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martes, 17 de abril de 2012

¿Y qué es Cultura? Aproximaciones personales a la definición del concepto cultura.













-- Abstract--
El siguiente ensayo intenta establecer en nuestro debate antropológico la pregunta acerca de nuestras definiciones sobre Cultura, quizás, el concepto más importante para la Antropología. No es un texto que intente responder a la pregunta, sino más bien, busca explorar ciertos 'límites' y posturas que permitan ir delimitando el concepto, con el fin de interpelarnos y facilitar una postura crítica ante los pocos antecedentes que puedo detallar dado el contexto de publicación. Sin duda lo más importante de ponernos a pensar en una definición - personal - sobre cultura, es que ella (la definición) nos da un punto de partida, transparentando posiciones y perspectivas DESDE la cual podemos enfrentar investigaciones y exponer un pensamiento crítico.
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Cuántas veces un antropólogo se enfrenta, entre sus reuniones o encuentros sociales, con las típicas y odiosas preguntas: ¿Qué es la Antropología? o la siempre difícil de responder ¿qué hace un antropólogo? y peor, ¿Dónde trabaja el antropólogo? En fin. Las preguntas no acaban, y los autocuestionamientos, las reflexiones posteriores acerca del 'qué contestaré para la próxima', se vuelven insoportables hasta el punto de que cada vez que te enfrentas a las preguntas, respondes lo primero que se te viene a la mente (como diría el afamado antropólogo chileno, Rodrigo Herrera). Y nunca más vuelves a responder de la misma manera, porque se te olvida.
No es R. Herrera... es Levi-Strauss!!!
Pero más allá de estas situaciones sociales, que tienen que ver con nuestra 'oscura (desconocida)' labor, hay otras preguntas que cada cierto tiempo atacan, y que tienen que ver con un fondo académico, teórico y profesional. Tiene que ver con las definiciones y/o nociones acerca de los conceptos claves que la antropología entrega, pero que debido a la multitud de teóricos, escuelas, tradiciones académicas, tendencias teóricas e interdisciplinarias, terminan difuminando el contenido, por lo que al mismo tiempo, terminan difuminando al antropólogo o a la antropóloga.

En este caso, uno de los conceptos fundamentales para la antropología es 'CULTURA'. Y no es fácil explicarla, ni menos definirla. "Hace décadas que quienes estudian la cultura experimentan el vértigo de las impresiciones. Ya en 1952 dos antropólogos, Alfred Kroeber y Clyde K. Klukhohn, recolectaron en un libro célebre  casi 300 maneras de definirla. Melvin J. Lasky, que evidentemente desconocía esa obra, publicó en The Republic of Letters, en 2001, un avance de un libro en preparación para el cual dice haber recogido en diarios alemanes, ingleses y estadounidenses, 57 usos distintos del término cultura..." (García Canclini. 2004: 29). Esta cita da cuenta de que el problema no es actual - por suerte - sino histórico, quizás incluso crónico en la Antropología.



Y aunque tal vez muchas de nosotras y/o muchos de nosotros podamos reivindicar la ultra relatividad del concepto y la no-necesidad de consensuar una definición, creo que lo importante es poder llegar a ciertos lineamientos, por supuesto que no definitivos para la disciplina, sino en términos subjetivamente personales. En este sentido, el contenido específico que cada quién le dará siempre será plausible y subjetivo; aún así, creo que podemos llegar a definir ciertos aspectos que podríamos llamar 'externos' de lo que es la cultura. Dicho de otra manera: es más fácil llegar a un consenso de lo que no-es cultura.

Así, lo primero que podríamos decir es que "...la cultura no es lo que se obtiene estudiando a Shakespiere, escuchando música clásica o asistiendo a clases de historia del arte..." (Harris, 2000: 17), pese a que este es el uso más frecuente cotidianamente, lo que hace que una definición cercana a 'arte y educación' posea cierta 'validez' (García Canclini: 2004). Por otra parte, estoy seguro en la coincidencia más o menos general en lo que respecta a la abstracción de la cultura. Es decir, aquel 'todo complejo' a lo que nos referimos con cultura, no existe sino gracias a una serie de planteamientos abstractos y artificiales - aunque lógicos, plausibles y cognoscibles - procesados "a partir de los datos de la observación de sus partes..." (íbid. 51). Exactamente, nadie ha visto jamás "una sociedad, una cultura o un sistema sociocultural como un todo" (ídem). "La cultura es una serie de abstracciones emanadas de la manipulación lógico-empírica de datos recogidos a partir del estudio de hombres y mujeres aislados, históricos y específicos" (Harris 1964:172, En: Harris, op.Cit. 52).

Y yendo un poco más lejos podemos afirmar, independiente de una definición específica personal, la gran complejidad del concepto, o al menos, afirmar que como antropólogos y antropólogas nos hemos especializado en complejizarlo.

Hay otros elementos que también contribuyen a delimitar el concepto. Estos dicen relación con otros conceptos que nutren el contenido específico que cada cual le quiere dar a su personal definición. Estos otros conceptos pueden resumirse mediante la palabra 'CONTEXTO': una de las palabras más útiles para llegar a una mejor comprensión de 'cultura', el cual es por supuesto, siempre relativo.

El contexto es siempre necesario e imprescindible a la hora de definir cualquier concepto que sea complejo y relativo, tal como cultura. Si el contexto refiere a grupos o colectivos actuales cuyas relaciones podrían definirse como interculturales, hay ciertas definiciones que son más pertinentes que otras para entender o explicar tal contexto. No así si es que queremos explicar un contexto más específico, de algún grupo étnico, pueblo indígena, pasado o presente, para lo cual suelen utilizarse definiciones de tipo más descriptivas y sustanciales. Lo que sí hay que tener claro, es que cuando hablamos de contextualizar la definición suele ir dotada de cierta 'operatividad'.

Pero hay otros muchos elementos que deberíamos tener en cuenta a la hora de elaborar alguna definición - nunca definitiva, insisto - de cultura. Esta debería ser capaz de narrar la diversidad humana, de explicar la complejidad de sus relaciones sociales, de dar cuenta sobre el lugar de las materialidades y de los discursos dentro de las expectativas e interpretaciones locales. Una generalización que nos aproxime a entender aquella "condición esencial de la existencia humana" (Geertz: 1973)

Es que cultura hace referencia a dinámicas y relaciones humanas, y como tales, estas siempre estarán sujetas a millares de circunstancias y condiciones distintas, objetivas y subjetivas. Es posible aplicar una misma definición a múltiples casos, pero a mi parecer, lo importante es guardar cierta flexibilidad en él y cierta honestidad: como ya lo he dicho, la cultura es una abstracción y por lo tanto, un modelo plausible e imperfecto; en tanto tal, siempre vale hacerse la pregunta ¿Cómo considerarla?

