pero de los casi 20 que llegamos a ser, terminamos siendo menos de 5. Y con suerte dos quienes asumíamos el peso de sostener una congregación dividida y agotada. Incluso de mis padres sentí ese abandono. Incluso del pastor. De mis amigos, los jóvenes, quienes todos se fueron buscando su propio bienestar espiritual - actitud muy sana, por cierto... ¡pero yo no pude! - lejos de una iglesia que se cayó feo. Y no pude porque tenía en mi mente arraigado un idealismo idiota, que me obligaba: 'yo no abandonaré. Llegaré hasta el final, hasta que ya no pueda volver a levantarme; seré responsable'... y estupideces como esas. Todo por asumir un liderazgo en la época más complicada de la congregación. Un liderazgo que consumió todo en mi: las fuerzas, la motivación, la fe en las promesas, el deseo de orar. El deseo de seguir.

Pronto, una vez que terminó todo; una vez que el pastor por fin renunció. Una vez que fui libre para decir 'mi compromiso ya no está en esta congregación'; una vez que asumí que perdí a mi familia; una vez que se fue todo a la misma mierda comencé a cuestionar toda mi relación contigo: Tal vez nunca en realidad me hablaste, sólo era mi propia subjetividad la que me convencía. ¿Crecí realmente en estos años? ¿Cuáles son los frutos que me quedaron? ¿Cuál fue mi aporte en el 'Reino'? ¿Qué realmente me quedó de esos años a lo cual aferrarme? Nada. NADA. No me quedó ninguna razón, ninguna relación, ningún fruto, ningún amigo, ningún 'alma salvada'; sólo recuerdos que ya no significan nada más que un dolor agudo en el espíritu... o no sé donde... Muchas veces con lágrimas en los ojos me he dicho que no sirvió de nada. Que yo no serví de nada. Que fue una irrecuperable pérdida de tiempo. Que perdí gran parte de mi juventud en vano.

Me fui herido y amargado. Herido y resentido con todos los que me abandonaron. Con la sensación de 'nunca podré perdonarte' hacia mi, hacia ellos y hacia ti, Dios, aunque en la usual lógica de temor (no miedo, aclaro), es imposible culparte de todo lo que pasó. Desde entonces asumí que tenía un puesto irrevocable en el infierno, aunque con el razonamiento que desarrollé en la carta anterior, el que me vaya al cielo o al infierno depende 100% de ti.

Me fui además traumado con la idea de liderazgo. Porque siempre creí que hacia allá me estabas llevando. Y la experiencia que viví hace ya 3 años como líder, no fue para nada estimulante. Ahora le temo. Ahora lo rechazo, pese a mis ganas de actuar, de hacer, de ejercer y liderar.

Y hoy... hoy estoy acá, con algunas luces de esperanza con respecto a una vuelta. Aunque ya nada podría ser igual. No podría olvidar todas mis dudas, mis razonamientos, mi auto-obligado caminar por los márgenes, mi habitar en los intersticios entre lo divino y lo demoníaco... Yo. Parece irónico, pero después de tanto tiempo intentando minimizarme y negarme para agradarte - así nos dice tu palabra, ¿no? el que niega su vida la ganará - finalmente, la primera y más obvia consecuencia de dejarte, fue retomarme. ¿Muy merecedor del lago de fuego, no?

Puede que dejarte hay sido la peor de mis decisiones. Pero fue totalmente mía. Y eso lo reivindico, y ante ello, siento una extraña satisfacción: hay algunos que te culpan a tí, y otros que culpan a los demás. Yo no culpo a nadie. Ni siquiera al Diablo. Asumo la responsabilidad y eso siempre me ha agradado. La intensa e inútil búsqueda por ser diferente: creo que se trata de eso.

En fin, eso es por ahora. Hay aún cosas por decir, en este afán por ser 'libre' de los fantasmas del pasado... y del presente.

sábado, 25 de febrero de 2012

Llámalo pataleta. Carta Abierta a Dios

Querido Dios:

Por mucho tiempo he creído - y aún lo creo - que eres Amor, un padre comprensivo. Y es por eso que me atrevo a hacer pública todas mis dudas, mis quejas... toda mi frustración de ti.

Créeme: me fascina la idea de una fuente infinita de amor, eterna e inmutable. Estoy muy agradecido de toda tu misericordia, tu gracia. Así como lo dice una canción: ♫ "la luz de un nuevo amanecer, es el reflejo de una inmerecida compasión" ♪... Si. Grafica toda mi fe - la que me queda - en ti. La fe en la idea de tu amor. Porque en realidad, si yo fuera tú, hace rato que habría destruido a toda la humanidad por perversa, chanta, falsa, discriminatoria y fascista. En general.


Pero no lo has hecho. Y eso me da pie para mi primera duda. ¿Qué es esta 'guerra santa' en la que has metido a esta humanidad? Una lucha eterna entre el bien y el mal, en la que en medio está esta raza sin saber qué hacer, a merced completa de la influencia, bien tuya, bien del diablo. ¿Qué pretendes demostrar? Si en realidad podrías haber acabado con la maldad - la que supuestamente tú no creaste - de un golpe. ¿Qué clase de ego te domina, que has permitido más de tres mil años de idolatrías, asesinatos, guerras, destrucción, capitalismos y dominación? Creo que tienes un grave problema de ego, de demostrar que pese a que la humanidad escoge con demasiada frecuencia los brazos del diablo, sigues siendo 'el más': poderoso, justo, amoroso, etc.

Aún incluso el mayor de tus sacrificios, la muerte de tu hijo, me parece parte de esta 'demostración' de ego. Efesios 1.5-6 dice: "hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia...". Aún en el antiguo testamento hallo ecos de este ego: "me guiará por sendas de justicia, por amor de su nombre" (salmos 23.3).