Y así, el cómo ha de considerarse ese 'factor' divergente y variable entre los seres humanos - la única 'especie' que, sin temor a equivocarme, posee dicho factor - ha generado un sinfín de definiciones. Siempre a través de un filtro comparativo etnocentrista, las descripciones burdas y discriminatorias fueron los primeros intentos de etnografiar la diversidad. Pero no fue sino hasta que el pensamiento occidental se sistematizó, que se intentó dar una definición que permitiese entender esa diversidad. Surgen definiciones englobadoras y generalizantes que la entendían como el 'todo complejo' - la más clásica de las definiciones. De ahí, por crítica o egocentrismo intelectual, las escuelas variaron en sus definiciones, destacando aspectos simbólicos, ideacionales y/o mentales de la cultura, contrastando con definiciones más materialistas y comportamentales. Y esas que integran en el concepto un sin fin de elementos, relaciones y materialidades - exactamente como las clásicas - contrastan con aquellas que la hacen más específicas, circunscribiéndolas a procesos de significación de aquellos elementos, relaciones y materialidades. Por supuesto, hay que sumar aquellas definiciones que sinonimizan 'cultura' con pueblo, nación o etnia.

Otras corrientes más postmodernistas sugieren que la cultura se entiende mediante la comprensión y análisis de 'lo cultural', y esto sería "...como una zona de atravesamientos entre discurso, significación, identidades, poder, hegemonía, subjetividad e imaginarios que permite ... fortalecer aperturas - académicas y extraacadémicas - hacia nuevos objetos y sujetos en construcción (varios de ellos marginalizados por las disciplinas tradicionales)..." (Richard, N. 2010: 12). La cultura y su definición abstracta, está empantanada, finalmente, entre diversos análisis, perspectivas, nociones, herencias intelectuales, y otros etcéteras diversos y complejos.

Así, 'Lo cultural', llega a transformarse, en corrientes teóricas como el postestructuralismo o en los estudios culturales, como la forma a través de la cual abordar a la cultura. El texto compilado y editado por Nelly Richard sobre estudios culturales, en repetidas ocasiones se refiere, tanto a la cultura como a lo cultural, como un espacio de tensiones entre el "poder, representaciones, valores y significaciones" (81), o entre "lo político, lo económico y lo simbólico" (84).
 

Ante esto, ¿qué es lo más importante? ¿a qué darle preponderancia? ¿al sentido de 'espacio'? ¿o quizás, a lo que se produce dentro de él? o aún, ¿a aquello que se produce a partir de lo que sucede ahí?

Yo me inclino personalmente por la idea de la producción - de lo que se produce - a partir del proceso cultural, y este pensado en tanto "tráfico... de símbolos significativos... cualquier cosa... usada para imponer significación a la experiencia". En este sentido, siguiendo preferentemente a N. García Canclini, en el marco teórico de mi trabajo de tesis, escogí como definición 'guía' del concepto cultura como "el conjunto de los procesos sociales de significación o, de un modo más complejo, la cultura abarca el conjunto de procesos sociales de producción, circulación y consumo de la significación en la vida social" (2004: 34). Una definición así se mueve en un mundo globalizado, en la que las viejas y tradicionales prácticas religiosas, económicas, políticas, etc., se transforman y se reapropian por las sociedades, siendo estas reapropiaciones y transformaciones las nuevas fuentes de diversidad social.

Pero más allá de esta particular opción personal sobre cómo pensar y abordar la cultura, lo que quiero resaltar es la importancia de ponernos a pensar en una definición personal acerca de este y otros conceptos. Una definición nos da UN PUNTO DE PARTIDA, transparentando posiciones y perspectivas DESDE la cual enfrentamos eventuales investigaciones.


Referencias:

García Canclini, Néstor. 2004. Diferentes, Desiguales, Desconectados. Gedisa, Barcelona
Harris, Marvin. 2000. Teorías de la Cultura en la Era Posmoderna.
Richard, Nelly (editora). 2010. En Torno a los Estudios Culturales. U. Arcis, Chile
Geertz, Clifford. 1974. La interpretación de las culturas. Gedisa. Barcelona.


lunes, 9 de abril de 2012

La micro como espacio público sin reglas


¿Quién no ha sido víctima en nuestro sistema público de transporte de extrañas situaciones, de una anarquía temporal, de olores cuestionables, de ruidos molestos, en fin, de violaciones de espacio?

Es la micro uno de los espacios públicos más comunes por excelencia. De los más transitados, necesarios y casi olvidados por etnógrafos urbanos - o al menos, no conozco demasiada literatura al respecto - más allá de las atrocidades que nos presenta el Transantiago.



Siempre me ha llamado la atención los fenómenos sociales que se producen cotidianamente en el espacio social de la micro. Cada una de las situaciones, desde la más obvia hasta las más sorprendente, pasando por lo burdo, lo estresante, lo político, lo artístico, lo ilegal, etc.

Hace poco, me tocó compartir tal espacio con un grupo de aproximadamente 9 pingüinos - es decir, liceanos - que subieron en Talcahuano y se dirigían a Concepción, hacia la marcha del 15 de marzo, por lo que les oí decir. Eran estudiantes de liceo público.


Como suele suceder, grupos demasiado grandes de este tipo de amigos  es sinónimo de alto grado de ruido, risotadas, reggetón estridente, piropos y garabatos. De todas maneras, depende siempre del 'tipo': en el caso que describo, los jóvenes pingüinos de liceos públicos siempre estarán aliados a ese determinado tipo de comportamiento dentro de la micro, pese a que reconozco que es un supuesto basado en una generalización esteriotipada. Pero el caso que describo, sí es reflejo fiel de ese 'supuesto'.

Y paso a describir el comportamiento en líneas generales. Se agrupan en la parte de atrás de la micro - si, como buenos estudiantes, o más bien, como acostumbran a hacer los estudiantes en general - y aunque muchos prefieren quedarse de pie, no se desprecian los asientos más ocultos de los extremos. Extrañamente, estos muchachos (todos de sexo masculino) llevaban consigo un peluche de Elmo (el de los muppets), por el cual articularon muchas de sus bromas, la mayoría de doble sentido, aunque algunas bastante explícitas. Este es apunte importante: algunos lo llaman picardía, otros, ordinariez.


Desde el análisis del contexto, prefiero utilizar la categoría de ordinariez, pensando en que la micro como espacio público, privilegia - o más bien, facilita - otro tipo de reglas sociales, como el anonimato, la cortesía, y la reserva (como cualquier otro espacio público en realidad, desde la perspectiva de la teoría urbana). La ordinariez suena en este contexto, como antítesis, como la subversión de las reglas generales. Puede que a muchos las tallas y bromas que se lanzan nos produzcan risa, pero dado a la incomodidad y al rol que jugamos como pasajeros minoritarios (frente al grupo ruidoso), preferimos omitir o reprimir la risotada, ignorando al grupo a través de las tácticas habituales: dormir, mirar por la ventana, leer, ponerse audífonos, etc.

Es la ordinariez uno de los factores de comportamiento que contribuyen a una sensación general - pero reprimida a la vez - de violación del espacio público micrero. A ella, se unen las molestas ruidosas carcajadas, los disruptivos garabatos 'de mala educación', el reggetón o la música wachiturra característicamente 'flaite', y los piropos típicamente machistas y referidos exclusivamente a lo sexual. Ni hablar de los olores adolescentes: el típico sudor pegado, olores a 'crecimiento', a educación física, etc.

Sin embargo, nadie fue capaz de encarar a los cabros, de decirles que no griten tanto, que no vociferen sus garabatos, o que demuestren educación. Esta situación, más que demostrar falta de carácter o de valor, muestra que la mayoría de los pasajeros solitarios (que contrastan con estos pasajeros en grupo), nos aferramos a nuestro rol como anónimos y desconocidos, y nos apegamos irrestrictamente a las reglas culturales y sociales que se suponen obvias y claras dentro de la micro.


No es que los jóvenes pingüinos no conozcan las reglas, o que no las entiendan. Se trata del contexto grupal que les permite un alto grado de subversión de las mismas.

La reserva y la normalidad del espacio volvió una vez que los cabros se bajaron, en O'higgins con Maipú. El silencio fue total, un quiebre hacia lo típico fue evidente. Los motores y el tráfico volvieron a sonar para los pasajeros anónimos. La violación había terminado. Afortunadamente.



domingo, 18 de marzo de 2012

El Relato de cómo casi me voy al Servicio Militar

Todo comienza con el resquemor de acercarse al Cantón de reclutamiento más cercano, sobre todo si por 4 años seguidos ya te habías sacado el SMO, y que ya ni por si acaso te llamarán. Pero así fue. Las razones psicológicas y emocionales (el ámbito de lo personal) de por qué me anoté voluntario a los 23 años, son irrelevantes en este momento. Lo importante, es el trasfondo sociocultural que pasaré a relatar.

Con cara de incomprensión totalmente comprensible, el encargado del cantón me pregunta ¿qué pasó? ¿no terminaste tus estudios? - Si, si lo hice. Terminé y estoy titulado. Simplemente quiero hacerlo antes que sea imposible. Leí por ahí que se podía hasta los 24 años. - Si, en efecto, aún puedes hacerlo.

De ese paso al siguiente, el contar que tras una irreflexiva decisión, te inscribiste voluntario para hacer el servicio militar, hubieron de pasar varias semanas, tratando de encontrar el mejor momento y los mejores argumentos, seleccionando a quiénes se enterarían primero, y un montón de otras pequeñas decisiones que se relacionarían. Para un sujeto en mi posición, 'realizado' socialmente a través de las posibilidades y del status que brinda un título profesional obtenido tras un exitoso paso por la Universidad (exitoso en tanto 'meta cumplida'), tal decisión y el hecho de 'contar' la misma, representaba una incongruencia en las expectativas culturales que se fijaron en mí. Una pieza que no encajaba con el ideal social.

Porque además, el Servicio Militar en sí, representa según el contexto una gama de sensaciones y expectativas que pueden resultar muy opuestas. Para algunos es igual a una oportunidad: la posibilidad de un 'futuro' estable y seguro puede derivarse del mismo. A otros, les es igual a una solución urbana: la forma más eficaz y la más necesaria para sacar a tanto flaite de las calles. Para otros, una pérdida inútil de tiempo. Todo según el contexto: en este caso, la significación que se le da al sujeto en cuestión.

Y yo como contexto, es claro, le dio al SMO un sentido negativo. La incomprensión se hizo notar en mi entorno directo, pese a que se aceptó en primera instancia la decisión tomada. Sin embargo, frases como 'Mira que ir a perder un año'; '¿y en qué volá te fuiste? ¿'Y para qué'? 'Mira que teniendo pega, irse para allá'; 'Y por eso renunciar'; 'está loco este otro'; y cosas por el estilo.

Cabe mencionar, que hacer el SMO influyó en parte en la decisión de dejar la pega que tenía: 'Voy a disfrutar el verano antes de irme'. Otra frase que yo mismo me decía, dando cuenta en general de la significación particular que genera el SMO.

Por cierto que lo que se dice es tan interesante como lo que no: pienso en concreto en las miradas y los silencios. Cuando se cuenta, lo primero que se nota es esa mirada de 'no entender'. Pero también cuando no lo cuentas, significa mucho más que sólo una acción que facilita la conversación. Es cierto que es más fácil mentir un par de segundos que estar cinco minutos justificándote; pero hay también un peso: yo sabía que no estaba cumpliendo con las expectativas de los demás. Había una sensación vaga de vergüenza, puesto que 'tanta gente sin pega, y él renunciando por una huevada'. Hay mucha gente a la que nunca se lo conté, para evitar los costos sociales de la confesión.

Y así llegó el 5 de marzo, fecha de presentación. Allí, el arrepentimiento ya era una sensación cercana,  pese a que aún mantenía la decisión con algunos argumentos bastante subjetivos.

A las 08.00 de la mañana en el regimiento de Concepción, pude confirmar algo que se suponía: Una gran cantidad de wachiturros, flaites y otras cosas bastante extrañas; jóvenes entre 17 y 24 años (como yo). Yo pensaba que sería rápido el trámite. Pero en realidad era mucha gente. Y hubo mucha tardanza en ciertos puntos - como el rápido manoseo de salud.

Afuera del gimnasio nos ordenaron por lugar de inscripción. Los de Conce los más; los de Talcahuano y Hualpén, el segundo grupo más numeroso. En la entrada del gimnasio donde se hizo todo el proceso de registro y evaluación, había unas galerías. Allí nos entretuvieron mostrándonos un video con las posibilidades que brindaba el ejército. Obviamente, nada negativo que pudiese hacernos desistir.

Una cosa que me llamó la atención, fue que en el proceso de consulta sobre eventuales problemas - previo al examen de salud - se preguntara sobre si 'tenía problemas sexuales'. Yo quedé extrañado y confundido por unos segundos - ¿Cómo? ¿Problemas sexuales? - a lo que el uniformado responde: 'Si te gustan los hombres pues, huevón'. Como a esa altura aún tenía algunas ganas de irme, no quise polemizar ni debatir. A mi lado, había un chico al que le estaban preguntando - Pero, ¿te has intentado suicidar, entonces?