Y todo se trata de ti. Esto lo aprendí del libro 'Una vida con propósito', que por tanto tiempo significó para mí una fuente de riqueza extraordinaria, pero que ahora sólo representa un viejo sueño, perdido entre los escombros de una otrora 'vida plena'. No sé realmente si el adjetivo 'egoísta' pueda aplicarse a ti con tintes negativos, como sí lo hacemos entre nosotros, los humanos. Porque finalmente, si yo fuera Tú, haría exactamente lo mismo. Pero no puedo evitar pensar que este egoísmo nos metió en una guerra que nos sobrepasa, en una batalla espiritual de la cual muchos no tenemos mayor claridad, y de la cual muchos ya no queremos participar ni por uno ni por otro bando.

Y es que esta dualidad de fuerzas deja ninguna opción para ser realmente libres. Dices tú que nos quieres librar de la esclavitud de la muerte y el pecado, y para esto enviaste a Cristo. Se te agradece. Pero ¿qué exactamente significa eso? La muerte es un sistema de control. La eternidad, al menos para mí, representa sólo la contra parte, el otro sistema de control. Pasamos de uno a otro, sin tener la verdadera libertad para poder escoger alguno. O ninguno. Porque como dice la Biblia, todos ya hemos sido 'predestinados' (Efesios 1.5; Romanos 8.29), tanto para bien o para mal a un lado de esta dualidad. ¿HAY O NO VERDADERA LIBERTAD, QUERIDO PADRE? ¿Porque no podemos ser conscientes de la realidad de nuestra supuesta elección? Nadie, realmente nadie escoge nada. Todo está ya dispuesto por ti.

La fe entonces, ¿qué es? ¿Es realmente el fruto de una relación? ¿O solo una lógica más, la que logra persuadirnos que la 'Salvación' corresponde a una 'elección'? Si todo está predestinado ya, pienso que la fe deja de ser la expresión de una relación contigo, y pasa a ser sólo un instrumento utilitario con el cual logramos ser persuadidos de que la elección fue consciente, voluntaria, real y presente.

Una fe que logra convencernos que somos hijos tuyos. Romanos 8.16 dice que el Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que lo somos. Y pienso en la gente de Mateo 7.21-23, diciendo '¿acaso no hicimos milagros en tu Nombre'? o diciendo '¿Acaso la convicción de nuestra salvación no era real? ¿Acaso no creíamos fervientemente que éramos tus hijos? Y a ti diciéndoles: 'Apartaos de mí, hacedores de maldad'. Versículo suficiente para mi, con el cual afirmar que en realidad, no hay elección. Sólo hay un destino ineludible.

¿Y qué, si así fuera? me pregunto. ¿Acaso no sería maravilloso que te toque en suerte ser eterno junto a ti? Si, lo es. Es maravilloso pensar que así funciona tu plan. Pero al mismo tiempo, me trauma, y me asusta. Porque ya nada entonces valdría la pena. Vivir no significaría nada, puesto que como dicen algunos de nuestros predicadores, la vida no es sino una fracción de nuestra eternidad. Así, podría meterme una bala en la cabeza inmediatamente después de publicar esta carta, y no significaría nada, puesto que mi destino, mi eternidad junto a ti o junto al diablo ya está decidida.



Y los propósitos. Los maravillosos y malditos propósitos. "Sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas le ayudan a bien, a los que conforme a TU propósito son llamados" (Romanos 8.28). Por mucho tiempo alucinaba con tus propósitos. Aluciné con todo lo que tenías preparado 'de antemano' para mí: el trabajo, el futuro, la esposa, los hijos, el ministerio y tanta otra estupidez que mi imaginación me hacía anhelar. Y pensaba todos los días cuáles eran tus propósitos, y cuál era el de cada situación que vivía, por cotidiana o mundana que fuera. Propósitos que se volvieron complicados de entender; propósitos que transformaron en un monstruo siniestro, con caras amables y satánicas, al mismo tiempo. ¿Dónde está entonces la libertad? ¿Dónde el poder que le diste al humano para construir su mundo? ¿que acaso se quedó ese poder en el Edén, en una gran soledad? Con todo mi respeto, mi amor y mi fe, pero con toda sinceridad, aborrezco la doctrina del propósito y de la predestinación. Las odio, porque me muestran una vida vacía, a las órdenes de un destino ya construido: un túnel profundo con una única salida, al cual no puedo modificar, al cual no puedo destruir para volver a construirlo. Las detesto porque me dejas cautivo, sin capacidad de elegir lo que quiero. Y aún si quisiera estar contigo, no puedo escogerlo: ya está hecho.

Si, tal vez se trate de un problema de ego. De querer con mi esfuerzo construir algo, un destino quizá, y de hacerme de un propósito por mí mismo. Tal vez sólo sea en el fondo soberbia acumulada, una influencia del diablo, el otro player en este gran juego universal. Pero no se trata de excluirte de esos planes. No lo quisiera así. Pero he perdido las ganas de vivir y de amar gracias a estas malditas doctrinas. He perdido las ganas de buscarte, porque ya nada importa. Si me 'salvo' o me 'pierdo', ya está todo predestinado, todo preparado... no quiero descubrir nada. Preferiría construir. Mil veces, aunque a la primera brisa todo se desarme.

Hay tantas cosas más que quiero escribirte. Por ahora, lo dejo hasta aquí. No sé si decir 'te amo', pero si te diré 'Gracias', pese a que muero de soledad, de confusión y de desánimo. Publicaré esta carta con la estúpida esperanza que alguien me diga 'estás equivocado'. Claro, tiene que justificar su afirmación...

Nos vemos, como siempre, todos los días...

ricardo.