Las cosas de la vida.

Luego de eso, la espera para el testeo médico se hizo insoportable. Una verdadera primera prueba para los 'voluntarios'. Cinco horas aproximadamente tuve que esperar en una larga fila de pie, entre los adolescentes que iban y venían, que salían y entraban, que desordenaban la fila y que olían a muchas cosas. Todo eso minaba el ánimo, el interés y las fuerzas. Antes de pasar a la carpita de los médicos, yo pensaba que ahí era posible que me dejaran afuera, por una eventual desviación de columna o de rodillas. Nada de eso. Fue un manoseo de menos de 30 segundos. Apto. Seguro, y se veía así, los funcionarios del ejército estaban también muy cansados y aburridos de tanta... 'juventud'. Sin mayor rigurosidad, no estaban preocupados de examinar detenidamente a nadie.Y de ahí, a la entrevista social.

Ya eran cerca de las 4 de la tarde. A esa hora, el arrepentimiento total me tenía dominado. Pero ¿Cómo sacármelo ya? Parecía imposible. 15 o 20 minutos después, estaba ya hablando con la asistente social. Estaba dispuesto a decir hasta la mentira más ridícula con tal de que me dejaran fuera. Y fue más fácil de lo que pareció. Por edad y por el maldito crédito universitario (que es ese momento, fue una tremenda bendición). Los 24 años parecían demasiado, pero más efectivo resultó la millonaria deuda que me dejó el estudiar una de las carreras más caras de la Universidad. 'Son entre 12 y 15 millones aproximadamente'. La respuesta la dejó pasmada. Ahí sólo tuve que decirle que ya no quería hacerlo. Más fácil de lo que parecía.

Luego de una mesa más, finalmente, quedé 'disponible': es decir, aún la posibilidad de irme existe, aunque es mínima. Salida del regimiento: 17.15 horas.

Mi última impresión con respecto al SMO: si resulta eso de despejar las calles de wachiturros y flaites. Muchos de ellos si se van. Casi todos.

Lo peor: aún quedaba un número cercano a cien cuando me fui. Creo que mínimo, el proceso cerró cerca de las 19.00 hrs.

Para finalizar, el deseo de haber realizado una completa etnografía al SMO era la razón que más me agradaba. Y por ella, aún añoro la escasa posibilidad de irme. Y por ella, escribí este relato.

sábado, 21 de enero de 2012

Reflexiones antropológicas en torno a la categoría 'identidad'.


¿Qué queremos decir cuando decimos 'identidad'?


Muchas veces, en muchas ocasiones, en distintos contextos, he escuchado esta palabra, la cual nunca es realmente precisada, y puede referir a múltiples ideas, como una especie de personalidad individual, a iconos de representación, procesos de identificación, convergencia histórica temporal-espacial, forma de comportamiento, simbolismo inmaterial, estructura cultural, esencia fundamental, construcción social; y bueno, nadie podría decir que identidad no refiere a todas y a cada una de estas nociones; pero tampoco nadie podría encarar a quien dijera que 'identidad' no tiene nada que ver con lo anterior.

Porque a la hora de intentar definir este 'concepto', esta 'categoría analítica', esta 'realidad', terminamos enredándonos, como buenos científicos sociales al menos, entregando un montón de alusiones a otros procesos, conceptos o contextos.  Es que en verdad, no es fácil. Y aún diría más: es imposible llegar a una definición total en pocas palabras de lo que es identidad, pues esta es siempre relativa, difusa, variable, una respuesta que varía su intensidad de significación dependiendo de quién haga la pregunta, una respuesta que no sólo constituye un discurso, sino una práctica, un hacer, una forma de interactuar. En este sentido, la respuesta se da a cada momento, en cada interacción. Si hay que definirla en una palabra, esa sería respuesta

Pero conformarnos con eso es muy poco. Porque se generan preguntas como: ¿Qué tipo de respuesta se da ante determinadas preguntas (contextos)? ¿Son todas las respuestas similares en estructura? y la muy interesante según yo, ¿Qué elementos se mezclan en el acto de 'responder'?

Tecnicismos…

Es que desde un punto de vista antropológico, podemos identificar muchos factores y ‘mecanismos[1] estructurantes de identidad, que le dotan de ese carácter complejo y difuso. Un ‘espejo’, reflejos fragmentados, compuesto por diversos elementos significativos que particularizan cada identidad. La geografía, el territorio y los alrededores, la interacción, la circulación, etc., son factores que identifican y particularizan las identidades. Por otra parte, los mecanismos que permiten configurar aquellas particularidades o factores son, entre otros, la memoria, la tradición, la oposición, alteridad, pertenencia, negociación simbólica, adscripción, interpretación, discurso y práctica. Estos mecanismos refieren a relaciones de poder – en cuanto a conflictos, tensiones, apropiaciones, ‘control cultural’, etc. – al tiempo que a normas, ‘patterns’[2] y significaciones culturales.

De estos últimos mecanismos, punto a parte merece la 'memoria'. Siguiendo al conocido historiador José Bengoa, la identidad, tanto en el plano social como en el teórico, convoca directamente a la memoria. No sólo hablamos de recuerdos personales, ni a una mera mezcla de ellos con recuerdos colectivos; identidad y memoria apelan a un espacio imaginario y simbólico de encuentro, justamente entre lo individual y lo colectivo, entre lo público y lo privado. Es “una suerte de gozne o bisagra en el que la persona se ve al mismo tiempo a sí misma y a su grupo, y es por ello que la distinción entre identidad individual… e identidad colectiva… tiende a disolverse… la respuesta es siempre una combinación de memorias [y de alteridades y de sentidos de pertenencia] individuales, grupales y colectivos...” (Bengoa 2006: 89).

Pero pese a que la memoria es un fenómeno que contiene una dimensión mental, los recuerdos se arraigan en determinados factores socioculturales que van configurando las identidades. Destacamos ahora uno de ellos, el territorio, el escenario en donde las interacciones, relaciones de poder, de alteridad, de identificación y representación tienen lugar, permitiendo la significación cultural del espacio en donde la vida social tiene lugar. 

Pero además de estos factores mecanismos estructurantes de identidades locales, cuyos efectos los constatamos a nivel micro social - o también, empírico - existen otros fenómenos que también contribuyen a configurar las identidades a un nivel macro social. Estos se pueden identificar analíticamente, precisando los siguientes: a) la Cultura, como fenómeno social, simbólico e histórico, construido a partir de elementos ‘objetivos y subjetivos’ b) la conformación de los Estados nacionales, como fenómeno político e ideológico y, c) la Globalización, como fenómeno económico, político, sociocultural y comunicacional.

En fin…

Cabe destacar una vez más, que hable del tipo de identidad de la que hablamos los tipos raros de las ciencias sociales. Por tanto, una definición más o menos académica sería decir que identidad es una especie de marco de interacción y clasificación abierto, configurado en primera instancia por el ambiente sociocultural del grupo social en el que se nace – familia, barrio, ciudad, nación – y en donde se dan los primeros procesos – mecanismos – de configuración (identificación, alteridad, adscripción). Este es susceptible a cambios, radicales en algunos casos, dada la apertura y circulación – es decir, la globalización – que afecta de diversas maneras aquel marco, a través de los mismos mecanismos que la configuran. Pero no sólo es afectada por ellos: la interacción, la interpelación, la memoria colectiva, la forma de experimentar el espacio, el tiempo y el territorio, y la apropiación simbólica e imaginaria de estos, etc., van transformando a cada momento las identidades individuales y también de las colectividades, o comunidades, unidas estas por diversos factores. 

Pero, una definición más comprensible y acotada sería esta: identidad es una expresión cultural ante la obvia interacción entre grupos humanos.


[1] Los llamamos mecanismos por no encontrar un concepto más adecuado. Lo que no queremos decir, es que los procesos de construcción de identidad sean mecánicos, en un sentido estructurado o evolucionista, ni menos que la identidad sea una ‘cosa’ fácilmente descriptible, puesto que estos procesos, al ser ‘negociados’, se constituyen dependiendo de cada grupo social, de sus estructuras sociales y de sus contextos históricos. No todo lo que aquí mencionamos como mecanismos, se lleva a cabo, sino sólo aquellos que sean pertinentes a la situación. La descripción será siempre una cuestión empírica. Misma situación ocurre cuando decimos ‘estructurante del fenómeno’: tal estructuración sería más bien una especie de configuración, delimitación o fronterización de la respuesta.
[2] ‘Patterns’: suele traducirse este concepto introducido en la antropología por la corriente cultura y personalidad, como ‘patrones’, esto es, en un sentido psico-cultural y normativo en la conducta humana. Escogimos colocarlo en su original inglés, porque creemos que así puesto significa mucho más su contenido original.

lunes, 10 de octubre de 2011

Relatos Fragmentados 1. El Cerro Cornou

La Escuela Básica F-490 'Cerro Cornou'. Un hito visible en la constitución de la memoria
Talcahuano es una construcción social. Es una invención, como muchas - sino todas - de las ciudades de hoy, fabricada por diminutas memorias y relatos diarios sobre nuestro pasado. Esas memorias nos muestran lo que hemos sido y lo que somos: una gran congregación de gente diversa, sin ninguna particularidad muy especial, salvo la gran coincidencia de ser albergados por un hermoso territorio. A este, con sus cerros, valles, playas, bahías, humedales, aves, vertientes, gentes, llamamos Talcahuano. Y sobre todo, su gente, la que reivindica y asume su nombre como el estandarte de sus propias historias.


Parte de esa gente, habita una porción de territorio llamada 'Cerro Cornou'. ¿Qué es? ¿Dónde está? Ubicada en el sector 'Los Cerros' de Talcahuano, una de las primeras complicaciones es delimitar fronteras, puesto que a primera vista, sólo hay una gran cantidad de casas y familias levantadas sobre pendientes, rodeadas de callejuelas estrechas - las más - y escaleras, con pocas calles realmente útiles para el tránsito vehicular.


el recuadro negro indica las
aproximaciones del Cerro Cornou
Subida Norte; San Agustín; 7 de Enero; y Salvador Gálvez, son las calles que cercan al Cornou. Sus arterias también dicen algo de este cerro. 28 de Octubre, 10 de Julio, 18 de Septiembre. Por ahí se escucha un rumor acerca de la relación entre el nombre de estas calles y la figura histórica de don Eduardo Cornou, un ciudadano ilustre de la ciudad, como se menciona en el Libro de Oro de Talcahuano (Eduardo Moreno y Agustín Costa, editor y colaborador respectivamente; 1969: pág. 133). Pero no hay ningún registro para comprobar si las fechas que dan nombres a las calles corresponden con los nacimientos de sus hijos.


Justamente, dentro de los forjadores del Cerro Cornou, contamos con Eduardo Cornou, y a personas de connotada posición social, como las familias Tatín, Braña y Echeverry. Pero más importante es la figura de los 'mejoreros'. Ellos eran personas humildes y pobres, quienes arrendaban los sitios en donde desarrollaban sus vidas y que finalmente fundaron una comunidad, identificada con la actual población de, al menos, el Cerro Cornou. Esto ya que posterior a la década de los '50 del siglo anterior, el Estado entregó los sitios que cada una de estas primeras familias habitantes del sector ocupaban. Pronto, también antiguos arrendatarios recibieron el beneficio, y de esa manera, las laderas de los cerros históricos (la mayor parte de la ladera suroriental de la Península de Tumbes, que se corresponde con el sector Los Cerros de la ciudad) fueron ocupadas en su totalidad, con los beneficios y perjuicios que eso significó. 


Fueron tales generaciones, los padres y abuelos de los actuales adultos mayores de la población, quienes crearon una comunidad, que se identifica con determinados elementos: un cerro unido, arraigado al respeto y al reconocimiento mutuo de sus habitantes; un cerro tranquilo, un tesoro mucho más valioso que la comodidad de un lugar céntrico y plano; un cerro único, lleno de gente de se conoce, que se respeta, que se cuida, no como "otros" barrios, donde la impersonalidad, el individualismo y la desconfianza son los factores comunes. Esto es lo que nos cuenta la gente, los abuelitos y abuelitas del barrio, los niños, los dirigentes.


Sin embargo, también se siente un abandono, relacionado con la poca prioridad de la inversión social de las autoridades: no es un barrio 'vulnerable'.


Muchas cosas han cambiado desde la época de los mejoreros en adelante. No sólo hablamos del acceso a servicios básicos, o los cambios en tecnología y urbanización: aparejado con esos cambios, se perciben cambios sociales importantes en la forma de ser de las personas y familias. El cómo y el en qué la gente se divierte; en el cómo se comporta; en el cómo se proyecta.


Las cosas no son como antes.


El espacio público, de recreación y de encuentro es el que más se ha transformado. Ya no hay canchas, ya no hay dónde jugar ni recrearse; ya no hay playas, no hay zonas de picnic, no hay plazas. Como antes. Como antes, cuando los carnavales, las fiestas vecinales para navidad, los paseos de año nuevo, o el circo Darinc; como cuando todo eso se recreaba en las calles y sitios de los cerros históricos.


Pero hay aún raíces, retazos de pasado y memoria. El esfuerzo de las caminatas por largas y pesadas escaleras; la unidad y tranquilidad; los increíbles miradores naturales; la estrecha relación con la Base Naval y Asmar; y sobre todo, las vertientes, tan útiles, tan necesarias, tan presentes: Tan vivas como el mismo cerro.




Fuente principal: ‘SOLICITAMOS DESARROLLO’. tesis de pregrado para optar al título de Antropólogo. 2010. (Aunque la fuente principal fueron adultos mayores del Cerro Cornou, agrupados en general en el club Nueva Esperanza).

sábado, 8 de octubre de 2011

Perspectivas desde Los Cerros de Talcahuano y hacia ellos

Los Cerros. Una compleja y heterogénea realidad social. Un bloque geo-social delimitado por lo que conocemos como 'Península de Tumbes'. Bien podríamos decir que desde un punto de vista únicamente geográfico, Los Cerros están constituidos también por el 'Cerro David Fuentes' y 'El Morro'; sin embargo, la realidad y la experiencia nos muestran cómo 'lo social' se impone en los mapas. Cada vez que decimos 'Los Cerros de Talcahuano', no hacemos referencia a la península de Tumbes, sino a un conjunto de barrios, poblaciones, gentes, realidades, conflictos, calles, exclusiones, desigualdades, riquezas y bellezas mal explotadas.
Vista de los cerros Cornou y Alegre, junto a parte de la
carretera nueva 'Av. del Pescador', o 3er acceso a Los Cerros

Partiendo por su condición de cerro, de elevación, de pendientes, abismos, precipicios y alturas, vemos un evidente problema de conexión y conectividad. También de construcciones y de habitabilidad: hay zonas de evidente peligro de derrumbes, ante lo cual la gente hace caso omiso y construye hogares, quizá por la falta de otras opciones. Es impresionante sólo pensar cómo deben llegar las familias a sectores del Zaror o de Torres Basaur. Las caminatas por largas escaleras pueden llegar a ser muy pintorescas, pero la realidad cotidiana indica muchos problemas de salud o de exclusión.

Pensemos ahora en aquellas comunidades a las que tampoco podemos entregar los beneficios de nuestro raro desarrollo. Caletas como El Soldado, Tumbes, Bahía Inglesa y las del extremo norte de la península, están condenadas a la eterna caminata para conseguir suministro, especies, materialidades, etc. Es cierto, son formas de vida asumidas por cada uno de ellos. Pero también es cierto que muchos no tienen mayor opción.

Y, ¿qué hay de la conectividad entre cerros? ¿cómo hacemos que gente de Tumbes llegue al Centro Comunitario Mahuida de Los Lobos para alguna actividad 'abierta' a la comunidad? ¿Cómo hacemos que gente de Torres Basaur o de los Cerros Históricos llege al Cesfam? ¿Cómo la comunidad de Los Cerros podrá disfrutar del futuro 'Polideportivo de Los Cerros? ¿Cómo hacemos para su gente llegue al Hospital Higueras?

Esto nos lleva a otras preguntas. ¿Por qué pareciese que existe privilegio para algunos barrios y cierres de puerta para otras? ¿Por qué hay mayores oportunidades para algunas y no para otras? ¿O es que Talcahuano no es una 'ciudad' aún, sino un pueblo rural?

Pero hay más preguntas: ¿Por qué sus bellezas, riquezas y potencialidades aún no son explotadas para el beneficio, no sólo de la gente de Los Cerros y de Talcahuano solamente, sino de toda la región? No se ha invertido en Eco-turismo, en Energías renovables, en espacios públicos culturales, en educación, etc. Prácticamente no hay trabajo en Los Cerros ni gran productividad, siendo que sus potencialidades son amplias.

Entonces, hay muchas preguntas por responder para la gente de Los Cerros. Muchas respuestas inconclusas, respuestas que existen pero que carecen de lógica. Porque, ¿Cómo le explicamos a los adultos mayores y a los discapacitados de los cerros históricos que no podemos darles mejores accesos a locomoción y vialidad para acudir a los servicios cotidianos o a centros de salud? ¿Cómo le explicamos a los allegados de Las Canchas y de Tumbes que no es posible construir en terrenos fiscales aledaños a sus domicilios, familias y redes sociales porque no hay 'espacios' dónde construir (espacios que sí existen)? ¿Cómo le explicamos a nuestros jóvenes de Los Cerros que en su propia tierra no hay oportunidades laborales, que deben irse para surgir? ¿Qué le diremos a nuestros niños cuando quieran jugar, si no hay 'espacios' para ellos?

Perspectivas, desde y hacia Los Cerros

Otra perspectiva de los cerros Cornou y Alegre.

lunes, 28 de febrero de 2011

Etnografía de una marcha.

Marcha de estudio: Marcha conmemoración un año del terremoto 27F 2010. ‘Un año sin reconstrucción’. Red Construyamos. 
Trayecto: Desde plaza Perú hasta plaza Independencia.
Fecha: 26-Febrero 2011
 
Foto extraída desde: 
http://www.facebook.com/photo.php?fbid=201685716524058&set=t.100001022402662

Antes que nada, una pequeña introducción con respecto a la expectativa cultural que genera o que rodea una marcha. Expectativa en tanto espera; la espera de que tal acto social permita resignificar una situación ante la cual se marcha.

Una marcha, con todos los actos y toda su puesta en escena, con todos sus protagonistas, sus gritos y discursos, sus banderas y pancartas, sus símbolos y significados, generan la sensación de una confrontación, de una guerra. De hecho, los discursos y los gritos siempre nos están recordando la motivación: una lucha. Una batalla en el ámbito social y político, una confrontación y tensiones en las relaciones de poder entre los marchantes (quienes, se asume, están en una escala jerárquica inferior) y aquellos contra quienes se marcha. Porque, más allá de que se marche frente a una injusticia, alguna desigualdad, proyecto de ley, o cualquier abstracción impersonal, detrás de cada una de estas situaciones hay otro actor social ‘encargado’ de ejecutar la acción ante la cual se protesta.

Motivos, eso sí, nunca faltan.

En este sentido, una marcha espera transformar una calle en un campo de batalla. La plaza de salida, en una guarnición. La plaza o lugar de llegada, en la trinchera enemiga. Por supuesto que en términos analógicos. Una marcha tiene una intencionalidad política más que marcial. Por otro lado, es la política el campo donde la confrontación y las luchas de poder hoy en día se dan en regimenes que, al menos, se hacen llamar democráticos.

Elementos de una marcha a la luz de la marcha de estudio.

Una marcha es, además, una congregación de personas con aproximadamente similares intereses. Es una instancia de encuentro entre ellas, de construcción de redes y relaciones. Por supuesto, una forma de manifestación y participación social.

La marcha no comienza con la salida. Hay todo un preámbulo previo, toda una estrategia de inteligencia – continuando con la analogía militar – que comienza días antes, con una organización. La marcha de estudio da inicio mucho antes, comenzando con la conformación de comisiones que dan cuenta de su actuar en cada asamblea. La Red Construyamos se caracteriza por ser una ‘asamblea de organizaciones’, buscando una estructuración horizontal en su coordinación. Por tanto, se omite la figura unipersonal de un general, por una multipersonal. En este caso, la asamblea, la que aparece como ‘soberana’ de las decisiones.

El día de la marcha comienza siempre más temprano que la hora de convocatoria. La organización se reúne en el espacio de culminación, en el caso de que haya una actividad mayor en ese espacio. De lo contrario, sólo se reúne en la guarnición, en donde los convocados a la lucha son preparados con discursos, últimas instrucciones; son aleonados con gritos de guerra y consignas políticas, cantos, pancartas y banderas. Se menciona la causa específica de la convocatoria y se realiza el acto de inicio. En el caso de la marcha de estudio, se realizaron ambas distinciones. Un acto de inicio, consistiendo en un servicio de tipo religioso, en la esquina de Plaza Perú con la diagonal Pedro Aguirre Cerda. Este sitio es de especial significación política, social y cultural, pero por corresponder a otro tema, no me referiré a ella. Sólo mencionaré el ambiente que había ahí, en la guarnición, en la mañana de inicio.

Los sábados, hay una pequeña feria que se ubica en el contorno de la plaza. Siempre es concurrida, por lo que el día de acción, había gente que podríamos llamar ajena a la convocatoria. Además, durante febrero, suele ponerse frente a calle Chacabuco, una feria artesanal, que también atrae gente ajena a la convocatoria. Por otra parte, el tránsito vehicular es siempre continuo alrededor de la plaza, aún en día sábado. Otro elemento a destacar, es la presencia casi permanente de fuerzas policiales especiales, conocidas como GOPE. Es que la plaza presenta un historial de conflictos sociales y políticos, sobretodo, con los estudiantes de la Universidad de Concepción, cuyo campus se levanta frente a la plaza. Esta es, por lo tanto, una guarnición permanente de conflicto social.

La actividad religiosa (se destaca que organizaciones religiosas participan en la asamblea de la Red Construyamos), está marcada por la multitud de gente agrupada en torno al megáfono. A esas horas, las 11:15 aproximadamente, toda una tropa que camino desde los bordes de Chiguayante ya estaba presente, aleonada y lista para la batalla. Además, una gran cantidad de convocados ya estaba presente en el lugar, incluyendo organizaciones estudiantiles, artistas, batucadas, y demases, incluyendo a los ajenos, al pueblo, a la ciudadanía que se enteraba de la actividad. El megáfono, por supuesto, no reluce entre la multitud inquieta.

Finalmente, el acto de inicio concluye, y los marchantes se preparan para marchar hacia la trinchera. Las pancartas se levantan, los gritos cobran nueva fuerza; los megáfonos retoman su liderazgo entre el ruido y la inquietud. Las banderas flamean y las batucadas dan ritmo a la caminata.

Así, se deja la guarnición. Los ajenos continúan con su visita, con sus conversaciones, con sus quejas. La cotidianidad retoma su ritmo diario, su rutina. El ruido se aleja. La batalla tiene otro escenario.

Pero los ajenos siguen destacando. Esta vez, desde los edificios, desde la calle y desde el tránsito, la marcha se ve como una culebra que repta llamando la atención de estos nuevos ajenos, trasladando las quejas por el ruido, hacia la molestia del taco y la espera vehicular.

Las pancartas, alrededor de unas 20, son las banderas de representación. Una marcha como esta, es una alianza de batallones. “Cristianos por la liberación…”. “Aldea 7 y 8 Oriente. Exige urgente reconstrucción”. “Comité pro defensa por una indemnización justa. Luchando con todos y para todos”. “Un año sin reconstrucción. Red Construyamos”. “Banco Estado miente…”. Son algunas pancartas que versan y enfocan el conflicto. El negro, el color con el que se convocó de preferencia, también destaca como color de protesta, a la vez que de conmemoración y luto. La marcha avanza hacia su trinchera final de lucha.

Pero en este último sector, no todo aparece de la nada. Desde temprano, la organización de la marcha en cuestión, comenzó preparativos necesarios para que el acto de cierre envolviera la expectación sin dejarla ir. Este punto es importante, puesto que tras una media hora de marcha, bajo un sol que quemaba, es fácil diluirse si no existe un enganche inmediato con el acto de cierre.

El acto de cierre consistió en intervenciones discursivas y artísticas. La intencionalidad variaba, sobre todo en los actos artísticos, pero todas giraban en torno a la situación política y social tras un año de la catástrofe.

“¡Necesitamos ser escuchados!” versaba con fuerza una de las dirigentas que intervino.

Por otra parte, la marcha en cuestión resultó fusionada con otra que partió desde calle Prat, en plaza España. Fue allí cuando ciertas fricciones tuvieron lugar, puesto que la marcha que estamos describiendo y las organizaciones de base que la permitieron, compartían un profundo descontento, que en muchos se convertía en rechazo, a los partidos políticos tanto de gobierno como de oposición. Justamente, con estos últimos se alimentó en gran medida esta segunda marcha, logrando esas fricciones que tuvieron su momento álgido cuando su representante intervino en el acto de cierre.

El acto seguía, y los ajenos pasaban. Pronto, surge otro elemento común a todas las marchas. Lentamente, cada uno de los convocados se convertía en uno de ellos. El interés se diluía a medida que el calor crecía. La gente, aún en los momentos de mayor concentración, continuaba ensimismada en lo que estaba. Gritando consignas unos, conversando otros, mirando los actos, etc. Los transeúntes – los ajenos – pasan, otros miran y escuchan, otros miran y no entienden nada.

Termina una batalla, un capítulo de la ‘guerra social’ en la que cada marcha se inscribe. Quedan, por supuesto, muchas preguntas. ¿Qué sigue a una marcha? ¿Qué pasa después? ¿Cuál es el camino a seguir?  Es que la guerra pasa por muchos capítulos, muchas batallas y combates, la mayoría, no tan públicas, masivas, notorias o explosivas como una marcha. Una marcha es sólo un capítulo más, la mayoría de las veces, una efímera muestra de acción. Una marcha nunca concluye nada. Puede reafirmar un proceso mayor, que generalmente, se dirige a través del ‘conducto regular’, al que la burocracia y ethos propio de Chile se han hecho adictos desde sus inicios. 

Foto extraída desde: 
http://www.flickr.com/photos/annais/5479092017/sizes/m/in/photostream/



domingo, 2 de enero de 2011

Etnografía del año nuevo

Advertencia: la Etnografía del año nuevo presentada refiere al contexto chileno y promedio: claramente falta un análisis más histórico y comparativo, así como entrevistas y mucha más observación. Lo que a continuación se describe se basa en la experiencia previa, en la observación -  obviamente participante - de contextos locales y personales.

***

    El año nuevo comienza mucho antes del 31 de diciembre. Primero comienza como expectativa, como la ilusión de término, renovación e iniciación en los ámbitos personales y colectivos del ciclo llamado año. Esta ilusión se acrecienta al llegar la fiesta de navidad, cuando queda sólo una semana para uno de los acontecimientos – con sus ritos y fiestas – principales de la sociedad occidental y de la sociedad global en general.

Mientras se aproxima la fecha, se acrecientan los preparativos a todo nivel: individual, familiar, colectivo y nacional.  Así, las peticiones de vacaciones, los últimos exámenes escolares, la compra de pasajes ya para volver a casa, ya para pasar las fiestas con familiares o simplemente en otro sitio (rompiendo o continuando la ‘tradición’, en cada caso, distinto); la compra de los materiales para la cena final, el aseo del espacio donde la comida ritual se llevará a cabo; los anuncios de mega-eventos y mega fiestas con sus gastos asociados; el gasto en los fuegos artificiales; en la adquisición de espacios para lograr ver de mejor forma el espectáculo prometido, etc., son algunos de esos preparativos. Por supuesto que en conjunto con ello están las sensaciones fisiológicas, psicológicas y sociológicas asociadas: preocupaciones, nerviosismo, estrés, emoción, alegría, irritabilidad, aburrimiento, decepción, satisfacción, etc., en conjunto con otras situaciones como gastos imprevistos, planificaciones que se caen, una que otra muerte o nacimiento; en fin, un montón de etcéteras que dependen a su vez de estratos socioeconómicos, situaciones familiares, espacios locales, ciudades, regiones, particularidades culturales asociadas a estos espacios; en fin, más etc.



La comida.
 
El día 30, durante el último tercio del día, comienzan los preparativos para la cena, que involucra el sazonar un pavo con especias varias para luego asarlo, al día siguiente. Esto, si es que es el pavo el elemento central de la cena y si es que el asado de él involucra un sitio diferente al de la casa o espacio donde se celebrará la cena. Todo esto es relativo con respecto a la planificación familiar o personal. Otros, sólo hacen un asado como se le conoce comúnmente, con carbón y parrilla o disco. Es más rápido (y hasta más delicioso, para mi paladar al menos).

Por otra parte, está la preparación de la comida que acompaña, que generalmente es fría (papas mayo o el arroz primavera; también puede haber en el plato papas duquesas, fritas o rellenas), pero que de todas maneras, es ‘especial’. A esto se le suman las ensaladas y los postres, y por supuesto, las bebidas y el alcohol. Todo este contexto, se puede enmarcar en la idea de abundancia, cuya máxima podría ser ‘mejor es que sobre, a que falte’.

Es que el año nuevo y su comida, constituye un ‘rito de excepción’, como le escuché alguna vez a un profesor. No es lo mismo el resto del año, porque ¿Cuántos almuerzos implican tanta abundancia? ¿Cuántas familias chilenas ‘cenan’? ¿Cuál de todas esas cenas requieren de una preparación y contexto especial (buena pinta en la mesa, alcohol desde antes hasta más allá del final)? La cena de año nuevo es una comida especial, no hay ningún descubrimiento en torno a ello. Como tampoco, hay descubrimiento alguno al hacer notar que la cena se celebra durante el año viejo, constituyéndose en una especie de símbolo y de deseo de lo que se quiere para el siempre utópico año nuevo: abundancia. También puede significar satisfacción, aunque es menos probable.

Las prácticas.

Es usual ver como los noticiarios pierden tiempo mostrando notas con respecto a los ritos de ‘buena suerte’ para el año que se avecina: comer lentejas, ponerse ropa interior amarilla, pasear con una maleta, etc., legitimando a la televisión – y al noticiario en especial – como un medio de propagación y de mantención de ciertas costumbres que pueden perderse en el tiempo. También está el brindar con champaña y el apreciar los fuegos artificiales (ver entrada anterior, más abajo): nunca quedan claros los por qué de cada uno de estos ritos, así como del simbolismo del abrazo, quedándonos sólo la especulación. 



El abrazo de año nuevo es bastante particular y fuente de preguntas del tipo por y para qué. Puede ser sólo una muestra de fraternidad, y es posible que pueda ser sólo eso, más allá de que representa un esquema cultural complejo en sí mismo. Un abrazo puede significar unidad, perdón, cariño, respeto, amistad, etc. Dentro del esquema cultural que nos representa el año nuevo, el abrazo puede significar olvido: tanto de antiguas rencillas entre conocidos, así como de nuestra conciencia del otro, en tanto que nos perdemos a nosotros mismos creyendo que lo único que podemos hacer por él, es desearle un buen año, olvidando la humanidad de la solidaridad y de los lazos de comunidad. Pero al mismo tiempo, también puede significar recuerdo, en tanto que nos tomamos la molestia por unos segundos de abrazar al ‘otro’, recordando que, más allá de las diferencias, de las distancias, de lo impersonal que se ha vuelto nuestra sociedad y nuestras relaciones, aún somos capaces de mantener contacto mutuo entre nosotros.

Lo más probable, es que el abrazo represente esta dualidad: olvido/recuerdo es una forma de relacionarse y de iniciar un año nuevo cargado más de emociones que de proyectos concretos.

Y, el after-hour...

¿Qué viene después de una extensa jornada, que para muchos, comienza el día 30? Tras las celebraciones, las visitas a los vecinos y los abrazos; tras la fiesta, el baile y la bebida; tras las pocas horas de sueño y la resaca, viene una mañana tranquila, si se duerme hasta tarde, o ajetreada, si hay planes. Antiguamente, en los cerros de Talcahuano existía la tradición de ir en masa a las playas de la ladera occidental y nor-occidental de la península de Tumbes. Todavía hay algo de eso, pero debido a problemas específicos y generales, ya no se practica como antes. Esto sucede por estos lares; en el otro lado del mundo, lo dudo debido al invierno.

Para muchos, es sólo un pequeño descanso, el trabajo y el estudio sigue casi a continuación.

En resumen, el rito de término, renovación e iniciación del año nuevo, ya pasó. Comienza otro año, cargado de emociones más que de proyectos, mediado por el imaginario de la abundancia y por la representación de la dualidad olvido/recuerdo del abrazo.  

2012, te esperamos.